El estado de las vías y la climatología

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La pasada semana la lluvia fue la protagonista en todo el territorio nacional. Una fuerte borrasca surcó de lado a lado la península, dejándonos agua allá en donde nos encontráramos. Al volante, fui protagonista de una situación curiosa y hasta cierto punto preocupante. El agua cubría la carretera de forma desigual. En unas zonas el asfalto era incapaz de drenar el abundante agua, mientras que en otras zonas una lámina de agua cubría por completo los dos carriles de la vía convirtiendo la conducción en algo, hasta cierto punto, peligroso. Hora de levantar un poco el pie del acelerador.

En estas situaciones la edad del asfalto, la existencia de un peralte, una pendiente o un pequeño “valle”, si existen, tienen un valor preponderante. Pero en esta ocasión vamos a eliminar a los últimos por ser los menos habituales y porque en unos casos ayudar a eliminar el agua y en otros a realizar la acción totalmente contraria. Esto nos deja que la degradación de la capa de asfalto que cubre la carretera se vuelve en algo fundamental.

Un asfalto nuevo permite que el exceso de agua se drene y desaparezca, en la medida de lo posible y siempre que la lluvia no sea torrencial. Por contra, un asfalto viejo se vuelve impermeable. El paso de miles de vehículos hace que el material se compacte y se vuelva como el mejor de los chubasqueros.

Si circulamos por el primer tipo, dentro de la precaución implicita de la conducción en lluvia, la sensación suele implicar seguridad. Un asfalto mojado para unos neumáticos en perfecto estado no deben conllevar mayor peligro. Pero si circulamos por un asfalto “veterano” las cosas cambían. Las sensaciones pasan a ser distintas. El neumático se puede volver incapaz de drenar con suficiencia todo el agua que se le viene encima. Resultado: riesgo de sufrir un aquaplaning de libro.

Lo ideal sería circular siempre por el mismo tipo, pero eso no siempre se puede asegurar. Los cambios en el tipo de asfaltado en nuestras carreteras son una constante, por lo que debemos tener mucho cuidado con ellos. De locos sería asfaltar de golpe los 600 kilómetros que unen Madrid de Barcelona, y aún así no nos aseguraríamos la homogeneidad del asfalto. Aunque más de locos sería lograr que las comunidades implicadas se pusieran de acuerdo para hacerlo al mismo tiempo.

Aunque no sean reglas exactas, algunas pistas nos pueden alertar si vamos conduciendo y prestamos un poco de atención. Un cambio de Comunidad Autónoma implica, en el 90% de los casos un cambio en la edad-calidad-estado del asfaltado. Por otro lado el color del asfalto también será nuestro aliado. Cuanto más jóven, el asfalto es más negro, por lo que debemos tener cuidado en aquellas zonas en las que el color tiende a ser un gris claro. Y seguro que se me olvidan alguna más, así que os invito a aportar vuestro grano de arena.

Foto | Flickr

  • Otra manera de ver un asfalto “antiguo” es porque refleja mucho más y se pierden de vista totalmente las señales horizontales.

  • y si a eso añadimos la pesima señalizacion de los carriles con lineas de pintura blanca indistinguibles en dias de lluvia ??
    os digo una cosa : la señalizacion horizontal amarilla es mas visible para el ojo humano que la balnca cuando hay conflicto visual
    Yo mismo hace poco circulando por lA ap7 en el tramo cerca de El Vendrell (menudo tramo) se me hacia dificil adelantar a camiones la maldita señalizacion horizontal blanca y ademas tramos en obras que no se hasta que punto dberian cobrarte por ir a 80 kmh y bajo esas condiciones
    soy de los que se quejan poco del factor via como causante de siniestros pero ese dia lo vi negro…negro