Cuando la calle no ayuda a la convivencia

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Cuando eramos pequeños, a los que nos gustaba jugar al fútbol temíamos al típico jugador que su única máxima era la de que “o pasaba el jugador o pasaba la pelota, pero las dos cosas no pasaban”. Al igual que este temible jugador, muchos calles de cascos históricos de pueblos y ciudades españoles se rigen por este mismo principio. O pasan los peatones o pasan los vehículos, los dos a la vez, difícilmente.

Sirvan de ejemplo las dos fotos que ilustran el post tomadas en una ciudad muy turística del sur de España. En los momentos de máximo bullicio, circular por ellas se convierte en un verdadero suplicio, principalmente para los peatones. Y ya no sólo hablamos de coches particulares, sino que también hay que “lidiar” con camiones de reparto o autobuses urbanos, aunque sean de los de menor tamaño.

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Son calles en las que en algunas ocasiones carecen de una de las dos aceras ( 20 centímetros de acero en ningún momento debería considerarse como tal)y la otra tiene la anchura justa para que el peatón se ponga espalda contra la pared para ceder el paso al vehículo. Aunque las hay incluso peores, sin aceras en las que para pasar el coche tiene que esperar o lo tienes que hacer tu. Lo más parecido a un encierro si cambiamos los coches por toros.

Está claro que en estos casos la peculiaridad del origen de las calles, hace siglos ni se les pasaba por la cabeza que llegaría un día en que unas bestias mecánicas poblarían nuestras calles, hace imposible de una regulación “normal”. En ellas se rige por la ley del conductor, el eslabón fuerte en este caso, que dice que primero pasa el vehículo y despúes el peatón o por la buena educación y convivencia de unos y otros.

La escasa velocidad por las que se puede circular en esas calles hace que los percances sean pocos. Pero ceder el paso y esperar unos segundos, aún cuando se tenga prisa es mucho mejor que intentar pasar por donde no hay espacio y provocar un accidente tonto, pero accidente aunque éste solo sea tal para la parte débil.

Fotos | L. Güerre

  • Por la calle de la foto me llevaban de pequeño todos los dias a la guardería. Esta es una ciudad acostumbrada al bullicio. En las celebraciones de la semana que viene esas calles si que seran un auténtico “encierro”, y no habrá ni un solo coche, en su lugar habrá grandes pasos, algunos bastantes mas grandes que el autobús de la foto.

    El resto del año me encanta callejear por esas calles con el coche, con la bici y andando, se puede convivir perfectamente, mientras los conductores sean medianamente respetuosos y los peatones no sean personas que vayan por la vida quejándose de todo.