Cuando el peligro aparece donde menos te lo esperas

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Como la de muchos de nosotros, mi infancia transcurrió en un pueblo. De esos no muy grandes en los que todo el mundo se conoce y puedes aprender sin dificultad el nombre de todas las calles. Y como muchos de los que viviamos en pueblos así la calle era nuestro centro de juego. Patinentes, fútbol con una puerta de garaje como portería, casi cualquier cosa se podía hacer a menos de 100 metros de tu casa. En aquella época la densidad de automóviles permitía calles amplias y también permitía que nuestros padres pudieran vigilarnos con un vistazo desde la ventana de casa. Vamos, que jugar en la calle era algo de lo más normal.

Si miro atrás pienso que en las miles de horas de juego en ningún momento pensé en mi propia seguridad, quizás porque en ningún momento pudiera pensar que era algo peligroso. Los coches pasaban de vez en cuando, y eras consciente de su presencia con el tiempo suficiente para terminar una jugada clara de gol.

Hoy en día eso sería imposible. Las calles están a rebosar de vehículos, ya sean aparcados o en movimiento. Pero también ha cambiado el concepto que tenemos sobre la seguridad, esta vez para mejor. La calle no es lugar para los niños. Gracias a las administraciones las zonas de juego son más abundantes y están mejor dotadas. Aún así aún son muchos los que siguen prefiriendo la cercanía de su “barrio”.

Esta situación hace que en poblaciones pequeñas, a la hora de circular, haya que tener un cuidado especial. Calles de un solo sentido con coches aparcados a ambos lados, mal aparcados en las múltiples esquinas o contenedores puestos con mayor o menor sentido. Calles con efecto tunel y en las que el límite de 50 km/h se antoja como excesivo, sin contar con la excesiva fogosidad de algunos conductores. El peligro puede aparecer cuando menos te lo esperes, tras un balón o a la vuelta de una esquina y lo que es peor, sin demasiado tiempo para reaccionar.

  • También es verdad eso que comentas, que antes estaba todo limpio de coches aparcados, y aún así, el típico seat 850 venía a 10 o 20 km/h super tranquilo, mientras que ahora vienen bastante rapidito por cualquier callejuela