Consejos para una conducción segura (3): aceleración y frenado

El conductor puede controlar la velocidad durante el tiempo que dure la conducción a través del acelerador y el freno. Para conocer mejor el movimiento de los cuerpos, a los mandos de cualquier vehículo, es necesario definir una nueva magnitud que relacione el cambio de velocidad con el intervalo de tiempo en que se produce. A dicha magnitud se le denomina, aceleración. La aceleración, dentro de la física de la velocidad, es la acción y efecto de aumentar la velocidad. Y, la frenada o desaceleración, como medida de seguridad activa, sería la consecuencia de la utilización de los frenos.

Unos ejemplos de aceleración y frenado sobre el propio vehículo serían, por ejemplo: al pisar el pedal del acelerador incrementamos su velocidad pudiendo superar las condiciones existentes de riesgo; Y, al pisar el pedal del freno disminuimos la velocidad de giro de las ruedas que se irán deteniendo progresivamente en función de su estado y adherencia al suelo. Pero, ¿cuál sería la forma correcta de utilizar el freno? y ¿cómo afecta la aceleración a la conducción?

¿Cómo sería una frenada correcta en recta y en curva?

La conducción de un vehículo exige la transmisión de esfuerzos tanto longitudinales como transversales. Dichos esfuerzos provocan una deformación de los neumáticos. Por eso, un neumático debe ser capaz de poder transmitir, unas veces, y de absorber, en otras ocasiones, numerosos esfuerzos entre la carretera y el vehículo. En el último caso, las ruedas deben filtrar del mejor modo posible las irregularidades del terreno por el que circula. Por el contrario, también deben ser capaces de transmitir con precisión y eficacia una serie de esfuerzos en los tres ejes de referencia en relación a la marcha del vehículo con el suelo:

Longitudinales: frenada y arrancada.
Transversales: viento lateral y cambio de dirección.
Normales: peso del vehículo, de las personas y cargas dinámicas.

Una frenada real transcurre de la siguiente manera: una vez que el conductor se ha percatado del peligro existente decide la acción a tomar y acciona el sistema de frenado. El mecanismo de los frenos tarda un tiempo hasta que es capaz de ejercer la fuerza que conduce al bloqueo. A partir de este momento se obtiene una deceleración que se mantiene aproximadamente constante hasta el instante en que se deja de actuar sobre los frenos. Por tanto, previamente a que el sistema de frenado actúe plenamente, y desde que ya se han accionado los frenos, transcurre un intervalo de tiempo en que los frenos no ejercen toda su fuerza, es el llamado: tiempo de respuesta del sistema de frenado. Este tiempo de respuesta de los frenos puede oscilar de 0,2 a 0,6 segundos. No obstante, en vehículos nuevos y según fabricantes, se considera un valor de 0,25 segundos para la respuesta de los frenos.

En una recta, la forma correcta de utilizar el freno consistiría en ejercer una presión lo suficientemente fuerte y de una sola vez, de manera que las ruedas se agarren al asfalto y tengan el giro suficiente para obedecer las órdenes de dirección. Lo lógico es acompañar la frenada con una reducción de marchas. De esa forma permitiremos que el vehículo pierda velocidad para ir disminuyendo con suavidad la presión sobre el pedal del freno.

En plena curva o ante una situación de emergencia en una curva, la utilización del freno puede provocar una pérdida de adherencia y que nos salgamos de la carretera. Una presión excesiva del freno, bloqueará las ruedas y por mucho que intentemos seguir el trazado con el volante, la inercia del vehículo nos hará seguir la tangente de la curva. Si en esta situación aflojamos un poco el freno, las ruedas recuperarán la capacidad de dirección y volveremos a la trayectoria de la curva. No obstante, con el sistema antibloqueo de ruedas, -en inglés, Antilock Brake System, ABS– que traen los vehículos de serie, ese problema ya no existiría.

¿Qué dispositivos nos ayudan a frenar mejor?

Existen distintos sistemas, con funciones diferentes, pero con la misma finalidad, hacer más eficiente la frenada y más segura. Algunos de los sistemas que contribuyen a alcanzar estos objetivos de seguridad son los siguientes:

* El Programa Electrónico de Estabilidad -en inglés, Electronic Stability Program, ESP– mejora activamente el seguimiento de la trayectoria y la dirección por parte del vehículo, mediante intervenciones en el sistema de frenos o en el control del motor, aprovechando la existencia de otros sistemas –ABS, ASR– para evitar situaciones críticas que podrían provocar los derrapes de las ruedas y para reducir el riesgo de choque lateral.

* El Asistente a la Frenada de Urgencia -en inglés, Brake Assistance System, BAS– aumenta la presión de frenado durante una frenada de urgencia para compensar la escasa fuerza que, en estos casos, el conductor realiza sobre el pedal de freno. Actúa como un freno neumático convencional, que lleva acoplado un sistema de mando electrónico. La alta eficiencia de este sistema permite una excelente dosificación de la frenada y acorta la distancia de frenado porque los frenos se activan más rápidamente.

* Distribución electrónica de la fuerza de frenado -en inglés, Electronic Brake Variation, EBV– que regula la frenada entre el eje delantero y trasero según la masa que recae sobre cada uno, enviando más o menos presión a las ruedas.

* El Control Electrónico del Sistema de Frenado -en inglés, Electronically controlled Brake Sistem, EBS– tiene la función de activar, en todos los ejes, los cilindros del sistema de freno de servicio al ser accionado el pedal de freno, de una forma tal que los frenos reaccionen inmediata, simultanea y uniformemente, evitando que existan periodos largos de flujo para el aumento y la disminución de la presión. El EBS proporciona el control del sistema de frenos y una activación y liberación instantánea de los mismos.

* Y otros sistemas que vienen de camino como el nuevo sistema e-Pedal que controla aceleración y frenada con un único pedal. Un sistema que permite al conductor acelerar, frenar y parar el vehículo utilizando únicamente el pedal del acelerador. De esta forma según Nissan, el conductor puede cubrir el 90% de sus necesidades de conducción con este sistema de frenada que además activa la regeneración de energía.

¿Cómo afecta la aceleración a la conducción?

Todo vehículo en movimiento acumula una energía cinética que depende de la aceleración que recibe, de su masa y de su velocidad. Para liberar esta energía cinética es necesario aplicar una fuerza frenante, cuyo trabajo y esfuerzo a desarrollar será tanto mayor cuanto mayor sea la energía cinética acumulada a la que se opone. El frenado no es otra cosa que la fuerza que ha de oponerse y vencer el empuje que hacia delante ejerce la energía cinética acumulada por el vehículo. Un claro ejemplo lo tenemos con los carriles de entrada y salida en autopistas o autovías:

Carril de entrada: es el carril auxiliar, también llamado de aceleración, cuyo objeto es facilitar la entrada de los vehículos procedentes de otra calzada y en el que alcanzarán en él una velocidad similar a la de los que circulan por el carril a la que pretenden incorporarse.

Carril de salida: Es el carril auxiliar, también llamado de deceleración, cuyo objeto es facilitar la salida de vehículos de una calzada de circulación rápida, en el cual reducirán la velocidad cuanto sea necesario, sin perturbar la circulación de los demás vehículos que continúen en dicha calzada.

Una vez en marcha, la tendencia de los vehículos es seguir en movimiento y solamente las resistencias que se oponen al desplazamiento o la actuación sobre los frenos podrían reducir el valor de la inercia. Este comportamiento hay que utilizarlo ya que la inercia que arrastra un vehículo en su desplazamiento genera una energía apreciable. Si en línea recta se levanta el pie del pedal acelerador y se deja rodar al vehículo con la marcha engranada, se circulará sin consumir carburante. Por tanto, se ha de utilizar esta técnica siempre que sea posible: evitar las frenadas y aceleraciones innecesarias que hacen perder las inercias adquiridas. Cuanto mayor sea la relación de marcha seleccionada, la distancia para rodar por inercia aumentará. Se podrá frenar de manera menos severa o, incluso, evitar la frenada si vemos durante la conducción que puede desaparecer la causa por la que se inició la disminución de velocidad.

A modo de resumen, pequeñas acciones individuales ayudan en la disminución del consumo de los motores y, aprovechar las ventajas que ello conlleva, es una de las funciones de un buen conductor para una conducción eficiente. Por ejemplo:

– Los cambios de marcha se deben hacer de tal forma que, tras la realización del cambio, las revoluciones del motor sean las correspondientes al inicio de la zona verde del cuenta revoluciones.

La velocidad debe mantenerse lo más constante posible ya que, si no es así, el gasto realizado es el doble: por un lado la energía que se consume para reducir la velocidad y por otro, la que se consume en recuperar la velocidad que fue restada.

– La realización de un mantenimiento adecuado, unida a la creciente implantación de sistemas que hacen un funcionamiento del motor mucho más eficiente, tiene gran repercusión en el consumo de carburante.

En este sentido, el limitador automático de velocidad, utilizado adecuadamente, disminuye el consumo. Su uso es adecuado cuando se circula por autopista o autovía, pero es mejor desconectarlos cuando se llega a una zona virada o cuando exista circulación densa. Hay otros dispositivos que mantienen la velocidad alrededor de un valor seleccionado y el conductor puede concentrarse de forma más efectiva en el tráfico.

¿Cómo incide la velocidad en los siniestros viales?

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El comportamiento del conductor en relación con la velocidad debe basarse en los siguientes principios:

– Recordar que existen unos límites de velocidad, genéricos y específicos que le avisan, además, de la existencia de un peligro concreto, que deben en todo caso respetar.

– Saber que respetar los límites no es suficiente para una conducción segura, pues debe amoldar la velocidad a circunstancias distintas y cambiantes, y no podrá hacerlo si no se acostumbra a analizar constantemente los estímulos que le llegan del exterior, e incluso de su propio interior. Quizá uno de los grandes peligros que corre el conductor es el originado por un excesivo conocimiento del itinerario, olvidando que las circunstancia pueden cambiar en cualquier momento y con ello su comportamiento, especialmente en los que a la velocidad se refiere.

– Ser consciente de que no circula solo por la vía y, por tanto, que hay que colaborar con los demás, no obligando a asumir riesgos, como suponen los adelantamientos, que con otro comportamiento no serían necesarios.

– Entender que, en ocasiones y en especial, en los adelantamientos, conseguir la mayor velocidad posible dentro de los límites permitidos es el comportamiento más seguro, para lo que se necesita conocer a fondo el proceso de aceleración más adecuado, así como las posibilidades de su vehículo.

Y por último, saber cómo conseguir una aceleración segura y una frenada eficaz utilizando adecuadamente la caja de cambios del vehículo salvo que éste sea automático y no manual. El buen uso de la velocidad, incluso, aplicando el freno motor nos permitirá recuperar aceleración o frenado más rápidamente si fuera necesario. Por ejemplo, a la hora de frenar o aumentar la velocidad, ante una situación de riesgo en carretera, el vehículo nos responderá mejor si llevamos una velocidad adecuada a las circunstancias ya que la inercia del motor va en proporción a la marcha de velocidad mantenida y a las exigencias del propio vehículo.

Foto | Daniel Martins, Jose Jiménez López, Grupo Laudo I.Veicular
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