El cambio de hora, factor de riesgo en la conducción

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Dentro de unas horas, es decir, en la madrugada de este sábado al domingo, los relojes se van a adelantar una hora. Esto quiere decir que a las 02.00 serán las 03.00 para comenzar el horario de verano y que se traduce en restar una hora de sueño o dormir una hora menos. Todo lo contrario, es decir, atrasar el reloj una hora será el horario de invierno y que se realizará en la madrugada del sábado 25 al domingo 26 de octubre próximo. Unos cambios de horas que se hacen todos los años en los mismos meses y que suponen una modificación de las horas de luz y oscuridad y, en consecuencia, una serie de alteraciones neurohormonales en nuestro organismo pero que llegan a superarse entre dos o cuatro días según algunos estudios científicos.

Así, nos lo contaba Josep Camós hace unos años para darnos algunos consejos sobre el cambio de hora y que volvemos a recordar por considerar que estos cambios de luz a lo largo del año, dormir una hora menos o no dormir cuando toca, es decir, si no descansamos debidamente puede afectar a nuestro organismo y por tanto a nuestra capacidad para conducir un vehículo. Por mucho que nos hablen de ahorro económico y descenso de contaminación, tenemos que tener claro que no somos máquinas programadas a la hora de manejar un vehículo.

Cómo nos afecta el cambio de hora

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Las cuentas están claras, es decir, ni nos sobran, ni nos faltan horas ya que si mañana perdemos una hora, ésta será recuperada dentro de seis meses. Un cambio que no debe afectar a nuestra salud pero parece que algunas personas tardan en adaptar el reloj biológico al nuevo horario, sobre todo, aquellas personas que padecen cambios en sus patrones de sueño-vigilia y alteraciones transitorias en la vida cotidiana, con la aparición de cambios en sus estados de ánimo, somnolencia, irritabilidad, nerviosismo y dificultades para mantener la atención y concentración. Unas condiciones, éstas últimas muy importantes, y que tanto hacemos hincapié, para conducir de forma segura.

Por otro lado cuando llegamos a un horario distinto, aunque sea con la diferencia de una hora, es normal sentirnos desorientados y es porque nuestro ritmo cerebral es uno y el reloj fijado por latitudes o convenios sociales, es otro. Además, otros síntomas como cansancio y fatiga excesiva, dolor de cabeza e irritabilidad son propias de cambios conocidos también como jet lag o síndrome de los husos horarios por la descomposición horaria y descoordinación del sueño que sufre nuestro organismo con respecto al nuevo horario como, por ejemplo, el nuevo horario que se establece al viajar en avión después de un largo viaje o a través de varias regiones horarias.

En general, todo aquello que nos reste atención y concentración al volante, reduzca la cantidad o la calidad del sueño nocturno, impidiendo así la adecuada recuperación de nuestro organismo, va a provocarnos a los mandos de cualquier vehículo, una mayor somnolencia al día siguiente, incrementos en el tiempo de reacción, más distracciones, más lentitud y errores en la toma de decisiones, aparición de microsueños, alteraciones sensoriales, perceptivas, etcétera… Además, los efectos de la privación de sueño son acumulativos. Por ejemplo, dormir una o dos horas menos puede generar una deuda de sueño que puede pasarnos factura con el paso del tiempo.

Pues bien, cuando nos levantemos mañana domingo, el reloj del móvil, el de la televisión y el del ordenador se habrán actualizado automáticamente al horario de verano pero, en cambio, tendremos que adelantar manualmente nuestro reloj y el del coche. Sin embargo, para cambiar nuestro reloj biológico, necesitaremos adaptarnos poco a poco, modificar los hábitos de sueño, comida, tiempo de ocio y, sobre todo, los habituales horarios de conducción, es decir, de casa al trabajo y del trabajo a casa, para afrontar este cambio.

En definitiva, para prevenir el sueño al volante, lo mejor es mantener unos hábitos de descanso adecuados como la llamada higiene de sueño, es decir, si vamos a madrugar una hora antes de lo habitual, como es el caso que nos ocupa hoy, lo ideal sería acostarse una hora antes si al día siguiente no vamos a poder dormir unas ocho horas.

Foto | Viper, chinojb
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