Dime cómo saludas y te diré qué quieres (1)

Comunicación gestual a bordo de un coche

La diferencia entre conducir y circular es básica. Conducir es llevar un vehículo de un punto a otro a un nivel meramente mecánico, mientras que circular es conducir en un entorno social, con arreglo a unas normas y comunicándonos con el resto de usuarios de la vía. Si no seguimos las normas o no establecemos contacto con los demás, no circulamos sino que conducimos. En otras palabras, además del respeto a la norma, para que haya circulación tiene que haber comunicación.

Paradójicamente, los casos que prevé la Ley para que los conductores se comuniquen son escasos: la advertencia de las maniobras, los avisos de peligro… De forma más difusa se nos habla además de evaluar las situaciones y de prever las reacciones de los demás. Pero lo cierto es que la Ley se queda corta respecto de las necesidades más o menos reales que tienen los usuarios de la vía. Tanto es así, que los conductores han ido elaborando todo un lenguaje, unas veces más eficaz que otras, que les permite ir mucho más allá en el tema de los avisos y trascenderlos por completo, hasta llegar al punto de agradecer gestos con gestos, por ejemplo.

Vamos a intentar glosar estas modalidades de comunicación, aunque como todas se rigen por normas personales, lo más seguro es que alguno piense que tal o cual cosa no funciona así en su pueblo. En cualquier caso, ahí están los comentarios para discutirlo.

Prohibido hacer uso de las señales acústicas o claxon

Toques de claxon vs pitada monumental

En principio, la Ley sólo permite el uso del claxon para evitar un posible accidente, de modo especial en vías estrechas con muchas curvas, también para advertir fuera de ciudad al conductor de otro vehículo el propósito de adelantarlo y para advertir nuestra presencia a los demás usuarios de la vía cuando nos vemos forzados a efectuar un servicio de los normalmente reservados a los vehículos prioritarios.

En cualquier caso, “queda prohibido su uso inmotivado o exagerado”.

Y aquí viene cuando abrimos y cerramos la manga dependiendo de lo que consideremos en cada caso. ¿Es inmotivado pitar porque ha ganado el equipo de fútbol local? ¿Cambiaría la cosa si el triunfo perteneciera al equipo rival? ¿Es exagerado quemar el claxon a pitadas porque un tío nos ha dejado encerrados al abandonar el coche en doble fila sólo un momentito? ¿Podemos pitar a tutiplén cuando vamos de boda?

Está claro que una cosa es dar un toque de claxon para avisar a un señor de que se le ha puesto el semáforo en verde y otra muy diferente fundirlo a pitadas como si nos estuviéramos acordando de todo su clan hasta la cuarta generación y hasta el quinto grado de consanguinidad. Si no sabemos manejar el claxon, podemos estar cabreando tontamente al personal cuando lo que queríamos era llamarle levemente la atención.

En este capítulo, envío mi primer saludo efusivo de la jornada a los fabricantes de vehículos, que lo mismo te ponen un mando para el claxon que sólo rozándolo ya pita (me ocurrió una vez aparcando un Opel Calibra a eso de las cuatro de la madrugada y los vecinos me querían matar) como te ponen un pulsador en el volante al que hay que darle cabezazos para que suene (el caso de mis últimos tres coches), lo cual no parece muy seguro si de lo que se trata es de avisar urgentemente del riesgo de una colisión.

Deslumbramiento por mala utilización de las luces de largo alcance

Las ráfagas, el idioma secreto de los pitufos

Desde la publicación del Reglamento General de la Circulación de 2003, las ráfagas, lo que técnicamente se llama “destellos”, están prohibidas excepto para avisar de un adelantamiento y para avisar de un peligro. Sin embargo, la verdad es que todo el mundo (y esta locución abarca desde autobuseros hasta policías pasando por compañeros de taberna) las utiliza para lo que le viene en gana: desde saludar al colega de turno hasta protestar por lo que sea: desde una pirula acaecida en la vía hasta el hambre en África, pasando por un gol anulado indebidamente en el partido que escuchamos en la radio.

Otra acepción se encuentra en el mundo del transporte, donde a veces el conductor de un trailer avisa al colega que le está adelantando de que ya ha pasado completamente con su remolque y que por tanto puede volver al carril derecho sin problemas. Al final, hacer ráfagas es como pitufar el idioma de los pitufos. Con un solo recurso lo dices todo.

Como en el caso de los toques de claxon, hay que tener cierta gracia a la hora de realizar los destellos, no vaya a ser que queriendo advertir de un peligro al conductor que viene de cara lo dejemos tuerto de un ojo de puro deslumbrado y entonces nuestro aviso sea redundante: una, por el peligro que queríamos advertir y otra, por el peligro que supone conducir a ciegas, ¡que ya hay que ser insensato!

Y ahí va mi segundo tirón de orejas para los fabricantes de vehículos. Y es que si bien algunas marcas (generalmente aunque no de forma exclusiva, fabricantes de inspiración germánica) diferencian en la palanca de luces la posición de ráfagas de la de dejar las largas fijas, en otros coches (generalmente de inspiración gala) no sucede lo mismo, de modo y manera que te encuentras queriendo hacer ráfagas para avisar de un peligro y sin darte cuenta pasas a luces de carretera y dejas cegato a todo el personal. Y los conductores que se cruzan contigo, que te responden con una sonora pitada, claro.

Indicador de luces de emergencia

Frenos, emergencias y anacronismos

Hay una forma de comunicación ágil y casi espontánea que cualquier hijo de vecino con un volante entre manos se habrá encontrado en alguna que otra ocasión. Vamos por la carretera, vemos que hay bacalao a lo lejos y procedemos a frenar fuertemente mientras pulsamos el interruptor de las luces de emergencia.

Todo correcto, ¿verdad? ¡Pues no! Dice la Ley que “la intención de inmovilizar el vehículo o de frenar su marcha de modo considerable” se advertirá “siempre que sea posible, mediante el empleo reiterado de las luces de frenado“. Y eso de encender las luces de emergencia, sigue el redactado legal, se hará “cuando la inmovilización tenga lugar en una autopista o autovía, o en lugares o circunstancias que disminuyan sensiblemente la visibilidad”.

Es decir, según el Reglamento General de la Circulación nos encontramos con una situación de emergencia dividida en dos capítulos: en el primero, que se desarrolla durante el frenado, nos piden que pisemos repetidamente el pedal del freno (algo poco recomendable en los vehículos dotados de ABS, por cierto); en el segundo capítulo, nos autorizan a marcar nuestra posición como obstáculo que somos con las luces de emergencia. Ah, pero sólo si el frenazo ha tenido lugar en una autopista o autovía o si el sol se ha ido de vacaciones. Y todas estas consideraciones debemos hacerlas mientras evitamos chocar contra el de delante y mientras rezamos porque el que nos sigue nos haya visto a tiempo.

Anacronismo es la palabra que mejor define este pasaje de la Ley. Lo que la práctica totalidad de los conductores (y muchos automatismos) hacen es seguramente lo más lógico: frenar como pueden, comprobando siempre que sea posible que por detrás no venga nadie a dos palmos de distancia, a la vez que ponen las luces de emergencia para avisar a los demás del peligro que se avecina.

Camión encendiendo alternativamente sus intermitentes en señal de agradecimiento

Ahora por la derecha, ahora por la izquierda…

Una de las formas de comunicación que más gracia me hace es el uso alternativo de ambos intermitentes, un recurso propio de los profesionales del transporte que emplean para agradecerte que les hayas facilitado un desplazamiento lateral con cambio de carril incluido. Indican a la derecha un par de veces, luego hacia la izquierda un par de veces más, luego a la derecha… hasta que intuyen que su mensaje ha sido captado y comprendido por el conductor que los sigue. No, está entretenido y tal. Recuerdo que la primera vez que vi a un camionero hacerme esa señal me quedé perplejo. Luego comprendí las intenciones de aquel buen hombre: Darme las gracias por haberle facilitado una incorporación bastante chunga que había en aquella carretera.

De hecho, este es uno de los problemas que tiene este código de comunicación tan particular que vamos creando y alimentando los conductores a falta de una alternativa legal que dé salida a todas nuestras necesidades: que la primera vez que te dicen algo te puedes quedar con cara de emoticono dos puntos guión ese. Claro, que si la Ley tuviera que contemplar todos los supuestos que se pueden dar, en vez de unos reglamentos tendríamos el Quijote en versión vial y luego nos quejaríamos del desconocimiento generalizado de la norma. Estamos mejor como estamos, con unos poquitos artículos redactados de forma clara y unívoca que los conductores dominan a la perfección.

En la próxima entrega, hablaremos de los conductores más comunicativos de la vía, esos que viven felices sabiendo que sus gestos son claramente perceptibles por los demás, esos que se desviven por mostrarnos su agradecimiento, esos que saludan exultantes de darse al placer de circular con sus vehículos.

Foto | miqui, mararie, Josep Camós (3, 4), edans

En Circula Seguro | El intermitente, ese gran desconocido

  • Otra cosa que suelen hacer algunos camioneros en vías de doble sentido es dar el intermitente derecho para indicarte que puedes adelantar.

    Mientras no te toque un loco como en “El diablo sobre ruedas”, puede ayudar bastante a asomar un poco el hocico.

  • Ah, sí, pero ese es un supuesto legal. Lo recoge el Artículo 86 del Reglamento General de la Circulación, que habla de las obligaciones del vehículo adelantado:

    “1. El conductor que advierta que otro que le sigue tiene el propósito de adelantar a su vehículo estará obligado a ceñirse al borde derecho de la calzada (…)

    En el caso de que no sea posible ceñirse por completo al borde derecho de la calzada y, sin embargo, el adelantamiento pueda efectuarse con seguridad, el conductor de cualquiera de los vehículos a que se refiere el apartado 3 que vaya a ser adelantado indicará la posibilidad de ello al que se acerque, extendiendo el brazo horizontalmente y moviéndolo repetidas veces de atrás adelante, con el dorso de la mano hacia atrás, o poniendo en funcionamiento el intermitente derecho, cuando no crea conveniente hacer la señal con el brazo.

    (…)

    3. Los conductores de vehículos pesados, de grandes dimensiones u obligados a respetar un límite específico de velocidad deberán bien aminorar la marcha o apartarse cuanto antes al arcén, si resulta practicable, para dejar paso a los que le siguen, cuando la densidad de la circulación en sentido contrario, la anchura insuficiente de la calzada, su perfil o estado no permitan ser adelantados con facilidad y sin peligro.”