Conducir en invierno: cuidado con la niebla

Niebla-carretera-Emdot

Decíamos el otro día que al conducir en invierno hay que tener cuidado con la nieve, y hoy queremos recordaros que también hay que tener cuidado con la niebla, que también puede sobrevenir cuando menos nos lo esperamos, debido al frío. Las mañanas y los anocheceres suelen ser los momentos del día con más posibilidades de tener niebla.

La niebla es un fenómeno meteorológico, y de manera muy simple y fácil de entender, sirve decir que es una nube a ras de suelo. Se produce cuando hay mucha humedad y a la vez una temperatura muy baja. ¿Cuál es el problema de la niebla? Pues que puede dificultar mucho la visibilidad, y si no estamos atentos, provocar accidentes bastante aparatosos, como las típicas colisiones en cadena, en las que se ven involucrados decenas de vehículos.

Cómo conducir con niebla

Con niebla no queda otro remedio que extremar la precaución. Puesto que no vamos a ver igual de bien por delante de nuestro vehículo, varios cientos de metros por delante, tenemos que ir más concentrados y atentos. Y además hay que respetar todavía más si cabe la distancia de seguridad mínima con el vehículo que nos precede.

No nos podemos cansar de recordar lo importante que es mantener la distancia de seguridad. Cuanto más rápido estemos circulando, más distancia hay que dejar. Y no, la distancia de seguridad no son 5 metros, ni 10 metros, ni dos o tres coches entre medias, no. En autopista a 120 km/h la distancia de seguridad son unos 100 metros, y 100 metros son unos 22 coches de tamaño medio puestos en fila uno detrás de otro. ¿Nos hacemos una idea mejor ahora?

Pues bien, si hay niebla, y tanto más cuanto más espesa sea esta, habrá además que adaptar nuestra velocidad a estas condiciones excepcionales. Y aquí rige una máxima vital: si no veo lo que pasa ahí delante, no puedo correr tanto.

Si la visibilidad se reduce tanto que casi no se ve más allá de unos pocos metros, no se puede seguir circulando a 120 km/h, por muy nueva y en buen estado que sea la autopista. Hay que reducir la velocidad a una que nos permita reaccionar y frenar el coche por completo si surge un imprevisto, en los metros que tenemos de visibilidad.

Veamos un ejemplo con cifras. Si resulta que solo se pueden ver 30 metros por delante del vehículo, habrá que circular como mucho a unos 55 km/h. Si circulamos más rápido no nos va a dar tiempo a frenar cuando nos encontremos con un vehículo detenido delante nuestro, nos chocaremos con él, y se producirá eso que decíamos antes, y que tantas veces se produce cuando hay niebla, el choque en cadena donde van chocando uno detrás de otro.

Los faros antiniebla son para cuando hay niebla

Por supuesto que hay que encender los faros del vehículo cuando hay niebla para ser más visibles. Encender la luz de posición y cruce es imprescindible, y si además tenemos faros antiniebla, hay que encenderlos también.

Cuidado, la luz de niebla posterior, que es de color rojo muy intenso, solo se debe encender cuando la niebla es espesa y la visibilidad es muy mala. En cuando se reduce la niebla hay que estar pendiente de apagar la luz de niebla posterior, y en cuanto se va la niebla, hay que apagar la luz antiniebla delantera. No nos las dejemos encendidas sin niebla, que molestan y deslumbran mucho.

Y otra precaución que debemos tener presente tiene que ver con la adherencia. Aunque la niebla no es lluvia, es en el fondo agua en suspensión, y lo que sí puede suceder con niebla muy espesa es que el suelo se humedezca. Si la calzada está húmeda, es muy probable que esté más resbaladiza de lo normal, siendo peor la adherencia del neumático, y por tanto siendo peor el comportamiento y siendo más difícil frenar. Tengamos también mucho cuidado con esto, con el suelo mojado se necesitan más metros para frenar.

Como siempre, al volante, mucha precaución. Más vale prevenir que lamentar.

Foto | Emdot (Flickr)
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