¿Despiste, comodidad o imprudencia temeraria?

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Hay casos de accidentes de tráfico cada día en nuestro país, con la desgracia de que muchos de ellos tienen consecuencias físicas de mayor o menor importancia en los implicados en un accidente. Lo curioso y tristísimo es que somos testigos muy a menudo de que la persona que provoca el accidente llega a salir ilesa, mientras que otros protagonistas inesperados pueden perder la vida en la carretera, muchas veces sin comerlo ni beberlo.

Poner nombres a este tipo de siniestros no es importante, a la hora de la verdad, en el instante que lo cambia todo todos somos iguales. Todos son víctimas de un accidente y en mayor o menor medida quedarán afectados para siempre por las consecuencias que de ello se derivan. Lo peor es cuando un accidente se produce por un despiste, pero despiste también pierde solidez como concepto pasando muchas veces a considerarse imprudencia temeraria.

Un accidente, uno de tantos, ha salido en el periódico esta mañana. El nombre de la víctima no importa, aunque sea el hermano de la ministra Sinde. Puede representar a todos los hermanos, a todos los motoristas, padres, hijos, hijas, tías. La situación es tan habitual que todos nos la imaginamos. O mejor no nos la imaginamos, porque sinceramente no me cabe en la cabeza que se repitan situaciones como la que nos ocupa.

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Un turismo inició el adelantamiento de un autobús y al hacerlo invadió el carril contrario, por donde circulaba la moto. En medio de la maniobra aparece el motorista que, sin poder reaccionar, se empotra con el turismo en un golpe que de necesidad es grave. El motorista muere sin que los servicios de urgencia puedan hacer nada por reanimarlo, el conductor del turismo sale ileso. El lugar: un tramo cualquiera. 6:25 de la mañana, una hora cualquiera. Carretera con circulación leve.

Otro accidente similar ocurrió también en nuestras carreteras. No es exactamente lo que voy a contar pero el siniestro es muy similar. Un motorista circula por un tramo de carretera y se aproxima a un cambio de rasante. Tras ese cambio de rasante hay una gasolinera con surtidores a ambos lados de la calzada. El motorista lo sabe, pero bueno, no tiene que repostar aún. Un conductor, mientras tanto, decide cruzar la línea contínua para pasar de los surtidores de su mano a los de la mano contraria. A lo mejor no quiere repostar, o a lo mejor no quiere sino cambiar de carril aprovechando la presencia de una gasolinera. Algo que puede ser que hagamos todos, pero solo en condiciones de máxima seguridad, visibilidad y, por supuesto, con línea discontínua. Resultado, golpe fuerte con resultado grave para el motorista.

Las consecuencias de un accidente

¿Despiste? En caso de ser un despiste, el conductor infractor no está en condiciones de circular. ¿Comodidad? En ese caso el conductor que provocó el accidente será un homicida ¿involuntario? Por su propia comodidad ha matado a una persona, ha tocado de lleno a una familia como las demás. ¿Imprudencia temeraria? Este caso es la definición de la imprudencia temeraria. No solo se hace una maniobra de cambio de sentido tras un cambio de rasante, sino que se hace pisando una línea contínua. De todas las formas que queramos verlo, no existe justificación posible.

Nos cansamos de hablar del “momentito“, de que las normas están para cumplirlas (si las queremos cuestionar hagamos uso de los canales lícitos, pero no se cuestiona una norma incumpliéndola), del instante que lo cambia todo. Son los títulos de nuestros posts, pero creo que son la realidad. Estamos cansados de leer noticias impersonales en las que leemos o escuchamos “presunto culpable” cuando los hechos, el incumplimiento de las normas, la temeridad, las imprudencias… tienen resultado de muerte para un tercero.

No sabemos en qué condiciones circulaba el motorista. Podría ir con exceso de velocidad, o no. ¿Es eso un atenuante para el que provoca el accidente? No. Sinceramente, cuando se trata de imprudencias temerarias debería haber mecanismos más ágiles para castigar al culpable. Porque a los fallecidos en carretera no tenemos que ponerles nombres, pero tienen nombre, y una vida, y una familia. Y por favor, estamos hablando de cambio de sentido de la circulación tras un cambio de rasante y pisando línea continua. O de invadir un carril sin saber qué viene en sentido contrario.

Fotos | adust, conanil