PAS: Proteger, Avisar y Socorrer

Bomberos en un rescate de tráfico
Hace unos días contábamos que los servicios de emergencias no hacen honor a su nombre y por eso se producían muchas más víctimas mortales de lo deseado, dado que el 66% de las muertes en accidente de tráfico tienen lugar en los primeros 20 minutos tras el fatídico suceso.

Los conductores y usuarios de las vías públicas estamos obligados, apelando al civismo ciudadano y a la moral de cada uno, a prestar auxilio a quien así lo demande o a quien, sin demandarlo, se encuentre en una clara situación de desamparo. No hacerlo está penado y se considera Delito de Omisión del Deber de Socorro. Sin embargo, la gran mayoría de los conductores no actúa correctamente (aún queríendolo) cuando se encuentra con un accidente. El desconocimiento, el miedo y el nerviosismo juegan en nuestra contra. Por eso, desde Circula Seguro, queremos recordar cuales son las pautas correctas dadas por el consejo europeo y ayudaros a que, si tenéis la mala suerte de toparos con un siniestro reaccioneis adecuadamente.

En primer lugar debemos tener claro que somos ciudadanos y que como tales, nuestra ayuda es fundamental. Pero es simplemente eso, ayuda. Ni somos profetas ni hacemos milagros, y por supuesto, no poseemos el material y el conocimiento del que están dotados los verdaderos equipos de emergencia. Sin embargo, nuestra forma de actuar en los primeros instantes será decisiva para el desarrollo final del siniestro.

Hay una cultura muy extendida en España que provoca que ante un herido grave no hagamos nada: por si lo estropeamos todo. La actuación en un accidente no sólo va encaminada a salvar la vida de los heridos, que a veces no es posible, sino que busca no agravar las lesiones ya producidas o producir otras por un mal comportamiento. No vamos a negar que hay ocasiones en las que «no hacer nada» es lo más conveniente, pero tan sólo tomaremos esa decisión después de estar plenamente seguros de que así sea. Tampoco pretendo hacer de este artículo un manual de primeros auxilios, ni mucho menos. Tan sólo recordar la importancia de actuar responsablemente, no crear más traumatismos a los heridos, avisar a las autoridades y ejercer un apoyo moral; que son todas ellas baluartes del buen conductor.

¿Por qué dudamos?
Evidentemente dudamos porque somos conscientes de la responsabilidad que tenemos entre manos. Pero si aprendemos a diferenciar la responsabilidad real, de la carga moral ficticia, la cosa irá mucho mejor. ¿Qué hacer para lograr eso? Tener claras tres letras, un acrónimo muy sencillo: PAS.

PROTEGER
Porque cuando se produce un accidente hemos de evitar otros, poner a salvo a las víctimas que hayan quedado desamparadas y evidentemente, no poner en peligro más vidas, incluyendo las de los socorredores y las nuestras propias.

Todas las medidas son muy simples y obvias y sin embargo cuando hay que aplicarlas con las prisas y el nerviosismo se olvidan demasiado fácilmente. Salvo que haya resultado herida muy grave o muerta alguna persona procederemos a restablecer el orden lo más rápido posible. Retirar los vehículos para que no ocupen toda la calzada, así como las partes que hayan podido desprenderse de la carrocería, etc.

En todo caso, cuando detengamos nuestros vehículos, procuraremos apartarlos lo máximo posible. Colocaremos los triángulos de preseñalización, encenderemos las luces de emergencia tanto de día como de noche y si es necesario las de posición. Si el accidente hubiera ocurrido en un lugar oscuro o durante la noche y siempre que sea posible, colocaremos nuestro coche de forma que las luces alumbren el lugar del accidente. Y por último, cuando nos movamos por el lugar del siniestro nunca invadiremos la calzada más allá de lo estrictamente necesario y siempre con el chaleco de alta visibilidad puesto.

Proteger incluye además avisar al resto de los usuarios para que no avancen y se vean así involucrados en otro accidente. Y su colaboración indirecta, avisando a los vehículos que les siguen por detrás y respetando la normativa es fundamental. Pedir ayuda a otros conductores para que avisen a lo demás vehículos no debería importarnos jamás y sobretodo, nadie debería negarse.

AVISAR
Llamar inmediatamente al teléfono europeo de emergencias, si el siniestro se produce en nuestro país o en la unión europea; claro. Es el conocido 112; conocido y sin embargo apenas utilizado en los casos más necesarios, por desconocimiento por olvido. Por eso, llevarlo apuntado en algún lugar visible o simplemente seguir las instrucciones de nuestro teléfono móvil para realizar llamadas de emergencia puede sacarnos de más de un apuro.

En este punto quiero recordar que los teléfonos móviles permiten, incluso sin introducir el PIN, hacer llamadas de emergencia. E incluso sin cobertura. Usemos todas las funciones y facilidades que nos ofrece la tecnología.

Debemos estar tranquilos al llamar. Decirlo es fácil, pero después nos alteramos muy rápido. Hablar con calma, serenos, explicar los detalles del accidente: número de heridos, estado de consciencia de todos ellos, número de coches implicados, kilómetro o lugar del accidente, sentido en el que se ha producido… y además, ayuda mucho informar del estado del tráfico en ese momento: qué retenciones se están produciendo, si hay o no efecto vaca en el sentido contrario, etc. Deberemos seguir a pies juntillas todas las instrucciones e indicaciones que nos ofrezcan desde el centro coordinador de emergencias y nunca finalizar la llamada sin que nos hayan dado confirmación de que la ayuda está en marcha y que ya podemos colgar el teléfono.

En este segundo punto es habitual que los heridos pidan que llamemos a alguien de su entorno, pero por el momento, lo que hemos de hacer es tranquilizarles y limitarnos a llamar a la ayuda sanitaria urgente. Después ya habrá tiempo de contactar con familiares, amigos o similares. Y si tenemos acceso a los móviles de las víctimas podemos incluso localizar el contacto ICE. Y seguro que si nosotros no llevamos dicho contacto en nuestra agenda en ese momento reflexionaremos acerca de su utilidad.

SOCORRER
El último paso para actuar correctamente es socorrer a las víctimas. No voy a entrar en la forma de prestar los primeros auxilios porque escapa a la intención de este escrito y porque no soy la persona más adecuada para enseñarlos.

Sí que recomiendo formarse a este respecto e incluso considero que debería incluirse como asignatura en la educación básica, pero por lo demás, será suficiente con haber actuado protegiendo y avisando, siempre que cumplamos la pauta básica de la que hablaba al principio: no hacer nada. Y con esto hablo de no movilizar a los heridos, ni retirar el casco a los motoristas accidentados, ni vendar, ni entablillar… y un sin fin más de acciones que podemos realizar. Es exclusivamente en este tercer punto donde, si no tenemos nada claro lo que hacer, podemos abstenernos por la propia seguridad de las víctimas.

Epílogo
¿Qué conclusión sacamos al respecto? La necesidad de formación y orientación de los conductores desde un punto de vista mucho más profundo y aplicado a la seguridad vial. Formación de rescate y formación psicológica para enfrentarse a escenas que pueden herir sensibilidades. Sobre todo, aprender a dividir las acciones a llevar a cabo durante un accidente. Siempre, absolutamete siempre, deberemos protreger y avisar. Socorrer, si no sabemos, dejémoselo a los expertos. Pero bajo ninguna circunstancia hemos de olvidar las dos primeras partes de este “algoritmo” de actuación.

¿Por qué no crear una campaña a este respecto? Lo mismo que la DGT ofrece campañas con sus pegatinas y llaveros de “SIN: La carretera te pide sin”, que cree campañas de “PAS: Proteger, Avisar y Socorrer”.