El GPS sensible

Sobre dosis de GPS

Sin comerlo ni beberlo, estamos ya inmersos en la segunda década del siglo XXI. Y aunque, si comparamos con las expectativas que nos había creado la ciencia ficción decepciona un poco, la verdad es que a la chita callando la tecnología se ha inmiscuido en nuestras vidas. Pero, en ocasiones, la convivencia con ella no es tan idílica como creíamos.

En el caso de los navegadores GPS, la cosa no es diferente. Hubiéramos flipado si hace quince años nos hubieran explicado que dispondríamos de un aparato del tamaño de un monedero que no sólo tendría un mapa actualizado de las carreteras, capaz de saber en todo momento dónde estamos, sino que además sería capaz de calcular la mejor ruta a nuestro destino, y hasta de explicarnos por voz cómo llegar.

Pero, como decíamos, a veces poner esa clase de tecnología junto a seres humanos nacidos en otro siglo (como todos los conductores de hoy en día) produce una especie de colisión generacional. Por ejemplo, en muchas ocasiones me he visto en la tesitura de ir con el coche lleno de gente a lugares que no conocía, con la ayuda inestimable del GPS.

Lo cierto es que el aparatito se convertía en el centro de atención. Cada vez que decía esta boca es mía este sintetizador de voz es mío, se generaban todo tipo de reacciones en el vehículo. Desde risas, parabienes y algún que otro ataque de ira, del estilo «¡qué pesada la chica esta!».

La situación era más exagerada en ocasiones en que, ya sea por descuido o a posta (por ejemplo, para recoger a alguien) nos desviamos de la ruta marcada. Cada vez que el aparatito decía lo de «recalculando», aquello se convertía en un verdadero circo, con elefantes, payasos y tigres, sólo que sin domador.

Yo, que había tomado la precaución de aprender a entender mi navegador antes de usarlo en situación real, no daba más importancia a la voz electrónica que, por más bien intencionada que estuviera, saltaba en un momento en que no era necesario. Pero al ver las respuestas de mis acompañantes, realmente me llegué a alegrar de que no fueran ellos quienes llevaran el volante.

GPS en Manhattan

Todo esto es causado porque el comportamiento del navegador depende a una serie de datos externos que recibe, cómo el destino introducido por el usuario, y las coordenadas de la posición actual. Pero no tiene en cuenta, para nada, la situación de los seres humanos. Como explica el profesor Peter Robinson, de la universidad de Cambridge

El problema es que los ordenadores no reaccionan a mis sentimientos, si estoy alegre o enfadados. Ellos simplemente me ignoran.

Por este motivo, tras un berrinche con su propio navegador, el profesor Robinson está trabajando en un sistema capaz de detectar el estado de ánimo del conductor, a través de su expresión facial y el tono de su voz.

Los ordenadores son realmente buenos entendiendo lo que alguien escribe o dice. Pero no es suficiente con que entiendan lo que digo, necesitan entender cómo lo digo.

De esta forma, conociendo el estado del conductor, el GPS puede actuar en consecuencia. Por ejemplo, evitar repetir información si detecta que una equivocación anterior ha causado irritación. Incluso, de esta forma, puede mitigar la posible distracción que la vocecita puede suponer en algunas circunstancias.

El sistema es capaz de detectar el estado de ánimo del conductor con éxito en un 70% de las veces. Lo cual, según el propio Robinson, se aproxima al porcentaje de éxito de la mayoría de humanos. De hecho, ya quisieran la mayor parte de esposas que sus maridos se aproximaran a tal porcentaje…

Lo que menos comprendo de todo esto, seguramente debido a que los medios no lo explican demasiado bien, es que el prototipo actual, el sistema envía los datos sobre el estado del conductor a una marioneta con rostro humano que actúa a modo de copiloto. En una situación donde lo esencial es reducir el número de distracciones al mínimo, tener un macario a tu lado no parece la mejor de las ideas.

Monigotes al margen, no cabe duda que ahora que el futuro está cada vez más en nuestras vidas, introducir la empatía en las interacciones entre humanos y ordenadores es, como quien dice, el futuro del futuro.

Vía | Dailymail
Fotos | mroach

  • busgosu

    A ver si lo sacan pronto al mercado!! Este fin de semana estuve en Madrid, y entre que me sentía como Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí”, la caótica jungla que es el tráfico de Madrid, y la vocecita repelente de mi GPS junto con sus “claras” indicaciones…más de una vez me apeteció tirarlo por la ventanilla. Al final, acabé “navegando a ciegas”