En verano, sol, playa… y algo más

Frente nuboso
Uno de los problemas que menos se suele evaluar a la hora de programar un viaje veraniego es el tiempo (meteorológico) que nos encontraremos a lo largo del camino. Se suele asociar la palabra “verano” a la idea de “buen tiempo”, así que a menudo se tiene la sensación de que la meteorología no es un factor por el que preocuparse al echarse a la carretera.

Pero la cosa no siempre es tan sencilla. Aunque el sol predomine durante estos meses, una repentina tormenta veraniega e incluso un episodio de granizo o pedrisco nos pueden pillar más desprevenidos que nunca. Con la llegada del calor es posible que hayamos arrinconado el chip de la conducción bajo el agua, por lo que la lluvia nos puede caer sobre un parabrisas algo empolvado y con las escobillas de los limpiaparabrisas en mal estado por aquello de que solemos esperar a la llegada del otoño para cambiarlas.

Y, sin entrar en imprevistos, siempre hay que tener claro que el sol es, en sí mismo, un factor de riesgo. Durante la conducción, la insolación puede hacer subir la temperatura del habitáculo hasta 15ºC por encima de la temperatura exterior, por lo que para evitar mareos, despistes o sueño resulta casi imprescindible el uso del aire acondicionado o el climatizador, siempre con moderación para evitar golpes de calor al salir del vehículo. Y si al llegar a nuestro destino podemos elegir un sitio a la sombra, tanto mejor para nuestro coche y para nosotros mismos cuando tengamos que ir a buscarlo.