De lo lógico y lo ilógico

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Os aviso que tengo un día algo cartesiano. He recordado una anécdota de mis prácticas, hace ya catorce meses, donde mi profe y yo nos pusimos a contar las señales que nos encontrábamos en el trayecto que hacíamos cada día desde la zona de examen hasta la autoescuela. Apenas cinco minutos, y nos salían cerca de cincuenta señales.

Ahora se me ocurre que deberíamos haber llevado nuestro pequeño estudio estadístico un paso más lejos. ¿Cuántas de estas señales son masivamente ignoradas por la mayoría de los conductores? Me aventuro a decir que más de la mitad. Y aquí es donde me asalta la duda, ¿es lógico?

Un ejemplo de estas señales ignoradas. En nuestro camino hay cinco rotondas, si no recuerdo mal. La mayoría de ellas están en zonas limitadas a 80km por hora. A unos dos cientos metros antes de cada una, hay señales que nos obligan a reducir a 40. En principio, significa que al sobrepasar la señal ya debemos ir a esa velocidad.

No obstante, lo normal es que los conductores calculemos nuestra desaceleración para llegar a las inmediaciones de la glorieta con la velocidad necesaria para poder observar con comodidad y pararnos sin dificultades si es necesario. Eso acaba significando que, la mayoría de las veces, al pasar por al lado de ese 40, aún vamos mucho más rápido.

Sin embargo, pese a saltarnos esa señal, lo normal es que la preferencia de paso dentro de la rotonda siga respetándose. Los conductores hemos decidido que ignoramos la señal, frenamos al ritmo que queremos, pero al final lo acabamos haciendo y dejamos pasar a los que están dentro de la rotonda.

Otro ejemplo. La típica señal triangular que nos avisa que nos aproximamos a un punto de la vía donde hay vehículos que se incorporan por nuestra derecha. Estas señales suelen ir acompañados por un límite de velocidad, de esos que sólo duran hasta que termine el peligro (la incorporación, en este caso). Que levante la mano aquél que siempre lo cumple.

Vale, los que habéis sido sinceros podéis bajar la mano, el resto tenéis que dejarla levantada como castigo hasta el final del artículo. Yo personalmente debo reconocer que lo cumplo la mitad de las veces. Cuando no lo hago, me viene cierto remordimiento que hace que la siguiente vez lo intente cumplir. Después, con la conciencia limpia, la siguiente vez vuelvo a permitirme seguir con mi velocidad anterior casi intacta.

Ahora bien, si da la casualidad que cuando vamos a pasar hay alguien intentando incorporarse, la mayoría de los conductores no tienen reparos en frenar un poco para facilitar la incorporación. O en cambiarse de carril, si es posible.

Observando estos dos ejemplos, vemos como hay señales concretas que no se han cumplido. Pero la lógica detrás de ellas sí se cumple: solemos llegar a las rotondas con una velocidad razonable para ceder el paso si viene alguien por dentro, y solemos facilitar las incorporaciones.

Y aquí es donde vuelvo a mi duda original: ¿es lógico? A mi no me lo parece. Y lo peligroso de todo esto es que a fuerza de estar acostumbrados a que haya señales superfluas, puede resultar en que empecemos a ignorarlas de forma constante. Sin sopesar individualmente si cada señal entra en el paquete de las lógicas o no.

Siempre he pensado que criticar sin dar alternativas es feo, así que con vuestro permiso expondré la solución que, a mi, me parece más lógico. Me baso en dos principios.

Mi primer axioma es que todos los conductores quieren llegar a su destino, nadie quiere tener un accidente ni provocar que otros lo tengan. Así que cuando un conductor sabe que se aproxima a una situación complicada, él mismo utilizará su lógica para adecuar su comportamiento de forma que le permita seguir con seguridad.

La segunda suposición es que las señales deben servir para advertir al conductor situaciones donde su lógica no daría los resultados más adecuados. Por ejemplo, por que hay algo que no se puede ver con suficiente antelación.

De esta forma, confiamos en que el sentido común del conductor le llevará a actuar de la forma más adecuada en la mayoría de soluciones. Y en las situaciones en que se encuentre una señal, sabrá que es por que existe un motivo real, y la cumplirá. Por que lo que es lógico, es mucho más de cumplir.

Esto requiere, básicamente, dos grandes cambios. Uno, es cultural. O educativo, si queréis. Cuando alguien se apunta a la autoescuela, debería estar más interesado en aprender a circular de forma segura, a adquirir el criterio necesario.

El otro cambio sería la racionalización de la señalización, por que está claro que la actual es excesivamente paternalista, nos intenta guiar tanto que acaba saturando la capacidad de cumplirlas. Y no es lógico que las propias señales nos pongan más difícil el poder cumplirlas.

¿Soy un soñador? Quizá sí. Bueno, John Lennon ya decía no ser el único.

Fotos | garromeister, Alex CD