El día que abres los ojos a los demás

Curso conducción

Soy autodidacta por naturaleza pero a la vez, dispuesto a ser enseñado los demás siempre que puedo ya que soy también consciente de mis limitaciones. Pero para muchas cosas no tuve más remedio que aprender por mi mismo ya que naciendo a finales de los años 70, fui precursor de muchos movimientos y actos cotidianos que los chicos de ahora ven como normales.

De ahí que antes de subirme a una moto me caí muchas veces de la bicicleta. Y arrastrando a mi padre por colinas y caminos de cabras, uno fue observando los principios de la física de las dos ruedas. No los entendía pero sabía que si lo hacía así o asá el asunto funcionaba.

Luego tocó dar el paso a las motos, tras foguearme tres meses como repartidor en una empresa de pizzas a domicilio. ¿Repartidor en ciudad con una moto? De ahí que cuando empecé a escribir aquí, pregunté a los responsables si estaban seguros de que era mi perfil el que buscaban. Pero sobreviví los tres meses y un par de años después tenía mi primera moto.

Por suerte (no, por suerte no, por ya de aquella circular con cabeza), sólo dos tachones en mi expediente besando el suelo. Bueno tres si contamos el coche (de autoescuela y con la monitora al volante para más inri), me embistió en una rotonda tras saltarse el ceda el paso.

Tras aquello, la moto grande. Y otra vez a recorrer un camino desconocido. Más pruebas, más autoaprendizaje, algún error sin consecuencias y mucha cabeza. Y se popularizaron los foros, internet, los amigos que comparten aficiones y todo se convirtió en algo más fácil al principio de este siglo. Pero no mucho más fácil.

Curso conducción

Luego llego otra moto, y otra, y la primera del circuito. Muchas, muchísimas caídas buscando mis límites y los de la moto. Así uno aprende a reaccionar correctamente, a no asustarse y saber que hacer, a que parezca que el mundo pasa más despacio y a alejarse más de los límites.

Y por fin algún curso de conducción en el que, y tras más de 100.000 a mis espaldas, aprendí muchas cosas y recordé otras. Y pensaba: ojalá hubiese sabido yo esto antes, con lo difícil que fue entenderlo por uno mismo… Pero sigues aprendiendo, y disfrutando, y también ayudando a los que empiezan. Te sientas al otro lado, y eres tu el que le das consejos a la gente. Esos consejos que en muchos casos nadie te contó pero con los que todo es más fácil.

A las 10 de la mañana te presentas como su monitor, pasan las horas y ves que lo que les contabas en el aula y te decían que es imposible, lo están haciendo. Y algunos tienen una experiencia sobre las motos casi testimonial, pero ahora hacen cabriolas sobre la moto que, vistas desde fuera, harían sorprenderse al más pintado.

Y así transcurren las horas, los alumnos ganan confianza y ya no es la moto la que los lleva a ellos. Das por terminado el día y les preguntas. Están encantados. Y lo mejor es cuando hablas con ellos una o dos semanas después. Cuando han aplicado en su moto y en la carretera lo aprendido en la escuela. Y te dicen que ahora sí, que ahora sí disfrutan en moto. Que se siente más seguros, con más confianza, pero a la vez con más respeto. Y que gracias.

Y todo ello gracias a un curso de conducción, a unas horas. A un tiempo y dinero bien invertido. Porque nadie nace sabiendo y nadie es capaz de aprender todo por uno mismo. Y porque siempre hay alguien que sabe más que tu y que está dispuesto a ayudarte.

Es por ello que si puedes, ni lo dudes. Tanto sobre dos o cuatro ruedas acude a una escuela de formación. Es la mejor forma de aprender y circular más seguro en el día a día. Te lo digo yo, que lo he vivido desde los dos lados.

Más información | Curso de técnica para motocicletas con la Escuela Motociclista