En verano… ¡cuidado con el granizo!

Nubes veraniegas, preludio de lluvia

El verano es época de sol, playa, cervecitas a la sombra de un parasol… y también es el momento propicio para la formación inusitada de enormes nubarrones que de un momento a otro nos cambian el paisaje. Del calor más insoportable podemos pasar rápidamente a estar pasando frío. Ese desplome de la temperatura es un buen indicio de que algo malo puede sorprendernos, y ya sabemos que el factor sorpresa es un mal aliado de la conducción segura y, por tanto, un enemigo de la seguridad vial.

El granizo se precipita sin espera. Y en cuanto esa caída sucede comienzan los problemas para el conductor. Saber qué hacer en una situación como esta, más habitual de lo que parece, resulta vital si no queremos acabar, en el peor de los casos, protagonizando una salida de la vía que puede tener consecuencias más que graves.

Con las primeras gotas de lluvia se pierde buena parte de la adherencia, y más si el agua cae sobre un asfalto seco y polvoriento. En esa situación el agua se mezcla con la porquería del suelo y da lugar a lo que los libros llaman “una especie de barrillo que convierte el firme en sumamente deslizante”. Si no andamos con cuidado, moderando la velocidad y suavizando nuestras acciones a los mandos, correremos el riesgo de dar un patinazo en estos primeros momentos de lluvia.

Precisamente por lo peligroso de la situación, resulta primordial llegar a este escenario con los deberes hechos: nuestros neumáticos deben estar en buen estado, con una profundidad de dibujo suficiente para evacuar el agua del terreno y mantenidos siempre a la presión que recomiende el fabricante de nuestro vehículo. Además, las escobillas de los limpiaparabrisas deben ser capaces de secar bien nuestras lunas anterior y posterior, ya que las enormes gotas que caerán nos dificultarán enormemente la visión. Un chorro de lavaparabrisas de vez en cuando nos irá bien para conservar el parabrisas limpio, algo necesario mientras nos cae encima una buena manga de agua.

Temperaturas exterior e interior en un climatizador

Y si en medio de ese chaparrón tormentoso apreciamos en el termómetro del coche que la temperatura está bajando rápidamente, no lo dudemos ni un segundo: busquemos un lugar apropiado, si puede ser bajo cubierto, y paremos a descansar un rato.

¿Por qué? Muy sencillo. Por un lado, el granizo nos puede dejar el coche hecho polvo. Las consecuencias pueden ir desde unas ligeras abolladuras en la chapa hasta la rotura de cualquiera de los cristales del vehículo. En segundo lugar, los golpes propinados por la pedrea que nos va cayendo mientras intentamos llegar no se sabe muy bien adónde nos desconcentrarán de nuestra labor como conductores y nos pondrán bastante nerviosos. Pero la tercera razón es determinante: El granizo caído abundantemente sobre el suelo transforma la carretera en una blanca pista de hielo. En pleno verano, sí.

Una carretera cubierta con hielo es una garantía para perder el control del vehículo con una facilidad pasmosa. ¿Realmente vale la pena continuar con nuestro camino?

Foto | Josep Camós, Arkangel