En comidas y cenas de empresa, alcohol cero

Comida o cena de empresa

Se acerca la Navidad, y esta semana comenzarán a llenarse los restaurantes con reservas de grupos de personas que, dispuestas a olvidar por un día los avatares del trabajo, se entregarán al ritual anual de la comida o cena de empresa, esa celebración en la que saltan las corbatas y se dejan de lado las preocupaciones por la facturación para pasar un rato agradable en compañía de aquellos con quienes nos vemos las caras cada día de nuestra vida.

En muchas de esas comidas o cenas de empresa, de manera espontánea se llenarán las copas y se brindará por que el próximo año 2012 sea mejor que este, cosa no muy difícil aprovechando que la crisis ha dejado el listón muy bajo, se beberá y se disfrutará de la vida, que son cuatro días y la mitad los pasamos durmiendo. Claro que sí, como está mandado. La vida hay que vivirla.

El problema vendrá después, cuando al salir del restaurante uno tenga que ponerse al volante habiendo bebido alcohol. Y en ese momento ya será demasiado tarde para pedirle al cerebro que sea racional y elija no haber bebido, que elija optar por el transporte público o que elija designar a otro conductor. Para entonces, el cerebro responderá con un tan manido como incorrecto “yo controlo”.

Brindar con alcohol

Brindar con alcohol es un acto social, pero conducir con alcohol en sangre es en muchas ocasiones un acto delictivo. ¿A partir de cuándo se considera delito? Tanto da. La tasa máxima permitida con carácter general está en 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre, y esa tasa se puede alcanzar con relativa facilidad, o no, dependiendo de un montón de factores, como la edad, el género, el hábito de beber, la cantidad de alcohol ingerida, el ritmo de la ingesta, el tipo de bebida alcohólica y con qué se mezcle, el hecho de haber comido o no, si es de día o de noche, incluso se habla de predisposición genética para tolerar mejor o peor las bebidas alcohólicas.

Hay tantos factores que condicionan la tasa de alcoholemia, que no sé yo si vale la pena ir rozando el larguero a ver si uno da o no da positivo en un posible control preventivo de los 20.000 que durante las próximas fechas va a montar cada día la DGT en colaboración con los ayuntamientos. De hecho, incluso antes de dar positivo el alcohol tiene una serie de efectos sobre el organismo que resultan incompatibles con la conducción segura, como por ejemplo:

  • infravaloración de los efectos del alcohol y consiguiente exceso de confianza,
  • aumento de las imprudencias y las distracciones,
  • reducción del campo visual y peor percepción de distancias y velocidades,
  • mayor dificultad de coordinación psicofísica,
  • toma de decisiones errónea y tardía.

Realmente, una vez que el alcohol entra en el organismo, se absorbe en unos minutos y se distribuye por todo el cuerpo, y ese camino del alcohol se realiza de forma inexorable hasta que el hígado lo metaboliza en un proceso largo y laborioso. Por eso, y porque desde tasas muy bajas de alcoholemia nuestras capacidades para la conducción se pueden ver afectadas aunque a nosotros mismos no nos lo parezca (cosas de haber bebido), lo mejor es acabar de raíz con el problema. Un “no” a tiempo esquivando convenientemente la presión de grupo siempre será más recomendable que un lamento.

Foto | Charles Windlin, Heidi Dietrich

En Circula Seguro | ‘Si yo nunca lo hago, pero hoy…’, o reflexiones sobre la auto-justificación

  • escargot

    Me toca organizar los coches con los que se volverá la semana que viene de una comida de Navidad y ya me estoy poniendo manos a la obra. Pero cuesta, porque tengo que buscar a varias personas que estén dispuestas a no beber ese día. Una de esas personas es fácil de adivinar: yo. Pero el resto es complicado.

    Lo primero de todo es saber quién se queda, y ya de entrada hay gente que ni lo ha decidido. Pero si me dicen que sí viene el problema: ¿cómo les planteo la pregunta? Queda muy mal preguntarle a alguien si va a beber, parece que lo estés tomando por un alcohólico. Así que les pregunto si tendrían inconveniente en coger el coche y creo que ya me entenderán. Alguno ya me ha dicho que sin problemas, que por no beber no se va a morir.

    Por preguntar eso ya te parece que estés atentando contra un derecho inalienable de los demás, pero es que el compromiso de no beber de los que vayamos a conducir ese día me parece crucial.

    • Josep Camós

      Yo lo plantearía de la siguiente forma: “Oye, mira, estoy montando esto de los coches para la comida del día tal y necesito gente que no vaya a beber y se pueda hacer cargo del coche para evitar líos”. Algo así, directo pero sin entrar en más detalles. Y si uno se me pusiera en plan “¿pero qué te has creído?” le respondería con un “bueno, seguiré buscando, gracias igualmente” y a otra cosa, mariposa.

    • Antonio Serrano

      Mi empresa asume el coste de los taxis necesarios para los desplazamientos de la cena de Navidad.Si sois un grupo numeroso a lo mejor os compensa contratar un servicio de minibus. Es curioso que sea casi “obligatorio” salir de fiesta y beber, ¿verdad? Nunca he entendido que no beber alcohol fuese un sacrificio. Si te cuesta convencerles, puedes “ofrecerles” este video e invitarles a reflexionar.¡Suerte!

      http://www.youtube.com/watch?v=om9qq2d4DRk&feature=related

  • Antonio Serrano

    En estas fiestas siempre queremos transmitir nuestra imagen más amable, y trazando nuevos objetivos para el año nuevo. Pero el alcohol puede sabotear este objetivo alterando nuestra percepción de lo que sucede. En este video danés se pueden observar las diferencias de apreciación entre cómo ve la realidad una persona ebria y cómo una persona serena. Sólo hay que mover el ratón sobre la imagen.

    http://byturen.com/

    El video termina con una invitación a la utilización del transporte público para regresar a casa (campaña de promoción del transporte nocturno colectivo danés).

    En este caso los estragos del alcohol no se producen al volante de un vehículo, aunque todos sabemos que desgraciadamente eso sí ocurre a menudo en la realidad.

    Siempre recomiendo lo mismo: personalidad y carácter para decir no, para no dejarse llevar por el grupo. La bebida y la conducción son incompatibles.

  • escargot

    El comentario de uno de los primeros a los que pregunté me ha venido de maravilla: “si puede ser, prefiero que me lleven”. Así que eso es lo que he preguntado: “¿no te importa poner el coche después de la comida o prefieres que te lleven?” Y todo el mundo lo entiende a la perfección.

    Luego la decisión es mía, pero tengo a unos cuantos que me han dicho ya que no les importa conducir.

    El año pasado nadie cayó en hacer conducir a los que no bebíamos, que por lo menos estábamos dos. Nosotros tampoco lo pensamos hasta que no estuvimos allí. Pero los que tuvieron que conducir se aguantaron. Este año, que lo sé, sí que lo tendré en cuenta.