El CISEV se cierra en Argentina con un acercamiento a la política de la DGT en las carreteras españolas

Policía de Tránsito porteña

Durante la semana pasada, del 20 al 22 de octubre, se celebró en Argentina el II Congreso Ibero-Americano de Seguridad Vial, el llamado CISEV, que sirvió para establecer medidas de actuación conjuntas a nivel internacional por la reducción de la siniestralidad vial, que sólo en el país anfitrión acaba con 8.000 vidas al año, y para dar plena validez a la política emprendida por la DGT en España, modelo hacia el que miran los responsables de seguridad vial americanos.

Latinoamérica padece una siniestralidad vial que resulta entre 10 y 20 veces superior a la del mundo industrializado, siendo las pérdidas económicas derivadas de esta siniestralidad un freno para el desarrollo económico de la zona y acrecentando la fractura social en las personas que la padecen. Por eso, este Congreso supone una oportunidad de oro para reconducir la situación cuanto antes en aquella vasta región.

Organizado por la Agencia Nacional de Seguridad Vial de Argentina, el valor que tiene el CISEV estriba en que combina la exposición y discusión sobre grandes medidas, encarnadas por los más altos cargos públicos, con la explicación de posibles formas concretas de actuar en pequeños núcleos, como fue el ejemplo de la conferencia impartida por el director general del Instituto de Seguridad Vial de Fundación Mapfre para promover la concienciación vial en el mundo de la empresa.

América se está moviendo, y eso es bueno. Hay un runrún constante sobre la necesidad de cambiar la realidad actual, y eso se materializó en la abrumadora asistencia al evento, que congregó a más de 1.300 personas en tres días. Más de 1.300 personas que día a día están clamando por la mejora de las condiciones viales en sus países de origen.

Y como están dispuestos al cambio, los asistentes tomaron buena nota de todos los puntos que les comentaron sus colegas españoles, unos puntos que se resumen en las siguientes líneas:

* Tener claro que la siniestralidad vial es evitable adoptando medidas preventivas.
* Contar con un entramado legal que contribuya a mejorar la seguridad vial.
* Velar por el estricto cumplimiento de las leyes.

Es decir, las líneas de actuación que está llevando a cabo la DGT en las vías españolas y gracias a lo cual, dicen, está disminuyendo la siniestralidad vial en nuestro país.

Queda ahora por saber si en Latinoamérica es posible darle cuerda a la maquinaria de la seguridad vial y que está siga en movimiento por sus propios medios. A priori, uno tiene una doble sensación con un regusto ciertamente agridulce: por un lado existe el firme compromiso de hacer las cosas de otra manera, pero por el otro se vislumbra desde este lado del charco una cierta rémora a dejarse llevar por unas inercias que no son nada compatibles con la necesidad de cambiar urgentemente de forma de hacer y, antes que eso, de pensar.

Los responsables de tránsito americanos tienen ahora por delante la dura tarea no ya de poner en marcha duras medidas, que también, sino de involucrar a la población en todas ellas. De que esos responsables sean buenos comunicadores dependerá en gran medida que aumente la conciencia social respecto al problema vial en América Latina. Y si, después de todo, logran que los ciudadanos de a pie hagan suyas esas medidas preventivas que sirven para disminuir el sufrimiento al volante, entonces no sólo habrán conseguido ganar la batalla, sino que podrán explicar a quienes ahora les marcan el camino cuál ha sido el secreto de su éxito.

Foto | Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
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