¿De qué debería depender el límite? (y 3)

El incumplimiento de los límites de velocidad será sancionado

Teníamos pendiente terminar el debate sobre qué debe factores deberían determinar el límite de velocidad. Recordad que nos estamos refiriendo a factores particulares sobre el vehículo y/o conductor. No únicamente medias y estimaciones genéricas.

Hasta ahora hemos hablado únicamente de factores que tienen que ver con el consumo, tanto desde el punto de vista económico (tanto para el bolsillo del conductor como para la limitada capacidad importadora del país), como desde el punto de vista medioambiental. Hoy, para acabar, veremos otros factores no relacionados únicamente con el consumo de carburante.

Algo que probablemente sea útil tener en cuenta es la capacidad de frenado del vehículo. La lógica parece clara: si un vehículo no puede reducir su velocidad en el espacio adecuado, no debería alcanzar velocidades demasiado altas.

Hay diferentes factores que influyen en la distancia de frenado. De entrada, por supuesto el estado de los frenos en si. Pero también, entre otras: la suspensión, la presión de ruedas y el estado de la cubierta.

Aunque pueda ser más que polémico, yo soy de la opinión que a la hora de determinar el límite deberían tenerse en cuenta los daños que puede llegar a ocasionar el vehículo a otros usuarios de la vía. Estos daños son directamente proporcionales a la masa: los vehículos grandes pueden ocasionar mayores daños que uno liviano viajando a la misma velocidad.

En cerita medida, esto ya se tiene en cuenta. Los camiones, por ejemplo, tienen límites propios. Sin embargo, entre la masa típica de los turismos y los famosos 3500kg hay demasiada diferencia. Un espacio ocupado por 4×4 y SUV que nunca llegan a ver una gota de barro. Aunque los conductores de estos vehículos se puedan sentir muy seguro, si se ven involucrados en accidentes son una amenaza potencial para los pequeñines.

También sería necesario tener en cuenta justo lo opuesto. Aquellos vehículos diseñados no sólo para proteger a sus ocupantes, sino también al resto de usuarios de la vía, podrían disfrutar de un poco más de manga ancha en el límite. Sobre todo, en ciudad todos los vehículos que no incorporen sistemas de protección de peatones ante un atropello deberían verse penalizados en el límite de velocidad.

Por supuesto, los sistemas de seguridad destinados a proteger los ocupantes del mismo vehículo también deberían ser tenidos en cuenta de forma positiva. Hay determinados elementos que hoy en día ya se han convertido prácticamente en indispensables (ABS, airbag, EPS, etc…).

No quiero terminar sin mencionar un factor más importante de lo que pensamos: el entorno cultural. Porque la circulación es un hecho social, ocurre en público, con otras personas. El ejemplo paradigmático de lo que digo es Alemania y sus famosas autobahn. ¿Sería eso viable en otro tipo de sociedad?

Por supuesto, todo lo dicho no nos exime de las limitaciones inherentes al ser humano, y al propio concepto de seguridad como el arte de reducir todos los riesgos a niveles aceptables. Es decir, por muy a la última que esté nuestro vehículo, aunque cumpla todos los requisitos al 100%, siempre deberán existir límites máximos, que ningún vehículo debería superar. Y, probablemente, esos límites no serán muy diferentes a los que existen hoy en día en los países de nuestro entorno.

Al menos, eso es lo que yo pienso. Ahora, os toca a vosotros comentar.

Foto | Hadrián Fernández, Naomi Ibuki
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