El continuo seguridad-riesgo durante la conducción

Volkswagen Beetle. Ying yang

Últimamente la Seguridad Vial está pasando a ser fuente de uno de los debates más acalorados que se recuerdan en este país, por encima de la clásica discusión política de taberna o incluso superando a las más estridentes trifulcas futboleras. En estas disquisiciones sobre los males de la carretera viene siendo habitual que las personas se vayan posicionando. Y resulta curioso ver lo extremas que llegan a ser algunas posiciones. Si no fuera una cosa seria, daría para un chiste.

Mientras unos defienden la gestión de la Administración con uñas y dientes por tontos que parezcan sus planteamientos, otros no dudan en insultar al gestor público y a toda su familia con el pretexto de defender su libertad de elección en cada momento. Realmente es un debate fuertemente bipolarizado que acostumbra a ser maniqueo.

Al final, resulta que ni unos ni otros tienen la Verdad en sus manos. Afortunadamente.

La vida bien llevada es una cuestión de equilibrio. La conducción no es más que una parcela de la vida, así que necesita igualmente de ese equilibrio para ser una actividad bien llevada. Y la actitud hacia la conducción es un pilar fundamental de la actividad de conducir, por lo que una actitud adecuada debe tener en cuenta el concepto del equilibrio.

Continuo seguridad-riesgo

Cuando conducimos, cada una de nuestras decisiones, cada una de nuestras actitudes que las condicionan, se mueven en un continuo que va de la máxima seguridad hasta el máximo riesgo. Tendremos máxima seguridad cuando para no tener una colisión ni siquiera salimos a la calle, y obtendremos la máxima eficacia cuando conduzcamos como en una persecución de película, corriendo el riesgo de llevarnos lo que sea por delante con tal de llegar a tiempo.

Pero resulta evidente que la máxima seguridad no nos lleva a ninguna parte. Y eso sin contar que aun sin salir a la puerta de la calle se nos puede caer el techo en la cabeza y acabar con nosotros. De la misma forma, buscar la máxima eficacia en la conducción puede suponer que nunca lleguemos a nuestro destino. Es cuestión de huir de posiciones extremas.

La opción más lógica es buscar el equilibrio entre seguridad y riesgo, entre seguridad y eficacia en la conducción. Dicho de otra forma, el necesario equilibrio para una conducción segura y eficaz viene de sacar el máximo partido de nuestra movilidad sin crear situaciones de riesgo a cambio. La idea es garantizar que nos movemos con agilidad sin perder nunca la seguridad.

Evidentemente, como somos personas nuestra opción es variable dependiendo de múltiples factores, algunos externos a nosotros y otros internos. Un día nos dará por primar la seguridad por encima de la eficacia, mientras que otros preferiremos correr algún que otro riesgo con tal de llegar antes a nuestro punto de destino. La cuestión es no decantar jamás la balanza, buscar el equilibrio.

Foto | Diariomotor