El ámbar esta más cerca del rojo que del verde

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Cuando vamos a la autoescuela nos dicen que el color ámbar de los semáforos, cuando éste está fijo, es una advertencia a que el color rojo, que nos obliga a detenernos, está a punto de llegar. Claro, todo tiene sus excepciones. No debemos detenernos cuando ese color está fijo cuando la velocidad y la distancia impidan hacerlo de una forma segura y sin riesgo para los demás conductores.

Para muchos, la autoescuela queda muy lejos y ese color ámbar está perdiendo su significado original, y lo que es peor se está convirtiendo en una especia de verde. Para ellos verde y ámbar significa que se puede pasar. El rojo, y dependiendo de que casos, implica no pasar. Los vicios adquiridos, las prisas, están haciendo que ciertas señales, otro ejemplo claro sería el stop o el ceda el paso, pierdan el significado lógico por el que han sido colocadas donde están.

El ámbar no es el verde. El ámbar obliga a detenernos, y no ha pisar el acelerador irremediablemente por miedo a quedarnos parados en uno de esos interminables semáforos. Parece que esos amantes del ambar no son conscientes de que el tiempo que pasa desde que un semáforo se pone en rojo hasta que el semáforo que se abre a continuación poniéndose en verde es lo demasiado escaso para que intentemos cruzar la intersección de turno como si nos persiguiera la policia.

Y eso sin recordar que a nuestras prisas se le pueden sumar las prisas del peatón que llega tarde a una cita y que comienza a cruzar en cuanto el muñequito verde aparece en el indicador. A todos nos molesta quedarnos parados en un semáforo, pero si nos paramos a pensar, la mitad de las veces que eso ocurre y que pensamos, me lo tendría que haber saltado, otro semáforo nos espera 250 metros más allá con el rojo todo lo alto.

Seamos un poco más conscientes de que saltarse un semáforo, cuando este aún está en ese color naranja implica mayores riesgos que la mejora que puede producir pasarlo de largo.