Con el bazo roto tras una colisión… y sin saberlo

Siniestro vial de noche

Domingo, 6:30 de la mañana. Cruce de carreteras cerca de un after. Dos coches acaban de chocar. Hay un par de jóvenes con heridas graves y atrapados dentro de los vehículos, y otros tres que han podido salir por su propio pie merodean por el trágico escenario todavía presos del shock. Al llegar los equipos de emergencia y tras atender a los heridos más graves, los sanitarios preguntan a los otros tres por su estado. “Nada, algún rasguño y algún golpe sin importancia”, cuentan los chicos.

Han pasado un par de días. Edu, uno de los chicos que salieron aparentemente indemnes del suceso, ahora se recupera del susto y visita a sus colegas en el hospital. Ya de nuevo en casa, Edu no come en todo el día, tiene alguna náusea y siente un dolor sordo bajo sus costillas izquierdas y su hombro. Se echa un rato en la cama. “Eso es de la impresión”, dice su padre sin darle mayor importancia.

El miércoles Edu pide que lo lleven a Urgencias porque el vientre le duele cada vez más y “no son los nervios”, asegura. En el hospital, los médicos le practican una TAC donde se aprecia una hemorragia en la cavidad abdominal. ¿El diagnóstico? Rotura del bazo en dos tiempos. Edu se salvará, pero a su alrededor todos se preguntan cómo es posible que esto pase y no se detecte enseguida.

Me encuentro mal

“¿Cómo es posible que pase algo así?”, se preguntan los padres y los amigos de Edu. Si fue él quien precisamente estaba más sereno después del choque y fue él quien enseguida llamó al 112. “¿Cómo no apareció antes el problema?”, reclaman entre atónitos e indignados.

Estas son preguntas lógicas y comprensibles que tienen una respuesta. De hecho, lo que le ha sucedido a Edu no es infrecuente. En un 40-55% de las lesiones abdominales traumáticas, el bazo sufre las consecuencias de la lesión. Si nos centramos en los siniestros viales, el bazo queda afectado en un 25-30% de las contusiones abdominales… y cuando se rompe eso no siempre sucede en el momento de la colisión.

A todas estas, ¿qué es el bazo?

Bromeando, yo siempre he dicho que el bazo no debe de servir para nada, porque siempre que en las películas hay una persona que acaba en quirófano tras una fuerte contusión acaban extirpándole ese órgano. Pero resulta que el bazo sí que sirve, y mucho. El bazo es un órgano que se sitúa bajo las costillas izquierdas, en contacto con el páncreas y con el diafragma y es el gran ganglio del sistema linfático, que es el sistema que se encarga de la limpieza y la defensa del organismo.

El bazo destruye los glóbulos rojos inservibles y recupera aquellos que son útiles para el organismo, ayuda a crear inmunidad filtrando los antígenos de la sangre y creando anticuerpos. Además, mantiene una reserva de elementos sanguíneos e incluso tiene capacidad para generar sangre, principalmente en el feto pero también más allá del nacimiento si es necesario. Casi nada, sí.

Muchas de las contusiones abdominales que sufren los ocupantes de un vehículo, ya sea este vehículo un turismo, un camión, una bicicleta o una moto, acaban lesionando este órgano. Y esas contusiones pueden sobrevenir por un impacto recibido sobre la zona o bien por la desaceleración brusca que se da en una colisión. De hecho, las costillas izquierdas son responsables de hasta un 20% de las lesiones del bazo, y muchas de esas lesiones se producen sin que medie golpe alguno de los elementos del vehículo contra el abdomen, sino simplemente a causa de la desaceleración.

Situación del bazo en el cuerpo humano

La rotura retardada del bazo

¿Y cómo puede ser que Edu no haya sentido nada en el momento de la colisión y sí un par de días más tarde? El bazo tiene una particularidad, y es que se encuentra rodeado de una cápsula que le sirve a modo de envoltorio. Y es precisamente esta cápsula la que hoy por hoy se considera como responsable de la rotura retardada del bazo.

En un caso como el de Edu, tras la colisión el bazo comienza a sangrar lentamente pero sin que nada aflore, ya que la cápsula que rodea al bazo encierra el contenido hemorrágico. Llega un momento en que la cápsula no puede contener por más tiempo la sangre acumulada y revienta, vertiendo su contenido dentro de la cavidad abdominal. Esto puede llevar al herido al shock hemorrágico y, en el peor de los casos, a su muerte. Tanto es así que si comparamos la mortalidad por este mecanismo con la mortalidad derivada de una rotura de bazo inmediata tenemos una diferencia del 5-15% contra el 1% respectivamente.

El retraso en manifestar sintomas de sangrado por rotura de la cápsula puede llegar a los 30 días, incluso hay casos en los que se habla de años, pero raramente sucede antes de las 48 horas. Por eso, no es de extrañar que en siniestros como el descrito, con ocupantes aparentemente sanos haya muchos Edu de pie en el arcén que estén en riesgo de vivir lo mismo. Por todo esto, tener claro cómo se ha producido la colisión, en qué posición han quedado los ocupantes del vehículo y cuáles han sido las contusiones más importantes que recuerdan los afectados son aspectos que vale la pena declarar, tanto en un primer momento como en los reconocimientos médicos posteriores.

Y es que, e principio, en toda colisión en que alguno de los ocupantes haya sufrido un trauma abdominal, cualquier indicio de molestia inmediata o demorada en el abdomen, ya sea una molestia en solitario o asociada a otros sintomas, debería hacernos acudir sin dilación al centro de urgencias más próximo, aunque no se haya observado nada especial en el primer examen médico.

Idea original | Dr. Josep Serra
Foto | fdecomite, Bryan Gosline
Grafismo | Josep Camós