¿Drogas en el coche?, tolerancia cero: los alucinógenos

Drogas y conducción

Continuamos con el cuarto artículo del especial Drogas y conducción que estamos viendo puntualmente cada semana en Circula Seguro. Hoy abordamos las drogas llamadas alucinógenos y algunos de sus derivados que producen en el sujeto que las consume alteraciones sensoriales. Se pueden denominar psicomiméticos, psicodislépticos o psicodélicos pero para abreviar y entendernos, nos referiremos a este tóxico como alucinógenos.

Al igual que en el caso de las drogas de diseño, que tratamos en el artículo anterior, nos encontramos ante un tóxico muy ligado al ocio, por tanto, de carácter lúdico. Según datos del Plan Nacional sobre Drogas, se estabiliza en España en un uno por cien de la población entre 18 y 65 años con repuntes de consumo puntuales en los años 2005 y 2009. Algunas personas, los defienden abogando por su consumo responsable pero los alucinógenos, a parte de ilegales, son incompatibles con la conducción.

Alucinógenos, historia y procedencia

LSD

Podemos hacer una clasificación previa de los alucinógenos en función de su estructura química en la que tendríamos el LSD (relacionado con el ácido lisérgico), la mescalina como alcaloide principal del cactus peyote (relacionado con las catecolaminas), las bebidas alucinógenas llamadas ayahuasca y los provenientes de la seta Amanita Muscaria (relacionadas con la serotonina), y algún derivado del cannabis y los opiáceos. Existen más sustancias en los grupos que describimos pero mencionamos los principales para tener una idea general y no perdernos con terminología química.

Uno de los más comunes es el LSD, conocido como ácido o tripi. El LSD es un producto sintético descubierto casualmente por un investigador de los laboratorios Sandoz, el químico suizo Albert Hofmann. No tardan en usar este compuesto para fines psiquiátricos y es muy extendido en esta disciplina en las décadas de los 50 y 60. El uso fuera del ámbito medicinal hace que sea declarado ilegal a partir de los años 70 y se deja de admitir sus supuestas indicaciones clínicas.

Pese a su ilegalización, no pudo frenarse su consumo entre la juventud y ha sido uno de los elementos integrantes más importantes del movimiento hippie siendo difundido entre universitarios, grupos de música o creativos. Como curiosidad, el fallecido y conocido fundador de la compañía informática Apple Computer, Steve Jobs, experimentó con el LSD en los años 70 y se cree que se inspiró en las visiones que tuvo para crear uno de los logos de la empresa consistente en una manzana mordida multicolor.

Formas de consumo y efectos del ‘tripi’

LSD lengua

El LSD puede presentarse en forma de tableta, cápsula o tiras. La distribución de la sustancia se lleva a cabo en hojas de papel secante decoradas como una calcomanía, en las que se impregna la droga. Se consume por vía oral, normalmente se deposita sobre la lengua, y en grupo, para crear una atmósfera que determina los efectos de este tóxico. En la segunda foto, podemos ver el tamaño de dos sellos impregnados con LSD comparados con una cerilla. Sus efectos suelen aparecer a los 45 minutos de haberlo ingerido llegando a su máxima efectividad en cuatro o cinco horas para desaparecer a las 12 horas más o menos.

Entre los efectos que produce, se encuentran una sensación de tensión interior que se alivia llorando o riendo y un estado de euforia en los primeros momentos. Posteriormente se produce un cuadro de síntomas psicodislépticos que se llama en el argot viaje o trip psicodélico. Hay una alteración frente a estímulos externos en los que algún detalle sin importancia puede percibirse como algo extraordinario y no es difícil pasar de estados depresivos a hipomaníacos o desde la alegría a la ansiedad y el miedo.

En lo referente a la percepción, se agudiza la vista, los colores, profundidades y contornos prestando mucha atención, como decimos en el párrafo anterior, a cosas insignificantes. Poco después empiezan a distorsionarse las formas, los ruidos de fondo se oyen con más nitidez, disminuye la sensación de dolor y se pierde la orientación temporal. Físicamente se produce taquicardia, náuseas, temblores y aumento de la presión arterial.

Alucinógenos

Un efecto muy negativo del LSD es el llamado mal viaje que aparece cuando sus efectos son percibidos como desagradables, generalmente en personas con poca experiencia con este tóxico o en entornos inadecuados. Suele desembocar en ansiedad y crisis de pánico acompañadas de alucinaciones, desorientación y confusión.

En el caso de la mescalina, decir que se consume por vía oral masticada o en infusión aunque se refina en forma de polvo y puede ingerirse o inyectarse. Los efectos son similares al LSD pero menos potentes. La Amanita Muscaria que hemos citado, es un hongo con principios activos de efecto alucinógeno que provoca sueño anormal y visiones coloreadas a los 20 minutos de su consumo durante unas cuatro horas.

No nos podemos olvidar de la ketamina, usada en medicina por sus propiedades anestésicas. En forma de polvo o líquido, puede ser inhalada por la nariz, inyectada o ingerida por vía oral. Suministrada de forma intramuscular, los efectos de este alucinógeno aparecen en menos de un minuto y a largo plazo produce un deterioro mental y pérdida de memoria.

¿Por qué los alucinógenos y la conducción son incompatibles?

Drogas y condución

Creo que en este caso, y viendo los efectos antes descritos, no nos será muy difícil identificar las razones por las cuales es altamente peligroso conducir bajo los efectos de este tipo de tóxicos. En el estadio de euforia de los primeros momentos podemos hacer maniobras arriesgadas con nuestro vehículo. Normalmente hablamos de coches pero imaginemos un motorista que entra en una curva a más velocidad de la debida creyéndose capaz de negociar ese viraje.

La distorsión de la percepción y las alucinaciones del llamado viaje, pueden provocar un accidente ya que es probable que no prestemos la atención adecuada. Imaginad que nos quedamos embobados mirando un pequeño detalle del coche, una pegatina, un elemento decorativo o cómo se mueven la agujas de los relojes del salpicadero. Distracciones que puede que nos hagan saltar un semáforo o no tomar un curva y salirnos de la carretera. Si hablamos del mal viaje, que deriva en angustia y posible crisis de pánico creo que huelga poner un ejemplo. En el próximo artículo hablaremos de los opiáceos como la heroína.

Foto | libertinus, inf0mike, Wikimedia, DenverJDM
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