Cuida a ese niño aunque vayas “aquí al lado”

Niñas yendo al colegio

La vuelta al cole ha llegado y a mí cada mañana se me ponen los pelos como escarpias. Veo cómo decenas de coches abarrotan las inmediaciones de la escuela de mi hija con niños dando botes de asiento en asiento. Incluso de vez en cuando te encuentras todavía con madres que llevan a un bebé en brazos, como si las hubieran sacado de un capítulo de Cuéntame o algo así.

Ya sabemos que no todas las sillas para niños son eficaces, pero en una colisión leve siempre hará más efecto un asiento infantil, por modesto que este sea, que llevar al crío suelto y dando bandazos por el coche.

Alguno dirá que para él es muy prematuro hablar de niños sentados en el coche, porque eso de tener hijos le queda muy lejos. Y a ese lector escéptico me dirijo ahora, ya que son muchos los traslados ocasionales que tienen por protagonista al sobrino de turno o al hijo de unos amigos que llevaremos de forma puntual en el coche. “Total, es aquí al lado”, se disculpa el que lleva al chaval alojado en el vehículo de cualquier manera.

En un vehículo no hay recorrido exento de riesgo. El viaje puede durar treinta horas (con sus paradas para descansar) o diez minutos insignificantes. En un solo segundo, se puede montar un buen follón. Por eso, las medidas de seguridad son necesarias en todos los desplazamientos, incluso en esos movimientos tan rutinarios que consisten en llevar al niño al cole por la mañana y recogerlo por la tarde.

Al final, todo lo que podamos decir sobre la conveniencia de usar sillas infantiles se puede resumir en un vídeo de sólo 14 segundos de duración que muestra con una indudable plasticidad las consecuencias de una colisión a 50Km/h.

Así es. Por buena voluntad que tenga el padre o la madre con el niño, no hay brazos que sean lo suficientemente fuertes como para aguantar al chaval en el momento en que repentinamente se disipa toda la energía cinética acumulada durante la marcha del vehículo. Resultado: la criatura vuela literalmente hasta estrellarse contra el asiento delantero, contra el parabrisas o contra algún otro elemento de la estructura del coche.

Si sabemos que en cualquier segundo nos puede cambiar la vida y sabemos que un niño puede matarse de esta manera, ¿por qué no sumamos una cosa y la otra, a ver si dos más dos siguen siendo cuatro? Eso todavía lo enseñan en la escuela, ¿verdad?

Foto | zedzap

Vídeo | XepC