Día Mundial de la salud: las 6 enfermedades más comunes que afectan a la conducción

Hoy día 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, una jornada que conmemora el aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud en 1948, y que pone de relieve también un tema que es de interés prioritario en la población. En cuanto a lo relacionado con la conducción, cabe destacar que la salud y la seguridad vial tienen una relación directa, sobre todo en lo que se refiere a siniestralidad, pues como es lógico, un conductor enfermo o bajo tratamiento tiene más posibilidades de verse implicado en un accidente, ya que algunos medicamentos pueden afectar al funcionamiento del organismo y, por tanto, a la conducción. La mala salud es un tema preocupante de por sí, que en días como hoy debe tratarse y hacerse visible, pero si planteamos la mala salud en un contexto a manos de un vehículo, es un tema doblemente preocupante y que cada año se ve reflejado en las estadísticas.

Aquí podemos encontrar un resumen de algunas de las enfermedades, síntomas y tratamientos que más pueden afectar a la conducción, y que habría que tener en mente a la hora de saber si estamos plenamente capacitados para sentarnos al volante.

El cáncer

Entre los principales problemas que afectan a la conducción encontramos enfermedades como el cáncer, o más concretamente, las personas o pacientes diagnosticados de cáncer. Aunque es verdad que cada caso es distinto, ya que depende mucho del órgano afectado, el tipo de tratamiento, los efectos secundarios, la evolución o la sintomatología, entre otros, el cáncer produce una alteración sobre la capacidad de conducir, por un lado por sus síntomas (vómitos, dolor, náuseas, etc) como por los efectos secundarios que provocan los diferentes fármacos. Por todo ello es conveniente dejar de conducir y, a ser posible, que familiares y amigos, así como el servicio público, puedan facilitar la movilidad y traslado de personas en tratamiento.

Existen tres tipos de tratamiento, la cirugía, los fármacos y la radioterapia, aplicados en función del tipo y localización del cáncer, que junto a medicamentos como los antineoplásicos (clásicos), las hormonas y las terapias inmunitarias puede conllevar efectos adversos con la capacidad de ponerse al volante. Además de todo esto, el cáncer es una enfermedad que conlleva un esfuerzo alto por parte del paciente y su círculo más cercano, por lo que cuestiones psicológicas como el estado de ánimo, la ansiedad, las alteraciones de sueño y la fatiga pueden ser determinantes a la hora de poder tener un estilo de vida normal, que incluya la conducción.

La depresión

Para la OMS en el día de hoy, la depresión encabeza la lista de causas de enfermedad, problemas de salud y discapacidad en todo el mundo, pues según las últimas estimaciones se calcula que alrededor de 300 millones de personas viven con depresión. La falta de apoyo y diagnóstico impide el acceso al tratamiento para poder llevar una vida productiva y saludable. En España encontramos la tasa más alta de síntomas depresivos en población adulta (cerca del 5%), algo mayor en mujeres que en hombres.

La depresión tiene síntomas variados que afectan directamente a la conducción como son el sueño, la falta de concentración, la fatiga, la pérdida de concentración, taquicardia, sudoración e, incluso, los pensamientos suicidas. Además, el tratamiento con antidepresivos provoca efectos secundarios muy grandes, sobre todo en las primeras etapas del tratamiento (a partir de 2-3 semanas disminuyen los efectos), que afectan a las capacidades psicomotoras y cognitivas. Es importante informar de las reacciones y el cumplimiento de las pautas que nos indiquen en la supervisión médica rutinaria.

El paciente con antidepresivos no puede conducir, a no ser que el seguimiento del médico lo valore y lo crea adecuado. Desde aquí recomendamos un sueño amplio y de calidad, realización de ejercicios y deporte al aire libre, potenciando la actividad en el exterior y en días luminosos de sol, una alimentación basada en una dieta sana sin grasas, y no tomar más que los medicamentos recetados, poniéndose siempre en manos del médico.

La alergia

Varía según la persona, hábitat, tipo de polen y época de polinización, aunque sus síntomas aumentan las posibilidades de sufrir accidentes o un siniestro vial. El cansancio, la fatiga visual, el picor de ojos, el dolor de cabeza, la mucosidad y la sensación de resfriado, la sequedad de garganta, la tos y rachas de estornudos y el lagrimeo provocan reacciones incompatibles con la conducción, por lo que se debe evitar conducir bajo algún episodio alérgico. Se debe acudir a un médico que recete un tratamiento adecuado, informando sobre sus incompatibilidades con el coche y sobre el cuidado con la medicación: los efectos secundarios de los antihistamínicos y la lectura detallada de sus contraindicaciones y prospectos.

Es siempre recomendable conducir con las ventanillas subidas y el vehículo limpio en su interior y siempre cerrado, para evitar la entrada de polvo en el aire; sustituir o revisar el estado del filtro de aire para conseguir un habitáculo limpio e impedir la entrada de polen, polvo, hollín, bacterias, hongos y esporas; el uso de gafas de sol ayuda a reflectar los rayos perjudiciales y deslumbramientos ante la sensibilidad ocular; no transportar mascotas susceptibles de soltar pelo que puedan provocarnos reacciones alérgicas; evitar fumar ya que además de ser una distracción puede molestar al conductor por vía nasal y ocular.

Enfermedades hematológicas

Son aquellas que provocan algún tipo de disfunción plaquetaria, como por ejemplo la anemia, en sus diferentes tipologías. En general la anemia es una disminución del nivel de hemoglobina o hematocrito asociada a infecciones, sangrado digestivo, ginecológico o urológico (frecuente en mujeres de mediana edad por alteraciones menstruales), al hipotiroidismo o enfermedades de médula ósea. En los casos más comunes se debe a una deficiencia de hierro o vitamina B12, provocando una fatiga creciente, somnolencia, cansancio, taquicardia, mareos, sudoración, pérdida de concentración o una disnea de esfuerzo, directamente relacionadas con dificultades en la conducción.

Es recomendable no conducir hasta que esté resuelta la anemia, sobre todo si hay mareo y sueño frecuentes, así como pérdida de sensibilidad en extremidades inferiores o hiperactividad de reflejos, ya que no sólo ponemos nuestra vida en peligro, si no también la del resto de usuarios. Si ya estamos bajo tratamiento está permitido conducir, siempre y cuando continuemos con una supervisión médica. Hay que tener en cuenta que es nuestra responsabilidad controlar los síntomas y parar el vehículo si no nos sentimos en disposición de continuar la marcha, ya que en los casos moderados o severos pueden provocarnos una pérdida total del control del vehículo.

Enfermedades respiratorias

Existen diferentes tipos y no todas son incompatibles con la conducción, aunque también depende del momento en el que se dan los síntomas o una racha fuerte de insuficiencia respiratoria. Ejemplos como la bronquitis aguda no es incompatible con la conducción, aunque otras en principio menos comprometidas como el asma, sí pueden serlo si provocan indicios fuertes en momentos de concentración máxima. El asma provoca una obstrucción de la vía aérea con inflamación bronquial provocada en la mayoría de los casos por estrés, infecciones, realización de ejercicio, el aire frío o la contaminación del ambiente. Cuando se produce tos seca o señales de ahogo es necesario el uso de un broncodilatador, pero en los casos más graves es importante no conducir ya sea por su importancia como por los efectos provocados por una fuerte medicación con antihistamínicos que provoquen sueño. Desde aquí alertamos del peligro que existe con la automedicación en estos casos y otros.

Enfermedades digestivas

Son desde vómitos intermitentes, hasta dolor abdominal, diarrea, estreñimiento, hemorroides, celiaquía, entre muchos otros. Este tipo de afecciones provocan pérdida de fuerza, palidez, sudoración, taquicardia, hipotensión arterial, piel fría y malestar constante. Además de un tratamiento adecuado, se debe beber mucho líquido, evitar alimentos grasos y no fumar, consumir pequeñas comidas intercaladas y respetar su horario, ejercicio de manera regular con una vida relajada, limitar las comidas que produzcan gases, pero comer productos ricos en fibra, fruta y verdura. Durante el tratamiento farmacológico deben evitarse situaciones que requieran un estado especial de alerta, como la conducción de vehículos, ya que puede provocar somnolencia, sedación, cefaleas y en ocasiones irritabilidad. En casos como la diarrea que supongan un aumento llamativo del número de deposiciones diarias, se puede ver impedido el desarrollo continuado de las actividades cotidianas, entre ellas la conducción, por lo que es mejor evitarlo.

 

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