¿De qué debería depender el límite? (1)

Límite de velocidad de 30km/h

Tras la erradicación del límite de velocidad para noveles, ahora mismo las únicas características que determinan cuán rápido se puede circular legalmente – en ausencia de señalización más restrictiva – son el tipo de vía y la categoría del vehículo.

Es decir, dos turismos cualesquiera pueden circular por un determinado punto a la misma velocidad, sin atender a ninguna otra consideración. No importa la antigüedad, estado de conservación, consumo, eficiencia energética, carga, experiencia del conductor, su estado actual, capacidades físicas ni el origen cultural, etc.

Ante este echo, mi calenturienta mente no puede evitar preguntarse si debería ser así. Dicho de otra forma, ¿qué debería definir los límites de velocidad?

Os invito a reflexionar sobre diferentes argumentos, a favor y en contra, relativos a algunas de estas posibilidades. Yo, sinceramente, no acabo de ponerme de acuerdo conmigo mismo a la hora de discurrir sobre qué parámetros deberían tenerse en cuenta. Por ello, no voy a posicionarme de forma definitiva, pero pienso renunciar a mi subjetividad (que para eso escribo yo, para vuestra subjetividad podéis dejar comentarios, ea).

Antes de entrar en materia, dejadme plantear la cuestión de ¿y cómo se controla eso? Porque, por desgracia, todos sabemos que cualquier norma que no nos guste debe ser vigilada si tenemos cierta esperanza que se cumpla.

Por supuesto, sería muy lógico poner un límite de velocidad reducido para todos aquellos que conduzcan habiendo dormido menos de seis horas ese día. Pero, ¿cómo lo detecta el odiado radar?

Podemos imaginarnos sistemas de monitorización del conductor, algo técnicamente más factible de lo que podemos creer, pero no es realista pensar que algo así se pueda imponer en un espacio de tiempo razonablemente corto, y mucho menos con un coste asumible.

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Por lo tanto, voy a dejar fuera de la discusión todos aquellos aspectos circunstanciales, variables en el tiempo. Me voy a centrar en aquello que es más bien permanente, o por lo menos cambia en una escala de tiempo tan lenta que resulta factible controlarla con revisiones periódicas.

En principio, esas revisiones periódicas ya existen, ITV para los vehículos y renovación del permiso para el factor humano (aunque sean un chiste, teóricamente es una revisión). Por lo tanto, esta parte no supondría un esfuerzo demasiado grande.

Gracias a la tecnología, debería ser sencillo simplemente introducir los resultados en una base de datos central. Una vez hecho esto, cada vez que un control de velocidad mide la velocidad de un vehículo (ya sea un radar automático o un agente de carne, huesos y mala uva), simplemente tiene que contrastar la medición con el contenido de la base de datos.

Este método presenta un pequeño problema. Para que funcionara, probablemente significaría que los radares deberían fotografiar a todos los vehículos, incluso los que van a velocidad legal. Después, el sistema comprobaría si el vehículo correspondiente tenía impuesto un recorte en su velocidad máxima.

No hay que ser un lince para darse cuenta que esto comportaría una enorme sobrecarga en el sistema, ya que de comprobar únicamente los potenciales infractores, debería lidiar con prácticamente todo el tráfico rodado. Pero es algo perfectamente factible, e incluso diría que relativamente sencillo de programar. Y financiar, ya que no requiere cambios significativos en la infraestructura. Por ejemplo, el peaje urbano de Londres utiliza un sistema similar.

Un posible problema es que con esta metodología sería realmente sencillo identificar limitaciones intrínsecas al modelo del vehículo, o derivadas de deficiencias observadas en las revisiones técnicas. Pero no sería tan sencillo identificar al conductor. Porque sabemos que un mismo coche no siempre es conducido por una única persona. Aunque hay algoritmos de reconocimiento facial, son muy costosos y necesitan buena calidad de imagen… y que la toma sea frontal, no trasera como la mayoría de radares.

Hay otras posibilidades, por ejemplo que los vehículos incorporen un transponedor; pero con esto nos topamos de nuevo con la insoportable inviabilidad económica a medio plazo.

Bien, ahora ya que ya tenemos una somera idea de lo que sería posible controlar (que, aunque no guste, es un factor probablemente más que determinante a la hora de tomar decisiones políticas), en la segunda entrega de esta mini-serie ya estaremos en condiciones de ir al grano y reflexionaremos sobre los diferentes criterios que deberían tenerse en cuenta a la hora de definir los límites de velocidad.

Fotos | Tomás Fano, Naomi Ibuki

En Circula seguro |¿De qué debería depender el límite? (1), (2) y (3)