El rasero con el que medir los actos

Peaton

Sabía yo que no podría acabar el año sin algún pequeño altercado verbal con alguien. Mira que ahora soy el tipo más tranquilo del mundo. Ya me pueden armar una pifia de las gordas, que ni por esas les voy a decir esta boca es mía. Pero la paciencia tiene un límite.

En una época en la que todo el mundo se encuentra excesivamente estresado (compras de navidad… ¿pero no estamos en crisis?), los atascos son la flor de cada día y los peatones suicidas rondan las calles, me tenía yo que encontrar con el holandés errante.

Os pongo en situación: calle de dos carriles con el mismo sentido. Me encuentro situado en el de más a la izquierda con una furgoneta a mi derecha invadiendo levemente el paso de peatones del semáforo en el que me encuentro detenido. El semáforo se pone en verde para mí y cuando me pongo a salir, aparece un peatón de la derecha, con toda su parsimonia, por lo que me veo obligado a frenar y comprobar si el doble mortal que acaba de hacer mi corazón derivará en un infarto o no.

Gesticulo desde dentro del coche al peatón, llevando mi dedo índice a la cabeza. ¿Estamos locos o qué? Decían mis labios, pero sin emitir sonido alguno. Y entonces, el mongolo en cuestión me recrimina si es que tengo prisa y no puedo esperar diez segundos más.

Lógicamente, me quedé de piedra. Sólo atiné a decir que íbamos a hacer un pequeño juego. En el próximo semáforo, debía esperar a tener la prioridad de paso para que, tres o cuatro segundos después, llegase yo con mi coche y me saltase la luz roja del semáforo. Total, él igual no tenía tanta prisa y podía esperar esos cuatro segundos y así permitirme cometer la infracción. Arranqué y continué mi camino, pero dándole vueltas a lo que acababa de pasarme y que todavía no lo he digerido del todo.

Vamos a ver, no me importa esperar diez, o incluso cien segundos para que una persona mayor, que cruce con dificultad, llegue sana y salva al otro lado de la calle si se ha visto sorprendida por un semáforo con un tiempo de dudosa duración. Me bajaría incluso a ayudarla. Pero todos estos listos, que se ponen a cruzar con el peatón parpadeando, y no corriendo sino con toda su tranquilidad, como desafiando a los toros en los San Fermines, eso si que no. Por ahí no paso. Por mucho que vayas al gimnasio, mi coche está más cachas, y tú sales perdiendo.

Lo feliz que me he quedado y lo agustito que me tomaré hoy las uvas… ¡Feliz Año nuevo a todos!

Foto | Flickr

  • Igualmente. Feliz año nuevo.

  • pues si morrillu asi es el genero humano de raro o grotesco..ya dije en la entrada de peatones en riesgo que ancianos corren el riesgo de atropello por semaforos demasiado perversos…pero lo tuyo es de targeta roja
    feliz 2009 y felices 365 dias viales
    pep