La liquidación del diésel, entre la oportunidad y la extinción

DiéselEl cambio que la movilidad está experimentando en todos sus ámbitos está provocando que se comiencen a asumir escenarios que parecían sacados de un futuro muy lejano. ¿Quién diría a principios de esta década que llegado el año 2020 ya existiría una fecha fijada para dejar de vender coches térmicos?

Países como Noruega, Reino Unido, Países Bajos y ahora también España (en 2040) ya lo vislumbran. Aunque se trata de horizontes todavía lejanos, son el germen de una transición real. Esta nos afectará en todos los ámbitos, incluido el de la seguridad vial. Uno de los capítulos más curiosos de este cambio es el que protagoniza el coche diésel.

En apenas dos décadas se ha pasado de ensalzar las virtudes de los modelos con motor diésel a demonizarlos. Las autoridades occidentales han caído en la cuenta de las recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud y otros entes llevaban años publicando, salvo en una excepción. Esa excepción es Japón.

El mercado nipón se adelantó a principios del milenio a desterrar el diésel. Allí, por entonces, entendieron antes los riesgos para la salud de las emisiones de estos modelos. En Europa, en cambio, no ha sido hasta los últimos años en que se han comenzado a aplicar restricciones concretas, sobre todo en aquellas grandes ciudades que sufren episodios de contaminación.

Londres o París aplican planes específicos desde hace años. La nueva área de cero emisiones de Madrid Central imita esa tendencia europea, no tan disruptiva como el ejemplo japonés. Otro modo de atacar al diésel está consistiendo en penalizar su consumo con más impuestos. Todas estas acciones están provocando un descenso real en las matriculaciones de modelos diésel.

Coches diésel en caída libre…

GasolineraLas autoridades que defienden el cambio en la movilidad están logrando su objetivo. La primera reducción significativa de ventas de modelos diésel  tuvo lugar en 2017. En ese año las matriculaciones descendieron en torno a un 8%. En lo que llevamos de 2018, el rechazo al diésel se está confirmando con un descenso del 12%.

El coches diésel pasarían de tener una cuota de mercado de casi el 70% en 2012 a apenas un 38% en 2018. Y eso parece ser solo el principio. Este cambio en el parque automovilístico está beneficiando a los modelos movidos por gasolina y a los coches eléctricos, en sus diferentes versiones.

La propia industria considera que el mercado europeo de coches diésel ya no es provechoso. Prueba de ello es que fabricantes como Honda, Hyundai, Toyota o Škoda están retirando modelos de su catálogo actual.

…pero no tanto sus precios

A la vez, esto está contribuyendo a que se dé un fenómeno curioso. La menor demanda de coches diésel está forzando a que los precios de estos modelos también disminuyan en parte. Desde Faconauto, en declaraciones a El País, apuntan que los precios en el mercado de segunda mano se han visto reducidos entre un 10% y un 15%.

Algunos concesionarios también están ofreciendo descuentos en la compra de modelos nuevos. Con el actual retroceso de la demanda, muchos se están encontrando con un stock de unidades que resulta excesivo.

Sin embargo, está por ver hasta qué punto los precios de los modelos diésel siguen a la baja. La imagen actual del coche diésel parece irrecuperable. La negatividad que se está transmitiendo está, sin duda, jugando en su contra. El sector adelanta, por tanto, que se aproximan años en los que convivirán diferentes tecnologías de propulsión y en los que los fabricantes ajustarán a la baja la oferta de modelos diésel.

¿Se extinguirá el motor diésel?

Boina de contaminaciónLa evolución del coche diésel contrasta con una paradoja. Jamás se han fabricado modelos diésel “tan poco contaminantes” como en la actualidad. Las presiones de las autoridades, en concreto de la Unión Europea, para que los fabricantes reduzcan sus emisiones han tenido resultados dispares. Estas políticas han encontrado todavía más sentido tras los escándalos de las emisiones vividos en la industria.

Por un lado, muchos fabricantes no han asumido la gran inversión que supone comenzar la andadura de la movilidad eléctrica. En este caso, se ha apostado por invertir en una reducción de las emisiones de los modelos a gasóleo, encontrando fórmulas viables y menos costosas. Los frutos de esta apuesta de la industria están llegando y, sin embargo, no resultan suficientes. Su imagen ya está manchada.

Y es que los deseos actuales ya no se dirigen a reducir las emisiones en el transporte, sino a eliminarlas por completo. Un desafío que, lógicamente, ningún coche con motor térmico puede acometer. La situación actual se dirige a un período de convivencia en el que las matriculaciones diésel no se extinguirán, pero serán una minoría.

Las tendencias en la industria de la automoción así lo apuntan. Durante la próxima década las restricciones para los coches movidos por gasóleo, y también por gasolina, se incrementarán. Muy posiblemente, el ejemplo de Madrid será seguido por otras urbes.

A esto hay que sumar que los coches eléctricos ofrecerán mayores autonomías a precios más bajos. De ahí que, en algún punto de la próxima década, el descenso de los motores diésel ha de tocar fondo. La pregunta que queda en el aire es saber dónde estará ese suelo.

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