Cuando un error transforma la tragedia en astracán

Llamada telefónica

Tras el siniestro, uno de los peores momentos ocurre cuando la Policía se pone en contacto con los familiares de la víctima. Cuando esta comunicación se realiza por vía telefónica, una voz desconocida pregunta si tal persona vive en la casa a la que están llamando. Entonces el interlocutor responde afirmativamente y a continuación recibe la peor de las noticias. Después de eso, el sonido que llega por el auricular se desvanece para ser sustituido por el llanto y el lamento del familiar de la víctima.

Es un momento trágico, sin duda. Pero hay ocasiones en las que un error puede hacer que ese momento trágico se retuerza hasta alcanzar tintes de tragicomedia, cuando no de astracanada. Sucedió en Bélgica algo digno de ser llevado a la pantalla por un buen guionista. Un par de agentes de la Policía se presentaron en casa de un señor y le comunicaron su propia muerte debido a una colisión en la que se vio implicada su moto.

Después de que el presunto fallecido declarara que todavía no había muerto, ni ganas, la Policía tuvo que convenir hábilmente que había incurrido en un error más que evidente.

Cuando los agentes llegaron al lugar de los hechos fue imposible identificar el cadáver, que además de quedar irreconocible viajaba indocumentado, por lo que echaron mano de la matrícula del vehículo para llegar hasta la identidad de su conductor. Con lo que no habían contado los agentes era con la posibilidad de que el fallecido hubiera falsificado la placa de la matrícula (o robado, dicen otras versiones). Finalmente identificaron a la víctima gracias a un teléfono móvil que llevaba encima en el momento de su muerte.

En cualquier caso, el susto que tuvo que llevarse aquella persona que recibió la visita de la Policía es para enmarcarlo. Si hubiese sucedido a finales de octubre, todo el mundo habría buscado en el calendario la proximidad de la fiesta de Halloween.

Afortunadamente, y por la cuenta que les trae, los agentes suelen pensárselo varias veces antes de llamar a la puerta o empuñar el teléfono. Es un momento duro, también para ellos. Los agentes de Policía son los encargados de truncar esa fiesta a la que un invitado debería haber llegado ya. Son los responsables de explicar el cómo y el porqué de una situación que habitualmente no tiene ningún sentido. Son los mensajeros del dolor irreparable y muchas veces inaceptable. La astracanada belga debió suponer, a la vez, un desconcierto y un alivio para los agentes que dieron la noticia al falso fallecido.

Vía | 3cat24.cat

Foto | Flickr (Enrico Maioli)

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  • Yon

    Lo “positivo” del asunto es que le dieron la noticia al presunto fallecido y no a un familiar suyo.