Compartir coche y garaje

Atasco urbano

Dándole vueltas a la cabeza caí en la cuenta del poco caso que hacemos a la movilidad sostenible aquellos que estamos tan pendientes de la seguridad vial. Por eso he decidido crear una serie de artículos que versen sobre el tema, que proporcionen ideas y novedades y que hagan incapié en las posibilidades que un cierto cambio de actitud nos ofrece.

Pero cambiar nuestra rutina de golpe es difícil, costoso y aburrido. Sólo alguien muy concienciado con el problema medio ambiental está dispuesto a darle pasaporte al coche y comenzar una vida más activa y naturalista. Y muchas veces no es ni tan siquiera posible. Por ello en esta primera entrega hablaré sobre dos opciones ecológicas modernas y sencillas de poner en marcha que nos ayudará a introducirnos poco a poco en este esfuerzo por echarle un cable a nuestro planeta.

Compartir coche

Coche compartidoHe aquí una de las prácticas más normales desde que los coches echaron a rodar. Y sin embargo, con su antigüedad cada día se pierde más la costumbre haciendo que casi parezca, según en qué momentos y para quién, una novedad. Yo recuerdo a los padres del barrio turnándose para acercarnos a los pequeños al colegio. Y recuerdo a los compañeros del trabajo en la fábrica de mi abuela haciendo cuadrantes para ver quien llevaba el coche cada día. Una forma de ahorrar energía y evitar la saturación de las vías.

Sin embargo, fuera de ese ambiente relativamente cercano que se da en el trabajo, en la familia o en los vecinos y amigos de un pequeño barrio o pueblo, la cosa se queda coja. ¿Y yo cómo sé quién está dispuesto a compartir su coche? Para eso se creó la Red de Municipios y Organismos que Fomentan la Movilidad Sostenible Compartiendo Coche. O lo que es lo mismo, Compartir.org; la web dedicada al encuentro de conductores y pasajeros.

Parémonos a pensar a cuanta gente conocida vemos por la ciudad en la que pasamos la mayor parte del día trabajando y en cómo han llegado hasta allí. Ahora pongamos que usa su coche, como la gran mayoría y que vive un pueblo más allá del nuestro. Calculemos el gasto de combustible teniendo en cuenta la cantidad de kilómetros y el estado de las vías por las que circula hasta llegar a su aparcamiento. Y supongamos que como esa persona lo hacemos nosotros, el vecino del cuarto y María la del perro marrón clarito. El resultado es ‘X’ multiplicado por cuatro. Y eso que sólo nos hemos dedicado a contar a las personas más o menos cercanas de nuestro entorno. Si sumásemos todo lo que acontece en nuestro país ya serían unas cifras escalofriantes. ¿Y si lográsemos que esa ‘X’ por cuatro, se redujera a simplemente ‘X’? Quedamos todos y hacemos el mismo trayecto, modificado en parte porque pararemos por el camino a recoger a compañeros de viaje. Llegamos a la misma hora, encontramos sitio más fácilmente (tres coches menos se notan) y la conducción tan agobiante en ciudad se ve amenizada por la compañía que antes no teníamos.

Y si nos queda alguna plaza libre o no conocemos a nadie con quien poder compartir nuestro coche, nos vamos a la página de «Compartir» y buscamos acompañantes; que segurísimo que encontramos. A la larga lo encontraremos fantástico aunque al principio nos parezca difícil y arduo; incluso incómodo. Pero siempre podemos darle una vuelta más a la tuerca y jugar con cuotas. Si cada usuario pone, por ejemplo, cinco euros a la semana para los viajes y nos organizamos bien, resultará que a final de mes habrá una cantidad superior a la necesaria. Con lo que el próximo mes saldrá más o menos gratis y si seguimos haciendo aportaciones seguirá aumentando el capital común. Al final con ese dinero podemos hacer muchas cosas en cuadrilla, bien para mejorar los viajes diarios, bien para fomentar las relaciones interpersonales (una cena entre amigos o compañeros de lucha nunca viene mal).

Estoy plenamente convencido de que este sistema funciona y que no tiene desventaja alguna si somos críticos, sinceros y sabemos organizarnos correctamente. Y para muestra nuestro compañero Josep, que me consta que realiza esta práctica y que está sumamente contento con ella.

 

Compartir garaje

Aparcamiento compartido

Si ya hemos dado el primer paso y compartimos el coche, es normal que si uno de los viajeros posee en régimen de alquiler o en propiedad una parcela de garaje permita a quien ha llevado hoy el coche aparcar en ella. Pero esta iniciativa, que ha nacido en Cataluña y pretende extenderse por el resto de España va más allá y propone gestionar de forma eficiente las plazas de aparcamiento subterráneo o resguardado que quedan durante horas o días sin ocupación.

En mi caso, por ejemplo, tengo que ir cada viernes por la tarde a una ciudad en la que el transporte público es muy malo, prácticamente inexistente y en la que no hay apenas plazas de aparcamiento. Llevar el coche significa tener que salir con varias horas de antelación y muy probablemente dar vueltas en redondo gastando combustible y perdiendo poco a poco la calma. He intentado buscar una parcela y alquilarla, porque la verdad es que me sale rentable, pero no hay ninguna por la zona. Ahora me imagino que probablemente en el garaje que hay junto al local al que debo asistir haya algún vecino que trabaje de tarde y que deje su parcela libre desde las dos de la tarde hasta las diez de la noche. Contactar con él y llegar a un acuerdo de forma que a cambio de un módico precio yo pueda aparcar mi turismo en esa parcela durante la tarde del viernes sería fantástico. Eso supondría aprovechar más el tiempo y no llevar prisa ni tener que dar vueltas aumentando la polución.

Claro que al principio será duro tener que acostumbrarnos a compartir algo que considerábamos exclusivo y tal y como está el panorama tenemos miedo de que algo ocurra y no poder aparcar después del tiempo pactado siendo sus legítimos propietarios. Así que habrá que empezar poquito a poco. Y creo que reducir la cantidad de coches y con ello su contaminación, y reducir al mismo tiempo los problemas de aparcamiento realizando una buena gestión de los aparcamientos privados supondrá una mejora sustancial de nuestras urbes y eso está en nuestras manos; no en las de ninguna organización.