Quitarse de encima el estrés a la hora de conducir

Estrés al conducir

El estrés es un estado del organismo que se basa en una petición extraordinaria de capacidades físicas o psicológicas para desarrollar una actividad de forma puntualmente más eficaz. En cualquier reportaje de esos que todo el mundo ve a la hora de la siesta observamos el estrés en el animal que aguarda para saltar sobre su presa. En esos momentos, el bicho en cuestión se carga de estrés para lograr una salida inmediata que le permita luchar para alimentarse. Luego, mientras se da el banquete, el estrés queda bien lejos, guardado para la próxima ocasión que le sea necesario.

Visto así, el estrés en sí no es algo malo, sino que forma parte de la Naturaleza. El ser humano funciona de forma análoga: nos estresamos para conseguir un mayor rendimiento. Pero este mayor rendimiento tiene una consecuencia lógica: la fatiga. Por eso, cuando el estrés es puntual no hay mayor inconveniente. Es el estrés continuado el que sí constituye una fuente de problemas. Y también cuando se combina con una actividad que requiere toda la concentración, como es el manejo de un vehículo.

Pero para no liarnos, en este texto consideraremos como “estrés” el estrés continuado, el malo, el que resulta incompatible con la conducción. Veremos qué lo causa, cómo incide en el manejo de vehículos y qué se puede hacer con él.

Como causas de estrés externas a la persona tenemos puntos tan dispares como la temperatura, la humedad ambiental, la existencia de electricidad estática, el ritmo del tráfico, el ruido… Las causas internas tienen su base en la tensión emocional y en la incapacidad de desconectar mentalmente de las preocupaciones. Esto lleva a una serie de consecuencias que hay que tener bien controladas cuando nos ponemos al volante.

Una de las consecuencias fisiológicas del estrés es la midriasis. Los ojos se adaptan para captar más luz, por lo que las pupilas se dilatan y por ese motivo, la visión general se ve afectada ya que la luz ambiental molesta mucho más y cuesta más enfocar los objetos a corta y media distancia. No parece el mejor estado para ponerse a los mandos de un vehículo, ¿verdad?

El estrés cansa. Al demandar continuamente que el cuerpo esté trabajando por encima de sus posibilidades, nos quedamos sin recursos. La fatiga y el cansancio aumentan. Y el cerebro, que de tonto no tiene nada, intentará preservar nuestra salud desconectando el nivel de conciencia y sumiéndonos en un estado de descanso para recuperar fuerzas. Dicho en castellano, nos quedaremos dormidos. Lo cual no está mal si nos pilla en el sofá de casa, pero sí que está mal si nos coge en medio de la carretera.

La falta de apetito caracteriza también al estresado. Y el extremo opuesto, el de comer por comer, también. Estos desórdenes en la alimentación, a la hora de circular con un vehículo, son como gasolina para el fuego: sin una dieta saludable no es posible una conducción segura.

El miedo es otra consecuencia que podemos encontrar en una situación de estrés. Sigamos la cadena: hemos quemado tantos recursos que nos encontramos mal. Estamos cansados, nos entra dolor de cabeza, dolores articulares y musculares… No, no estamos bien. Y además no nos alimentamos como es debido para reponer fuerzas. Por otra parte, la situación que nos estresa sigue siendo la que es, así que nosotros, que no somos tontos, nos vemos en inferioridad de condiciones para superar los problemas. Ya tenemos ahí el miedo. Y ese miedo lleva al nerviosismo, a la irritabilidad y a la agresividad, estadios todos ellos incompatibles con la conducción segura.

Lógicamente se detecta una falta de atención en las personas que sufren de estrés. La cavilación se convierte en el ejercicio favorito del estresado, y eso hace que no esté por lo que tiene que estar cuando se sienta al volante. Las distracciones y los olvidos aumentan. Crece también el número de ocasiones en las que el conductor estresado se da cuenta de que se ha equivocado de camino y, como va nervioso, intenta rehacer su ruta de la manera más rápida posible aunque no sea la forma más segura de proceder.

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Conductor preparado

Recomendaciones

Como en todos los casos en que el cuerpo no nos responde adecuadamente, resulta indispensable hacer esa parada en boxes que nos pide el organismo. El paso por la consulta del médico es de vital importancia tanto para determinar las causas del estrés como para buscar una solución al problema.

Mientras tanto…

No hay que caer ni en el consumo de drogas ni en el uso de alcohol mientras se maneja un vehículo. Y es necesario vigilar muy mucho con la toma de medicamentos que puedan afectar a la conducción. En una situación de estrés, cuando no estamos al 100%, sólo nos falta tomar sustancias que nos mermen todavía más las capacidades. No hay que olvidar que cuando sufrimos estrés nuestra percepción de las cosas puede no ajustarse a la realidad, así que quizá un traguito o una pastilla que nos relaje nos parecerá un juego de niños, cuando realmente no lo es.

La práctica del deporte puede ser una buena terapia contra el estrés. Una actividad cualquiera que nos motive nos alejará mentalmente de nuestra fuente de preocupaciones, por lo que nuestro cuerpo dispondrá de un rato para recuperarse.

Esta es de Perogrullo. En el terreno de la conducción, evitar atascos, en la medida de lo posible, es una buena forma de alejar la amenaza del estrés. Pero como eso no siempre es posible, siempre debemos pensar que por mucho atasco que haya, vamos a llegar igual. Quizá cinco minutos tarde, pero ese retraso existirá igualmente con o sin nuestra preocupación, así que no vale la pena que nos pongamos nerviosos.

De hecho, por encima de todo resulta necesario un cambio en la forma de tomarse las cosas. Cuando una situación no tiene remedio es inútil preocuparse por ella. Y cuando tiene remedio, lo peor que podemos hacer hasta que ese remedio funcione es estresarnos, ya que al preocuparnos excesivamente lo único que hacemos es cansarnos física y mentalmente y perdemos recursos para hacer frente al problema. En lo que respecta a la conducción, conviene pensar que si nos tranquilizamos llegaremos a nuestro destino, mientras que si nos dejamos llevar por el nerviosismo quizá no lleguemos de una sola pieza.

  • Lo que has dicho es una frase que uso desde hace un tiempo como firma en algún que otro foro:

    “Si un problema tiene solución, ¿por qué te preocupas?
    Y si no tiene, ¿por qué preocuparse?”