Conducir, una decisión constante

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Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, incluso esas acciones, son una decisión tomada por nuestra parte, más o menos consciente, o más menos voluntaria. En cuanto a la conducción es igual, decidimos coger nuestro coche en vez del transporte público, decidimos que CD ponemos o que cadena de radio… más o menos trascendente, pero siempre es una decisión.

El problema nos lo encontramos cuando de esas decisiones que tomamos dependen otras personas, como cuando decidimos saltarnos un semáforo en rojo. ¿Qué pasa por la cabeza de un conductor cuando decide no respetar un semáforo en rojo? ¿Es más valiente quizás? ¿Atrevido? O, ¿inconsciente, tal vez? ¿Qué habrá conseguido? ¿Y si en su afán por demostrar no se el qué, se lleva por delante a una señora que no ha visto, o a un niño que de repente irrumpe en la calzada? Mala decisión con datos objetivos.

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Ejemplos para esto hay muchos, pero cuando no tenemos una referencia clara como un semáforo la cosa se complica. Un adelantamiento, por ejemplo. Cuantas veces nos ha pasado que un vehículo nos adelanta cuando no debe, e incluso cuando no puede. En un adelantamiento la visibilidad es básica y si yo considero que no existe tal visión desde mi posición, siendo el vehículo adelantado, como puede ser que me pretenda adelantar el vehículo de atrás. Por lo tanto no estoy de acuerdo en la decisión que ha tomado en ese momento, pero es que además me influye directamente su maniobra. En la mayoría de los casos acaba bien, pero existen casos en los que no. Mala decisión con datos subjetivos, pero si ha tomado la decisión de adelantar es por que lo ha visto claro, se supone. ¿Y si somos el vehículo que circula por el sentido contrario y nos encontramos con esa situación?

He aquí uno de los sucesos claves de la conducción, dependemos en gran medida de las decisiones que tomen otros, y otros dependen de las decisiones que tomemos nosotros. Todos estamos interrelacionados cuando nos ponemos al volante.

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Una errónea decisión nos puede salir muy caro, y al que la sufre mucho más. Y de que depende nuestra toma de decisiones. De muchos factores, por supuesto. Todos hemos actuado diferente ante situaciones muy parecidas, en el trayecto diario al trabajo por ejemplo. Estrés, fatiga, sueño o medicación, son factores que pueden hacer variar nuestra percepción del riesgo.

Hay quien se sienta a conducir como quien se sienta a comer. Si tomo la decisión de conducir, tengo que tener claro que estoy en plenas facultades, para tomar las decisiones más correctas para cada situación.