El mareo es el peor acompañante de los niños en el coche

mareo ninos coche

El coche y el mareo: fieles aliados desde tiempos inmemoriales. Y puede que los niños sean quienes más sufran estos episodios durante los largos viajes que se producen durante estos periodos vacacionales. Los eternos ratos de espera sin entretenimiento, sin espacio de movimiento y sin poder mirar muy a lo lejos, junto a las inercias y movimientos en curva suelen provocar náuseas y síntomas de mareo en los más pequeños.

¿Es que antes teníamos más aguante?

La cinetosis es un trastorno del equilibrio causado por el movimiento. Así es como se conoce técnicamente al mareo, que no es más que un desequilibrio que afecta a la vista, músculo y oído, alterando los sentidos y enviando señales confusas al cerebro, donde se origina finalmente. Al subir al coche, el líquido que tenemos en el oído interno se mueve, mientras, las piernas se mantienen quietas y la vista difumina las distancias según se esté mirando al interior (inmóvil) o al exterior (en movimiento). Una combinación, sin lugar a dudas, mareante.

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Pero los viajes de hace unos años sí que podían ser un verdadero suplicio. La carretera secundaria era protagonista en nuestros viajes de verano, los vehículos no estaban tan preparados para el confort de sus pasajeros y los elementos de suspensión y acondicionamiento del aire resultaban más artesanales. En cualquier caso, parecía que, al ser un factor innato al hecho de conducir, el mareo formaba parte de nuestros trayectos habituales y estábamos acostumbrados.

Hoy en día parece que la tecnología automovilística se ha orientado tanto a la seguridad como a la comodidad en el diseño del habitáculo, haciendo de nuestros viajes más cómodos y estables. La atmósfera en el interior resulta más agradable, menos ruidosa y menos calurosa. Además, la infraestructura vial ha mejorado enormemente, por lo que circular por autovía durante cientos de kilómetros a través de curvas largas y amables nos es más familiar y fácil que respecto a hace no tantos años. ¿Es el mareo menos frecuente entonces? En comparación, sin duda que sí y, por ello, cuando nos mareamos lo sufrimos más.

Los ‘peques’, principales afectados

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Independientemente de lo largo o corto que sea el trayecto en coche, muchos niños tienden a marearse a los pocos minutos de poner en marcha el vehículo. Sentir la pérdida de equilibrio, el vértigo,  y la alteración de vacío en el estómago provoca las ganas de vomitar. Y los pequeños, sobre todo hasta los doce años, son más susceptibles que los adultos en estas situaciones. Los menores de dos años, por su parte, sufren estos episodios de manera menos frecuente, pues su Sistema Nervioso Central aún es muy inmaduro.

Aunque hay personas que siguen sufriendo mareos a lo largo de su vida, lo más habitual es que la sensibilidad al mareo se vaya reduciendo durante la adolescencia progresivamente. En cualquier caso, factores como el miedo o la ansiedad pueden actuar junto con el movimiento para propiciar un episodio de cinetosis. Un niño propenso a marearse puede comenzar a sufrir síntomas más rápido que otro por el propio pánico a comenzar a marearse, una sugestión tan grande que puede convertir cada viaje en coche en una ruina. Transmitir calma y tranquilidad a los más pequeños va a ser uno de los combates que nos tocará librar contra el mareo de nuestros hijos.

Evitarlo es posible: apuntemos estas claves

Por supuesto que sí, podemos evitarlo. Claro que no existe ninguna garantía de que sea al 100%, pero hay maneras de prevenir a nuestros pequeños y acostumbrarles poco a poco a las sensaciones en el coche, para que con el tiempo, viajen con total comodidad.

Ventila el coche con frecuencia: el aire exterior no sólo nos da una sensación de frescor que nos calma, sino que también ventila el aire viciado del ambiente interior. Los ambientadores con olores muy fuertes deben desconectarse pues, en muchas ocasiones, los olores son la principal causa del mareo de un niño. Con aire renovado y una temperatura interior adecuada y, si es posible, unas cortinillas en las ventanillas traseras que nos ayuden a reducir el calor del sol, el viaje será mucho más agradable.

Evita fumar en el habitáculo: si eres conductor por una cuestión de seguridad, y si eres pasajero por consideración con el resto de miembros. Más aún con los niños.

Tu conducción, principal causa: conducir con suavidad, evitando dar volantazos, acelerones y frenazos fuertes ayudará a dar continuidad al movimiento, sin cambios bruscos, que faciliten la adaptación al coche.

La noche es un buen aliado: los niños se marean menos cuando van dormidos, pues no se enteran tanto de la sensación de movimiento y se dejan fluir con la conducción.

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Un viaje entretenido es un viaje sin mareos: mantenerles distraídos durante el trayecto con alguna canción, adivinanza o juego que no implique lectura es una manera de olvidarse de las náuseas por un rato. Tomar caramelos o golosinas es una manera de aliviar las ganas de vomitar.

Una comida ligera antes de emprender el viaje: las comidas, completas, pero ligeras. Un bajada de azúcar puede producirle los mismo síntomas que el mareo. Por ello, hay que evitar las digestiones pesadas en coche, porque aumentan la probabilidad de un mareo, y por supuesto, aumenta el riesgo del vómito. Lo más recomendable para que no lleven el estómago vacío son los frutos secos y los hidratos de carbono. Las galletas también son una buena solución para que puedan picotear cuando les entre el hambre.

Paradas cada dos horas: el niño necesita correr, estirar las piernas, oxigenarse y descansar del viaje. Detenernos en alguna estación de servicio durante un breve tiempo para reponer fuerzas y tomar contacto con el suelo es importante

Hidratación constante: al salir de viaje resulta imprescindible tanto para niños como adultos. Viajar con sed influye negativamente en el confort de todos, así que llevar una botella con agua fresca a bordo es fundamental.

El niño también puede controlarlo: es conveniente fomentar que los niños viajen mirando al frente (cuando pueden hacerlo, es decir, depende de la edad de los pequeños) y que eviten los movimientos erráticos (mirar hacia abajo, cambiar de postura, etc.). Si mantiene la cabeza quieta y se distrae con la vista puesta en un punto lejano exterior al vehículo, evitará estar obligado mirando al interior de este. Jugar con él a mirar las nubes o buscar algo en el paisaje es una alternativa a los videojuegos, tablets o lecturas que provocan náuseas.

Un viaje tranquilo y sin mareos es, en conclusión, en viaje con ambiente fresco, sin digestiones pesadas, con entretenimiento, buena hidratación y en el que se realicen todas las paradas que sean necesarias para descansar y desperezarse. Con todo ello podemos contribuir a un viaje sin mareos inesperados. Y nuestros niños nos lo agradecerán.

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