Darwin y la seguridad vial

Charles Darwin

Dijo el gran científico Charles Darwin que solo los más adaptados sobreviven y evolucionan dentro de la selección natural. A veces he utilizado su teoría para añadir la nota irónica a un artículo, como “se lo buscó” o “era lo que tenía que ocurrir, ni más ni menos”.

Lo admito, a veces me comporto como un darwinista social, pero tampoco llevo mis ideas demasiado lejos. Me he topado con gente, a lo largo de discusiones sobre seguridad vial, que es un darwinista social puro y duro, y eso ya va muy lejos. Me explicaré mejor, porque así en seco no es fácil de entender.

Me refiero a quienes abogan por una carretera más libre de normas, o más libre de vigilancia, dejando la regulación normativa y poniendo las cosas en manos de la naturaleza. Es una forma sutil de decir que hay gente que merece matarse y no perpetuar la especie. Tal como suena.

Por ejemplo, me han llegado a decir, que los límites de velocidad no deberían existir. Cada conductor debería circular al ritmo que considere más seguro, y si se pasa de la raya, pues es su problema. De hecho ya es así, pero las normas de tráfico amortiguan esa “selección natural” un poco.

Coche accidentado

Hay quien va más lejos todavía, sugiriendo que quien no sepa controlar un sobreviraje sobre agua y su coche no le salve los trastos, que se la tenía que pegar. Una postura bastante insolidaria, me gustaría verles repitiendo esas afirmaciones en el funeral de un conocido o familiar que se lo merecía.

Partamos de la base de que un muerto en accidente de tráfico no vuelve a morirse, ahí se acaba su historia. Ahora mismo, en las autoescuelas, se están formando futuras víctimas de accidentes, pero no lo saben. Lo más normal es no saber cuándo le toca a uno, porque le puede tocar a cualquiera.

Pensémoslo. Si no aparecen nuevas víctimas, llegaría un punto en el que ya no habría más, pero sigue habiéndolas. Afortunadamente, van descendiendo en los últimos años, pero haberlas, haylas. Tiene que haber mecanismos que faciliten a los “menos adaptados” (y los “más adaptados” también) perpetuarse, y reducir la influencia de la suerte, destino, o x en la conducción.

Puede tener un accidente un buen conductor y un pésimo conductor, ahí no hay diferencias. Las probabilidades son condicionadas, varios factores pueden determinar a quién le toca la china. Ojalá ser buen conductor bastase para librarse de esa posibilidad, aunque es cierto que ayuda lo suyo…

Drama en carretera

Los poderes públicos tienen mucho que ver en esta cuestión. Limitando el libre albedrío nos diferenciamos de los países sin ley o la misma selva. De acuerdo, una regulación que tienda a ser opresiva no nos gusta, pero ¿acaso tiene sentido? Pensemos en ello con frialdad.

Los sujetos que se creen más capacitados no quieren tanta regulación o vigilancia, creen que su criterio es suficiente para circular con seguridad. Es el “déjenme hacer lo que me de la gana mientras no ponga en peligro a nadie ni moleste a los demás”. Eso es una llamada a instaurar la ley de la selva, ni más, ni menos.

La seguridad es una percepción, es muy personal. Dos personas pueden tener percepciones muy diferentes de las mismas circunstancias, porque es algo subjetivo. Por eso la percepción personal no es un sistema de seguridad perfecto, porque debe obedecer a una serie de normas y limitaciones que aumenten la seguridad.

La regulación y la vigilancia no tienen que ser de nuestro agrado, no es su función. Sin normas, no hay libertad. Y sin vigilancia, las normas se respetan menos. Son males menores. Imaginemos un partido de fútbol sin arbitraje ni normas, un examen donde nadie vigila a los alumnos… estamos pensando en lo mismo, un cachondeo.

Esquiva en circuito

Del darwinismo social pasamos al extremo opuesto en lo ideológico, y es el control total. El que se pase un centímetro de la línea delimitada, castigo, oprimiendo, reprimiendo y abusando. Evidentemente, tampoco se trata de eso. Es complicado hacer un balance entre la libertad individual y la colectiva.

¿Realmente es tan malo el sistema que tenemos? No digo que no pueda ser mejorable, pero no creo que haya que abolirlo, ni desregular más de la cuenta, ni tampoco convertirlo en un fastidio sin efectos prácticos. Hay que encontrar el equilibrio para que haya más gente satisfecha, pero satisfacer a todos es imposible.

Está claro que el “yo controlo” no es un sistema de seguridad demasiado efectivo, y hacen falta medidas suplementarias, a veces muy impopulares. Pero si tuviésemos una buena educación, una buena formación y un mayor sentido de la responsabilidad, el “yo controlo” sería mucho, mucho, muchísimo más efectivo.

En resumen, no se trata de caminar hacia la anarquía, sino hacia una mayor educación, formación y concienciación. Si fuese así, no haría falta tanta norma y todos seríamos más felices.