Diario de un conductor de furgonetas blancas™ (y 2)

Perspectiva del tráfico desde el puesto de conducción de una furgoneta

Ayer me dediqué a contar lo que significa mi día a día al volante de la furgoneta. Pero lo hice en plan general, sin dar demasiados detalles. En realidad, a poco que salgo de la fábrica comienzan las anécdotas. Y si me pusiera a recopilarlas todas, seguramente la cosa daría para un libro de los que arrasan en ventas.

De momento hoy me voy a dedicar a explicar algunas de las cosas que me han pasado con la gente que hay por ahí, los policías e incluso una ambulancia que me la lió una vez. No comprendo cómo a veces la gente puede ser tan cerrada de mente, que ni explicándoles las cosas se avienen a razones. Parece que no entiendan que uno está trabajando y que no quiere más complicaciones, que bastante difícil está la vida ya.

Trafico denso en la ciudad

Una vez me dijo un tío listo que cómo se me ocurría pisarle tanto al pedal, que una furgoneta no está pensada para correr tanto. Y digo yo que si no estuviese pensada para correr vendría limitada de fábrica, como los camiones. Además, cuando le pisas ya se nota que el motor tira sin problemas, lo mismo que cuando frenas. Eso era antes, que si te pasabas un poco te podías ir al cuerno, pero con los bichos que fabrican hoy en día no hay problema. Están más que preparados para que les metas caña, que el reloj no perdona y como te duermas un poco te quedas en la calle, tal y como están las cosas.

También me encontré una vez con un chavalín que se me bajó en un semáforo para quejarse de que nos pegamos demasiado a los coches de delante. Pero eso tiene una explicación lógica. Un coche tiene un morro más o menos largo, y cuando desde tu coche lo miras por el retrovisor lo ves a una cierta distancia. En cambio, una furgoneta es chata. Por eso a veces parece que nos estamos comiendo al que va delante. Además, en los semáforos siempre conseguimos pararnos sin darle un golpe al que va delante (siempre que no haga cosas raras, claro), así que no hay por qué preocuparse.

Y luego están los incompetentes que no comprenden que cuando vas con prisa no siempre puedes estar pendiente de poner intermitentes para todo, y haces lo que tienes que hacer y ves que te pitan como locos. A ver, al final, si tiro para un lado o tiro para el otro se me ve de sobra, que el trasto que llevo es lo suficientemente grande como para que cualquiera entienda lo que hago sin tener que estar pendiente del intermitente de las narices. Y el que no lo vea o no lo sepa ver, una de dos: o se pone gafas, o deja el coche en casa, porque me da a mí que es más cegato que un topo. Y eso sí que es un peligro.

Vista posterior de una furgoneta estacionada sobre la acera

A veces la gente se queja de que aparcamos mal, e incluso me ha pasado que he vuelto a la furgoneta con la carretilla después de pegarme una panzada a descargar cajas y me he encontrado a un municipal multándome por tener la furgoneta mal aparcada. Y lo que me ha costado convencerle entonces de que era el mejor sitio para dejarla…

A ver, que yo reconozco que a veces dejo la furgoneta un poco mal puesta, pero hay que tener en cuenta que son muchas las veces que llego a un cliente en el que hay que descargar y no tengo más remedio que quedarme un momento encima de la acera, por ejemplo. Pero lo hago para no molestar a los demás, porque peor sería dejar la burra en medio de la calle, que interrumpiría el tráfico y se liaría la de Dios.

Y luego está lo de las zonas de carga y descarga. Que si la zona me pilla cerca del cliente y no hay nadie aparcado, pues vale, la uso. Pero si llego a la zona y está llena, yo tengo que descargar igualmente, que el reloj no perdona. Y cuando está llena de coches que no tienen por qué pararse ahí, pues… ¿qué quieres que te diga? Me coge un cabreo que con mucho gusto dejaría tirada la furgona en medio de la calle, y el que llegase después que le dieran viento. Y si la zona me queda alejada del sitio al que voy a descargar, pues sinceramente no la uso, que para un viaje tonto no me sale a cuenta ir bajando y subiendo la carretilla, porque si lo hiciera no acabaría nunca.

Ambulancia junto a un semáforo rojo

Hay algo que parece que la gente no entiende. Cuando voy arriba y abajo con la furgo, estoy trabajando. No hago lo que hago por capricho, sino porque no me queda otra. A veces las cosas se ven muy fáciles desde la mesa de un despacho, pero cuando estás en la calle las cosas son más chungas. Mi jefe, por ejemplo, me exige que esté aquí y allá a la misma hora, y pobre de mí que no lo consiga, que hay cuarenta tíos haciendo cola en la puerta para coger mi puesto. A veces pienso que debería montar una sirena encima de la furgoneta, como llevan las ambulancias.

Y ahora que hablo de ambulancias, me he acordado de una historia. Estaba yo pasando por una avenida ancha y, claro, iba como siempre con el pito en el culo. En estas que veo que de un semáforo me salta como por arte de magia una ambulancia de las grandes, con todas las lucecitas y toda la historia. Pues de qué fue que no me la comí con patatas. Le metí un frenazo a la burra que por poco me saltan las pastillas y los discos y me quedé atravesado delante de la ambulancia. Y el tío que iba dentro, que no paraba de hacerme luces y de pitarme.

A ver, que yo entiendo que él iba con prisas, pero me parece a mí que no te puedes saltar un semáforo así como así y esperar que los demás se paren en seco. Al menos yo no pude. ¿Quién iba a pensar que pasaría algo así? Pues eso mismo le dije al de la ambulancia. Porque me bajé y se lo dije, vaya que sí. Y él no hacía más que gritar que me apartara o no sé qué. Pues vale, pero prisas llevamos todos y no por eso nos vamos estampando contra los demás. Buenos estaríamos. Entonces sí que me voy de patitas a la calle como le dé la ventolera a mi jefe, que menudo es él.

Y ese es mi día a día, peleándome con todos. El jefe, que lo mismo me pone a montar cajas como a llevar cosas de aquí a allá. La niña de la oficina, que ahí sentadita con su aire acondicionado se cree que uno puede llegar en tres minutos a la otra punta de la ciudad. La gente que hay por la calle, que no se da cuenta de que uno está trabajando. Y los municipales, para postres, que no nos pueden ni ver y están esperando a que hagamos algo para echarnos la bulla. Así, ¿cómo vamos a conducir sin estrés, hombre? Luego dirán que somos un peligro…

Foto | Alex CD, Venex_jpb, marcbel, Gonzopowers

En Circula Seguro | Diario de un conductor de furgonetas blancas™ (1), Las furgonetas de reparto, nuevo objetivo de la DGT

En Motorpasión | Siniestralidad en furgonetas, ¿por qué es tan alta?