“Cuéntamelo como si tuviese seis años”

Distracciones

En la película Philadelphia hay una frase que me llama la atención, y la dice varias veces el abogado que defiende al protagonista, que a veces dice eso para que le expliquen un concepto de forma simple, a ver si lo ha entendido. Y esa frase me ha venido a la mente pensando en el tema de las distracciones.

La DGT nos prohíbe conducir utilizando el teléfono móvil con una mano, deben estar totalmente libres, de ahí el “manos libres”. Pero la DGT no nos prohíbe hablar con el pasajero, y eso puede ser tan o más peligroso que hablar por teléfono. Me remito a mi experiencia personal.

Cuando conduzco, tengo la costumbre de no mirar a los ojos a la persona que va a mi lado. Si va alguien detrás, de vez en cuando puedo mirar por el retrovisor a la vez que vigilo el tráfico posterior, pero claro, no voy permanentemente mirando. Los usos sociales permiten esa excepción en la conversación en aras de la seguridad.

Tengo más que comprobado que, aunque no vaya mirando a mi interlocutor, mi posible distracción tiene mucho que ver con el tema de la conversación. Si el tema es fácil, o no me hace pensar, o no requiere de mi capacidad de abstracción o de imaginar, me permite concentrarme fundamentalmente en el tráfico.

Distracciones

Así, mi pérdida de atención es mínima, es casi como conducir en silencio o con un enterrador poco sociable. Sin embargo, cuando se va enredando el tema, como obligarme a imaginar situaciones de personas que ni siquiera conozco, debo admitir que la mente no me funciona igual de bien.

Si detecto una situación así, le digo a mi pasajero que por favor me hable como si tuviese seis años, o como si yo fuese idiota. En realidad, si debo obligar a mi mente a concentrarme en dos tareas simultáneas, conducir y conversar, pues mi capacidad mental se divide, y presto menos atención a ambas tareas.

El cerebro humano en ese sentido funciona de forma parecida a un ordenador. Si solo hay un programa en ejecución, se dedica el 100% de la potencia de proceso para llevarlo a cabo. Pero si hay dos programas a la vez, pues los recursos se dividen, ya no hay un 100% para cada uno. Pues esto es lo mismo.

Obviamente, me interesa más el ir atento a la carretera que ser partícipe de lo que me están contando o que explique yo, de modo que intento dejar más cabeza para conducir, y atontarme en la conversación. Y noto que haciendo eso, me noto mucho más torpe como hablante y como oyente.

Distracciones

Se puede hacer una prueba con facilidad y sin riesgos. Prueba a jugar a cualquier juego de coches manteniendo una conversación, una de dos, o pasas olímpicamente de quien te habla, o es como si condujeses con muñones, especialmente en juegos de velocidad, como las simulaciones de carreras.

Pero vayámonos a otro extremo. Durante un viaje monótono y largo, durante unos 45 minutos mantuve una conversación por el teléfono manos libres con una persona. Apenas había tráfico, la carretera me es de sobra conocida, el coche mantenía la velocidad con el control de crucero y los temas de conversación eran más bien banales.

En ese tiempo, seguí siendo consciente de la señalización, el retrovisor, si tenía que adelantar me cuidaba de vigilar el carril izquierdo… hasta me topé con una retención inesperada por accidente y no tuvo ninguna consecuencia… porque iba atento a la carretera. Eso sí, las condiciones exteriores eran muy poco exigentes para mi cerebro.

Con esto quiero decir que había menos estímulos que pidiesen mi atención. Me parece mucho más peligroso estar hablando con alguien en tráfico urbano, vigilando velocímetro, los semáforos, que haya peatones que crucen por donde les sale de ahí mismo, los ciclistas, que el de detrás me la va a liar, etc.

Distracciones

¿Prohibirá la DGT la conversación en los coches? No creo que lleguen tan lejos, pero cada uno debe saber marcar un límite. Se puede hablar en el coche, pero siempre y cuando no nos distraigan más de lo imprescindible. No conozco a nadie que lleve la seguridad hasta el extremo de volverse mudo y sordo cuando conduce, tampoco es eso.

Sin embargo, si notamos que no podemos prestar la debida atención, habrá que pedirle a nuestro compañero de intercambio de ideas que cambie de tema, o que te deje tranquilo un momento… o ignorarle por completo si la situación lo requiere. Más de una vez, he tenido que pedir que me repitan algo… que simplemente no escuché.

Una situación potencialmente peligrosa bloqueó todos mis sentidos en vigilar eso, y el ruido de conversación se convirtió en lo mismo que el motor… está en el ambiente, no le presté atención. Una conversación “física” puede ser más peligrosa que hablar por teléfono con manos libres (que no es más que conversar pero sin mirar a los ojos).

Es posible que algún pasajero no entienda esto y se ofenda… Explícaselo cuando hayáis parado, mejor. Pon el ejemplo del copiloto de rallyes. El piloto puede ir escuchándolo constantemente, mientras le diga cosas sencillas y no le distraiga. En el momento que el piloto mire al copiloto o le pregunte la fecha de su aniversario, se comerán el primer pino que tengan cerca.

NOTA: En la primera imagen vemos a un alumno de un curso de conducción, con un monitor, en un circuito cerrado, comprobando las consecuencias de las distracciones en un entorno seguro.

Fotografía | Javier Costas (I, II, III), Akunamatata (IV)