Descansa en paz, Marco

Marco Simoncelli

Por segunda vez en un poco más de un año me veo en la tesitura de sentarme ante este teclado, virtualmente ante todos vosotros, con el corazón roto por un terrible accidente que se ha transmitido en directo a todo el mundo.

Supongo que, a estas alturas, no es necesario que os explique lo ocurrido. Marco Simoncelli, uno de los jóvenes pilotos con mayor proyección en el mundial de MotoGP, ha fallecido a las 10:56 de esta mañana a causa de las heridas producidas en un trágico accidente.

Tras no tomar bien una curva e intentar levantar su moto, la máquina quedó atravesada de tal forma que se arrastró hacia el interior de la curva, cruzándose en el camino de dos de sus compañeros de asfalto, Edwards y Rossi, que no pudieron sortear su cuerpo.

Todo ello, una semana después del terrible accidente en la Indycar que terminó con la vida de Dan Wheldon, no hace más que recordarnos lo fácil y rápidamente que se puede terminar todo. Unas curvas antes, disfrutamos del inmenso espectáculo que nos brindaban Simoncelli y Batista Bautista. Y la siguiente curva… nunca llegó.

Veinticuatro años, una carrera prometedora, una novia preciosa, miles de proyectos. Todo se acabó en una simple curva. En sólo unos segundos. Él, conocido por su valentía, nunca lo pensó. Por eso era tan admirado por muchísima gente. Por eso nunca le olvidaremos.

Tan o más impresionantes que las del accidente, las imágenes de su padre y su novia soportando la insoportable espera de noticias, y la más inaceptable respuesta final, han quedado gravadas en las retinas de medio mundo. Seguramente, es algo que nunca debería ser gravado y emitido por televisión. Pero no deja de ser la repetición del mismo drama que viven familias anónimas con cualquier accidente de tráfico.

Por que, en el fondo, es eso. El mismo drama que sufren todas las víctimas del asfalto.

No podemos vivir con miedo. No podemos dejar de vivir porque la muerte pueda esconderse detrás de cualquier curva. Pero, sin convertirlo en obsesión, tenerlo presente en el fondo de nuestra mente siempre puede ayudarnos a tomar mejores decisiones. Por desgracia, siempre que lo recordamos ya es demasiado tarde.

No quiero terminar sin presentar mis más profundos respetos no sólo a la familia de Simoncelli, y de Wheldon. Sino también a la de los miles de víctimas que cada año dejan nuestras carreteras. Porque toda vida siempre es demasiado corta.

Descanse en paz.

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Foto | Andrew Napier