Contra las rotondas* mal planteadas

(*: Llámense rotondas o glorietas, como cada cual prefiera)

Exceso de rotondas. Fotomontaje

Andaba yo echándole un vistazo al reciente informe EuroRAP que ha preparado el RACC sobre las carreteras de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, cuando me he dado de bruces (qué fino me ha quedado) con una frase de aquellas que son para elevarlas a la categoría de titular:

El tramo más peligroso se encuentra en la carretera C-3223 entre la ciudad de Yecla y el límite provincial de Albacete. Su peligrosidad es debida en su totalidad a 3 rotondas puntuales.

Las rotondas son como el vino: mejoran la circulación siempre que sean de calidad y se administren con buen criterio y mesura; pero en exceso, cuando no toca y cuando son de garrafón, acaban con la vida de cualquiera.

Durante el siglo XX nos fuimos encontrando en España con una remodelación social y urbanística histórica. De una situación completamente agraria pasamos lentamente (muy lentamente, porque nos llevó casi 70 años) a la eclosión de las ciudades y el triunfo de la segunda residencia, un buen caldo de cultivo para la creación de infraestructuras que promoverían el uso del transporte privado.

Coches por todas partes y vías próximas a la saturación. Surgió entonces la necesidad de agilizar el tráfico. Pero, claro, tampoco era cuestión de adoptar una medida que nos llevara a todos a la hecatombe circulatoria. Había que garantizar la seguridad de todos los usuarios de la vía. Total, que alguna mente bienintencionada recurrió a la rotonda, un invento adoptado por media Europa y denostado en América, como solución que, bien utilizada:

a) agiliza la circulación,

b) resulta más segura que una intersección vulgaris.

Es así. Si una rotonda se emplea adecuadamente, el mismo flujo circulatorio se encarga de regular la intersección, ya que las fases de paso no son tan estáticas como resultan en un juego semafórico ni se castiga a las vías secundarias como lo hace una señal de stop. Y como es el mismo tráfico quien se autorregula, es un sistema que resulta muy barato de mantener.

La rotonda es más segura que una intersección convencional (un cruce de los de toda la vida) porque todos los vehículos vienen por un mismo lado y se les ve llegar a una distancia suficiente. Además, no existe la posibilidad de colisionar frontalmente (salvo que a algún mentecato se le ponga por montera entrar en el sentido de las agujas del reloj, claro), con lo que se reducen los daños por siniestralidad de forma espectacular.

Entonces, ¿dónde está el problema?

Sencillo: en el planteamiento de la rotonda como remedio para todos los males de la sociedad, incluidos el resfriado, el codo de tenista y el dolor de juanetes. Cuando éramos pequeños, aprendimos que cada herramienta se concibió para un uso determinado. Así, no se puede clavar un clavo con unos alicates ni se puede pintar una pared con la punta de unas tijeras. Bueno, sí que se puede, pero quizá los resultados que obtengamos no sean los más adecuados.

Lo mismo sucede con las infraestructuras. Y, ya que hablamos que rotondas, pues lo mismo sucede con las rotondas. No es lo mismo encontrarse con un nudo viario especialmente proyectado como tal, donde se alternan los flujos de vehículos de forma ágil y segura…

Glorieta del Temple, Ponferrada

que una rotonda imposible por ser tan pequeña que apenas merece comentarios serios:

Mini-rotonda, Vallirana

Para ir bien, el diámetro de la isleta central de una rotonda debería estar entre los 20 y los 40 metros. Por encima de esa medida, estaríamos hablando de rotondas grandes. Por debajo de los 20 metros, hablaríamos de rotondas pequeñas. Pero cuanto menor es el diámetro de una rotonda, más posibilidades existen de que se formen follones a su alrededor y en su interior.

Si colocamos una mini-rotonda en la confluencia de una vía con más tráfico que otra, apenas da tiempo a que se alternen los flujos de la circulación. Lógico, ¿verdad? Si por la vía que más tráfico lleva llega un vehículo a la mini-rotonda, pasará por delante nuestro antes de que podamos respirar. Y tras él vendrá otro. Y otro. Y otro más. Y así uno detrás de otro hasta que se extingan por aburrimiento. ¿Dónde está entonces la agilidad de esa rotonda? ¿Dónde queda la autorregulación del tráfico que se le atribuye?

Ojo, que para que se pierda la agilidad de la rotonda no es necesario recurrir a un diámetro exageradamente pequeño. Todos hemos visto y sufrido esa sucesión de rotondas dispuestas a lo largo de una enorme avenida que, instaladas con el pretexto de ralentizar la velocidad media de los vehículos que pasan por allí, lo único que consiguen es que los conductores las tracen siguiendo una trayectoria cuasi-rectilínea a toda pastilla, sin permitir la incorporación de los conductores que pretenden acceder a esa vía desde las calles que confluyen en cualquiera de esas rotondas.

Pero no todo son problemas de aglomeración. Hay también un problema de seguridad. En el interior de la rotonda minúscula encontramos desde el típico que se come la isleta porque no la ve hasta el que se emperra en trazarla en línea recta. Encontramos también desde aquel que la aborda con tanta velocidad que alcanza a otro que daba media vuelta ajeno a lo que se le venía encima hasta aquel que, harto de dar vueltas, tira su coche en el primer sitio que se le ocurre, que no es otro que el centro de una mini-rotonda que pasaba por allí:

Coche mal aparcado en Mieres

¿Que la falta de seguridad viene dada por el mal uso de la rotonda por parte del conductor? Hombre, pues sí… y pues no. Siempre tenemos el ilustre consistorio que elige la rotonda más pequeña del municipio para colocar en su centro el monumento de turno a los caídos por los suelos:

Mini-glorieta con monumento

Y luego están los que aprovechan la rotonda para montarse la selva de Tarzán, que ya se sabe que mientras la cosa quede bonita no importa que la decoración dificulte la visibilidad de la intersección.

Rotonda selvática, Pobla de Vallbona

Dicen los entendidos en cuestiones de rotondas que estas infraestructuras son realmente útiles siempre y cuando su instalación se considere tras un proyecto específico llevado a cabo por un equipo pluridisciplinar que observe puntos esenciales como el tipo de vía que se pretende canalizar, las cargas de tráfico que soportan cada tramo de los que confluirán en la rotonda y la disposición geométrica de esos tramos.

No sé yo si en todos los casos se realiza tanto estudio. A fin de cuentas, no soy ingeniero de caminos. Simplemente soy un usuario que día tras día trabaja, entre otras cosas, enseñando a abordar rotondas. Y no es fácil, en parte por la horda de animales que las usan como si vivieran en un videojuego y en parte por la horda de personajes encorbatados que se dedican a plantearlas sentados cómodamente en lejanos despachos.

Tampoco es fácil para los conductores de vehículos pesados, que están hartos de la exagerada proliferación de rotondas.

Autobús en rotonda, Torrelavega

Es lógico. Maniobrar en una rotonda es para el conductor de un camión o un autobús un verdadero dolor de cabeza. Cuando no se comen un trozo de la isleta se echan encima de ese turismo que juega al escondite con ellos.

No somos ingenieros, de acuerdo. Pero tampoco tengo yo muy claro que quienes deciden la ubicación de las rotondas lo sean. No hay tanta escuela de ingeniería para cubrir la enorme cantidad de rotondas que se instalan en nuestro país, vengan a cuento o no.

Vía | RACC

Más información | Funciones de las rotondas urbanas y requerimientos urbanísticos de organización
En Circula Seguro | Sé cívico con los pesados, Por el bien de todos, recuperemos la señal de stop

  • No somos ingenieros, de acuerdo. Pero tampoco tengo yo muy claro que quienes deciden la ubicación de las rotondas lo sean. No hay tanta escuela de ingeniería para cubrir la enorme cantidad de rotondas que se instalan en nuestro país, vengan a cuento o no.

    Los “ingenieros” sirven para diseñar macro estructuras (edificios de 50 metros de altura -o mas-) que no se desrrumben en caso de catastrofe (natural o no). Para diseñar puentes con una elevacion de 50 metro o mas (y encima en “punto de curva”), etc…
    No voy a criticar (despectiva y salvajemente) el porque de tanta rotonda inutil en ciertos tramos porque llenaria este post… y siete mas, pero si dire que quien diseñe una rotonda con que fuera ingenioso ya valdria (ingenioso quiere decir pragmatico -“tocar de pies en el suelo”-, pensar con lo que normalmente se tiene encima de los hombros -no lo que hay debajo de la cintura, como la cancion…-) Si yo fuera el “señor DGT” pondria ciertas “normas” (que no leyes) para el (buen) uso de las rotondas (claro que con esta forma de enseñar a que nos tiene acostumbrados ultimamente…). Norma 1) El uso de los intermitentes para indicar nuestras intenciones una vez dentro de la rotonda (no esta estupidez de quien circula ya por ella tiene el derecho a… –derecho a nada, salvo el respeto a los otros “desgraciados” que tambien quisieran hacer uso de ellas-). Norma 2) “agarradita por la punta de los cabellos” (como la mayoria de leyes “que campan -imperan- en este pais): quien recibe el golpe no tiene la culpa… (tanto si estaba dentro, fuera, encima o debajo de la susodicha rotonda). Norma 3) (como dice este articulo) Circular por ella en sentido de las agujas del reloj (para los que no tiene reloj analogico: circular en sentido radial a derechas -en los paises que se circula por la derecha, claro…-). Sobre el año 60 y tantos…, estuve viviendo en Paris, un dia me llamo la atencion la Plaza de la Estrella (Plaza de Charles Degaulle) y estuve fascinado mirando como se desenvolvia la circulacion por ella con sus… 13 (si… he dicho: tre-ce) calles y avenidas que alli confluian, en la media hora que estuve observando no hubo ni un accidente, no insulto ni nada que no fuera normal; en ella no habia derecho a nada (bueno, a nada si a respetarse entre todos) y ese respeto “señor DGT” (si yo tuviera la ocasion de “hablar” con el… menos guapo le diria de todo) no se consigue imponiendo estas leyes pensadas con el cu… (aquello que hay debajo de la cintura), se consigue: a) enseñando a respetar al projimo (aqui y en todos los ambitos). b) poniendo leyes (si es que inevitablemente se tienen que poner): logicas, viables, “cumplibles“, “razonables” (razonadas con sentido comun), que solucionen (no que dificulten) los problemas cotidianos (candentes y de rabiosa actualidad), etc…
    Nos estan enseñando a ser estupidos (perdon), a no desarrollar nuestro sentido comun, a desrrollar el sentido (no)comun de quien se saca de la manga (por no decir de otro sitio) estas “leyes” (no voy a dar mi calificativo sobre ellas -y “sobre aquel señor? DGT”- por educacion, pero ganas no me faltan…) y asi nos va… y peor que nos ira…, (como decia Forges): pais

  • La proliferación de rotondas del tamaño de una palza de toros, o que podrían cumplir perfectamente como helipuertos para un Chinook (el helicóptero de transporte de doble hélice) en muchas ocasiones y sitios son una verdadera prueba de fuego para manos de los conductores en sus vehículos, sistemas ASR y TCC, ESPs, etc., etc… y esto hablando yendo tranquilamente, sin necesariamente ir pasado de rosca.

    Tan malo es lo excesivamente pequeño como lo excesivamente grande. Que por otra parte, es ganas de desperdiciar metros cuadrados…