El efecto mirón es algo imposible de erradicar… ¿verdad?

efecto miron
Cada cierto tiempo tengo que reflexionar un poco sobre el efecto mirón, esa irresistible fuerza contra la que no se puede luchar que nos obliga a mirar hacia el lugar de un accidente, tratando de averiguar “algo”, de ver “algo”, de intuir una razón, un porqué en el amasijo de hierros, en el coche empotrado, en la moto tendida en el asfalto. En Circula Seguro hablamos otras veces del efecto mirón, y seguimos sin entender muy bien qué nos impulsa a querer ver algo que, seguro, nos vamos a arrepentir de haber presenciado.

Aparte de eso, está muy claro que el efecto mirón cuando pasamos por la escena de un accidente es una fuente de accidentes, a su vez. Y probablemente si nos accidentamos por mirones, otra persona quiera ver qué nos ha sucedido y provoque otro accidente. Un accidente que provoca otros accidentes en cadena, sin relación temporal alguna. ¿No estamos locos?

De todos modos el efecto mirón no está solamente relacionado con los accidentes. Basta con que haya algo extraño a nuestro paso para que, de forma consciente o inconsciente, echemos un vistazo. “¿Qué pasará ahí?”, nos preguntamos. Y entonces viene el despiste. Pensando sobre qué podría escribir hoy me vino a la mente un vídeo colgado en el canal de YouTube de la DGT que refleja, precisamente, un caso de “mirones” que termina con mucha chapa abollada.

Somos unos fisgones y unos entrometidos natos

El vídeo muestra una fecha del año 2002, es decir, es más viejo que la tos, pero ilustra perfectamente el pan nuestro de cada día en grandes ciudades y núcleos urbanos. Y por supuesto, hace que me plantee, ¿por qué somos tan voyeur? ¿Qué nos impulsa a querer saber de las miserias de otra persona? La respuesta, descorazona. Si nos fijamos en las parrillas televisivas, en el morbo de los telediarios, que se pelean por enseñarnos la mínima gota de sangre, o la mínima calamidad posible; si nos fijamos en las audiencias de los programas de cotilleo; si nos fijamos en eso, lo entendemos todo.

Yo creo que es posible erradicar esta mala costumbre. Simplemente hemos de pensar que, si no vamos a ayudar porque ya haya efectivos (porque, recordemos, estamos obligados a prestar auxilio), procuremos no molestar a los demás conductores. Hagamos mutis por el foro enseguida, porque no vamos a hacer nada útil ahí. El simple hecho de reducir la velocidad para fisgonear, para saciar nuestra egoísta curiosidad, va a provocar de por sí, un atasco. Y en el peor de los casos, chapa abollada.

Evolucionemos un poco, y ante un accidente, colisión o cosa extraña en la carretera, hagamos una de dos cosas: parar para ayudar y socorrer, o salir lo antes posible, molestando lo mínimo.

Foto | JJMErelo