El acompañante que grita, o cómo no ayudar a evitar un accidente

El acompañante que grita, o cómo no ayudar a evitar un accidente

La persona que se sienta a la derecha del conductor a menudo recibe dos apelativos: acompañante o copiloto. La diferencia semántica entre ambas palabras es substancial: la primera evoca una actitud completamente pasiva, mientras que la segunda sugiere que una cierta corresponsabilidad en el devenir del viaje. Especialmente en situaciones del tráfico que conlleven cierto riesgo.

Quizá estamos más acostumbrados a hablar de copiloto en algunas disciplinas de la conducción deportiva, donde es la persona encargada de leer al piloto principal las indicaciones y anotaciones del libro de ruta. Obviamente, en el caso de la circulación abierta, los acompañantes no adquieren tamaño nivel de responsabilidad, pero en ocasiones pueden ayudar al conductor; por lo que podríamos decir que se sitúan en algún punto intermedio entre ambos conceptos.

Más allá de las actitudes cotidianas que pueden adoptar los acompañantes para colaborar con el conductor en el día a día, el copiloto puede jugar un papel crucial advirtiendo al conductor cuando las cosas no van tan bien como debieran.

No obstante, hay advertencias y advertencias. Lo que no debiera ocurrir es que el intento de aviso del copiloto contribuya a agravar la situación. Por ejemplo, una de las peores cosas que podría hacer un acompañante es intentar manipular los mandos del vehículo sin el consentimiento del conductor, como podría ser intentar maniobrar el volante para esquivar un obstáculo.

El copiloto que grita

El acompañante que grita

Sin ir tan lejos como un volantazo indebido, algo tan aparentemente inocente como una interjección desproporcionada puede suponer un peligro. A modo de ejemplo, permitidme que comparta con todos vosotros una anécdota personal, ocurrida hace apenas unas semanas.

Era un martes normal y corriente. A la salida de mi trabajo diario, tomé el camino contrario a mi casa ya que tenía una cita con una persona muy especial. Aprovechando mi inusual camino, una compañera del trabajo (que normalmente se desplaza en transporte público) me pidió que la acercara a su casa. No la conocía mucho, todavía, pero… ¿por qué no? Si viene de paso, ayudar a otras personas siempre está bien.

En el acceso a la ronda de la gran ciudad próxima, un coche de color marronoso que circulaba a mi izquierda se vio en la necesidad de tomar la siguiente salida, por la derecha. En descargo de la persona que conducía el vehículo, decir que es imposible hacer los cambios de carril con anticipación ya que es un punto donde se unen dos vías de gran capacidad, y la salida se encuentra a escasos 200m. Los que vienen por la izquierda simplemente no pueden cambiar de carril antes.

Siguiendo a la perfección la definición de un buen hachazo, el coche marrón se cruzó por delante mio, de tal forma que la única forma de evitar una colisión era frenar de forma más o menos brusca.El acompañante que grita, o cómo no ayudar a evitar un accidenteUna vez yo ya había pisado el freno, y la mitad del otro coche ya estaba en el hueco forzoso que se había formado, en ese momento mi acompañante gritó.

¡Y qué GRITO! No sé que estuvo más cerca de romperse, si mis tímpanos o los cristales del coche. El sobre salto fue tal que instintivamente hice más fuerza con el pie derecho, frenando el coche prácticamente del todo, allí en medio de la ronda. Sin tiempo para recuperar el aliento, bajé dos marchas y aceleré a fondo para recuperar el ritmo.

Probablemente un antropólogo diría que el grito es una respuesta evolutiva para avisar a los miembros de la tribu de un peligro. En este caso, yo ya había reaccionado y el peligro se había capeado de la mejor forma posible. Por lo tanto, ese grito consiguió todo lo contrario, por si sólo generó un nuevo peligro, un grave riesgo de alcance.

Sin duda, si el copiloto advierte un peligro antes que el conductor, una advertencia proporcionada y adecuada, que no sobresalte, puede evitar un accidente. Pero una respuesta histérica, desproporcionada y a destiempo es completamente contraproducente. Eso es cierto en seguridad vial,… y en prácticamente todos los ámbitos de la vida.

En Circula seguro | El papel de los acompañantes en la seguridad vial, ¿Se lo digo? O cómo ser un buen copiloto (1) (2) y (3)
Fotos | Munch, Jorjum, Bunnicula