Decisiones erróneas al volante: analizamos las causas de un siniestro vial

En la Primera Semana Mundial sobre Seguridad Vial de Naciones Unidas, hace ya mas de diez años, se dijo que la seguridad vial no es accidental. Desde entonces los mal llamados accidentes de tráfico tienen, por fin, una visión distinta. Las decisiones al volante cuentan a la hora de determinar la responsabilidad durante la conducción. No obstante, a la hora de analizar las causas de cualquier siniestro vial, son muchos los factores que intervienen. Además, hay que tener en cuenta las condiciones y circunstancias que rodean al siniestro vial para entender su resultado o gravedad de sus consecuencias.

No es lo mismo casualidad que causalidad

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Según la Real Academia Española, casualidad es la combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar. Sin embargo, el concepto causalidad resulta ser más complejo a la hora de definir, incluso, por la RAE. Puede que sea porque este último concepto esté más ligado a la filosofía por la relación entre causa y efecto. Incluso, podríamos hablar del principio de causalidad que nos viene a decir que todo fenómeno tiene una causa o que, la misma causa, va seguida del mismo efecto. No obstante, todo apunta a que la casualidad está más ligada al suceso imprevisto o fortuito y la causalidad a los hechos y los acontecimientos.

Precisamente a la pregunta por qué se le llama accidente y no siniestro viene a referirse a que un siniestro vial tiene su origen y explicación más en la causalidad que en la casualidad. De hecho, si fuese algo imprevisible no estaríamos ante un siniestro vial sino ante un accidente salvo que este fuese evitable. Por ejemplo, conducir con lluvia sin moderar la velocidad a la hora de tomar una curva señalizada como peligrosa. Si analizamos el ejemplo podríamos utilizar el principio de causalidad, es decir, la causa sería la velocidad inadecuada y el efecto perder el dominio sobre la dirección del vehículo. ¿Podría haberse evitado?

¿Cuáles son las causas de los siniestros viales?

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Desde un punto de vista, meramente estadístico, la DGT clasifica entre algunas de las causas en la producción de siniestros viales, las siguientes:

Relativas al vehículo: Deficiente funcionamiento de sus principales órganos, excesiva potencia, mala seguridad activa o pasiva, reformas de importancia no autorizadas y escaso mantenimiento del vehículo.

Relativas a la carretera: Defectos en su trazado, señalización y firme.

Relativas a fenómenos atmosféricos: Reducción de visibilidad por niebla o lluvia y deslumbramientos solares.

Relativas al conductor o peatón: Condiciones físicas, deficiencias en la percepción, falta de conocimientos y experiencia, así como errores ante situaciones de riesgo.

Otras: Insectos que se introducen en el vehículo, piedra que golpea el parabrisas y la presencia o caída de elementos naturales sobre la carretera de forma natural o con la implicación de un tercero.

No obstante, todo apunta al factor humano como el mayor protagonista en la siniestralidad vial y centra la producción del siniestro vial como fruto de la imprudencia. De ahí, la creación y relación del riesgo asociado a la conducción como factores determinantes. Por un lado tenemos la autoría, es decir, permitir el riesgo o la infracción a la norma. Y, por otro lado, los criterios o medios de prueba como, por ejemplo: previsibilidad en la conducta y alternativas existentes al cumplimiento de las normas sobre circulación y movilidad dentro del fenómeno vial.

De esta forma, el grado de dificultad en la conducción está en gran medida bajo el propio control del conductor. Por ejemplo, conduciendo más despacio puede ampliarse la capacidad de reacción ante una situación de riesgo al volante o dirección del vehículo. Esta es la razón por la que existe un consenso generalizado de que los factores humanos juegan el papel predominante en el comportamiento adecuado que requiere llevar un vehículo. Pero, ¿cuál sería el comportamiento correcto? Pues, controlando la propia actuación de acuerdo a los conocimientos y experiencia y, por otro lado, a la adaptación sobre las exigencias que nos presenta a diario la conducción.

Puede ser imprevisible pero no por ello inevitable

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Ante situaciones creadas o relacionadas con el riesgo en la conducción tenemos que mantener un adecuado nivel de alerta. Una atención en la conducción que impida contribuir, de una forma u otra, al conflicto o incidente que altere la seguridad vial. Para ello, están definidos en las cifras sobre la producción de siniestros viales una serie de errores más comunes y que en muchos casos tienen que ver con: la percepción, la comprensión, decisión y reacción. Por ejemplo:

– Descuido en las demandas de adquisición de información.
– No evaluar las maniobras llevadas a cabo por otro usuario.
– No predecir una situación esperada por otro usuario.
– Falta de cuidado a la hora de llevar a cabo una maniobra específica.
– Falta de dominio o control ante cualquier dificultad.
– Pérdida de habilidades y conocimientos que requiere la conducción.

Por último, las medidas sobre prevención vial requieren voluntad política e inversiones en medidas destinadas principalmente a los jóvenes. Las decisiones para mejorar la seguridad vial deben adoptarse en las más altas instancias de la Administración. Una cuestión que, además, nos afecta a todos: padres y madres, educadores, fabricantes de vehículos, asociaciones de automovilistas, aseguradoras, medios de comunicación, asociaciones de víctimas de accidentes de tráfico y sus familiares. La seguridad vial no es accidental ni se produce por azar porque son las decisiones al volante, las que cuentan.

En Circula Seguro | Los accidentes de tráfico: sus causas (1,2 y 3)

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