¿Cómo podríamos evitar los atascos, el estrés, el riesgo, el incidente…?

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Hace unas semanas nos contaba Morrillu cómo con una moto se tarda entre un 50% y un 70% menos de tiempo en llegar a un destino determinado, pongamos, por ejemplo, al trabajo. Eso es mucha cantidad de tiempo que nos ahorramos día a día, que nos permite madrugar menos, relajar el estrés y llegar al trabajo de mejor humor (si nos dejan).

Por otro lado, en las ciudades grandes se va a notar más la diferencia con los coches porque existen más atascos y hay muchos más coches por kilómetro de vía. Me viene a la cabeza Madrid porque es una ciudad a la que voy habitualmente, y aunque suelo evitar los atascos más “duros”, siempre es factible merendarse uno bien nutritivo alguna vez. ¿Por qué? Para mí las razones de los atascos son variadas, una especie de mix: prisa, falta de educación, mismo horario de salida-de-casa/entrada-en-el-trabajo…

Cuanto más tarde salgas, más fácil es que te des un golpe

Trabajar desde casa me permite ver con distancia lo que significa vivir en las afueras de una gran ciudad y tener por delante más de una hora y media de transporte público hasta la oficina. Es horroroso, te obliga a madrugar, te pone de mal humor porque a veces el transporte público es lo más incómodo del universo, y sientes que cada día quemas 3 horas de vida sin otro propósito que leer algo, curiosear por Internet o desearle desodorante al pasajero de tu derecha.

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La otra alternativa es sacar el coche (si lo tienes), disfrutar de tu espacio, comerte la lógica congestión que es el pan de cada día y llegar al trabajo. Allí debes aparcar y listo. Eso es precioso en teoría, siempre que salgas a la hora correcta, y esa hora es bien temprano. Por mi experiencia, la única forma que yo tenía y tengo de llegar a tiempo a donde sea que vaya de Madrid es, si quedé a las 10, programar mi viaje (unos 350 km) para llegar a las 9:15. Algunas de las veces llegaré a las 10 sin remedio, a pesar de todo.

Cuando vivía en la capital me desplazaba en Metro y aprendí que había una hora punta con hordas de pasajeros con prisa que me dejaba en el trabajo a la hora justa. Solo adelantando diez minutos la hora de coger el metro, me lo encontraba razonablemente vacío y sin peleas en el andén para coger un minúsculo hueco lleno de sobacos y cabello pidiendo a gritos champú del bueno.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Todos nos quejamos de que las empresas tienen “ese horario” que nos viene mal a todos y que sabemos que provoca los atascos. Poca gente pone remedio a eso. Nadie te dice que no llegues temprano a trabajar. Incluso, nadie te dice que no llegues antes a tu lugar de trabajo y encuentres sitio para aparcar fácilmente, te lo tomes con calma antes de subir y llegues lleno de buenas energías.

A lo mejor, el que nadie nos lo diga es la razón de que sigamos apostando por salir con el tiempo justo, siempre tarde, que luego tengamos prisa por llegar, que apuremos el carril hasta el final, pasando de la cola que se ha formado para cambiarse de carril y que forcemos a quien está bien colocado para dejarte pasar “porque no te quedaba más remedio” que meterte en ese momento. Llevamos mal rollo encima y lo transmitimos con nuestras actitudes de mala gente. Y tan concentrados estamos en llegar de una maldita vez, que no nos damos cuenta de lo que pasa alrededor. Y gracias a nosotros, mil curiosos provocarán otro atasco épico.

Es el ciclo del estrés y las circunvalaciones.

Fotos | srgpicker, César