Deslumbramientos otoñales, peor con ojos claros

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El deslumbramiento se suele producir al volante por varias causas: otros conductores que no saben muy bien cómo gestionar el alumbrado del vehículo nos deslumbran con las luces de largo alcance (por delante y por detrás, realmente); nos echamos a la carretera antes del amanecer y de repente, tras una colina, asoma el sol en todo el esplendor de la mañana y nos deja cegatos; salimos de trabajar y el sol de la tarde nos inunda y nos deja sin ver más allá del volante.

Este último caso es uno de los que más peligro tienen, y más aún en el otoño. Es siempre algo muy incómodo, pero las personas de ojos claros lo sufren mucho más que los demás, y aparte de ser algo que todo el mundo sabe desde pequeñito, se ve agravado en caso de sufrir algún trastorno de la visión, por leve que sea, y todavía más cuanta más edad tengamos.

Deslumbramientos al atardecer en otoño, los más peligrosos

Mi teoría es que en otoño son más peligrosos los deslumbramientos porque la hora del ocaso coincide con la hora de salida del trabajo de la mayoría de la gente. Soy tan simple que pienso que, si mucha gente está en las carreteras a la peor hora de sol posible, más probable es que haya un porcentaje de afectados por deslumbramiento que desemboque en un porcentaje significativo de incidentes o colisiones.

Sea como sea, la verdad es que el problema del deslumbramiento está lejos de ser trivial. Las personas con ojos claros tienen menos protección natural contra la luz intensa, o dicho de otro modo, son personas a las que la falta de luz les afecta menos que a las personas con ojos oscuros, por eso será que en las altas latitudes los ojos son claros y la piel no es morena… Bueno, fin a las teorías personales.

Cuando conducimos y nos sorprende el sol, lo mejor que podemos hacer es tener la vista protegida por medio de gafas de sol. Pero sobre todo debemos tener vista para protegernos antes de que suframos el “golpe de sol”. Simplemente debemos adelantarnos a ese momento en el que vemos claramente que entramos en una zona donde da el sol. O si hacemos un recorrido habitual, debemos saber que el sol está ahí mismo, donde está cada día a esta hora.

Conducir deslumbrado es horroroso. Y también hay que echarle la culpa a la suciedad de los parabrisas, algo en lo que personalmente soy un paranoico. Llevar el parabrisas inmaculado no es solo cuestión de imagen, es que marca la diferencia cuando tenemos el sol de frente. No solo es necesario tener la zona de visión despejada, sino toda el área del parabrisas, para tener una visión perfecta y minimizar la dispersión de la luz a través de la… porquería.

En resumidas cuentas, conducir con la luna “guarra”, tener problemas de visión y edad avanzada aumenta las probabilidades de sufrir deslumbramiento, así que deberíamos estar preparados y ser prudentes. Como dice el doctor Juan Gros, especialista en Cirugía Refractiva de la Fundación Rementería:

Las personas con especial riesgo de deslumbramiento, como aquellas con ojos claros, defectos de refracción o glaucoma, deberían extremar las precauciones a la hora de conducir, en especial en condiciones atmosféricas adversas como lluvia o niebla, ya que no sólo se reduce la visión sino que la luz de los faros se refleja en el agua y crea una sensación de espejo que puede ser muy peligrosa

La vista no es una broma, una revisión a tiempo hace milagros. Y conducir deslumbrados no es una opción, así que pon en marcha todos los mecanismos de prudencia que te hemos contado, y ¡mucho ojo por las noches!

Vía | El Diario Montañés