Cómo sacarse el carnet (y 5): Examen práctico

Vista del conductor desde atrás, como te ve el examinador

Llegamos al final de nuestro tedioso camino, el momento de poner a prueba todo lo que hemos aprendido y practicado ante un examinador.

No descubro nada al decir que uno de los mayores miedos y quejas a la hora de llegar al examen es que la decisión final dependa de una tercera persona; al contrario del examen teórico que se basa en unas reglas objetivas. Todos hemos oído historias de examinadores que proponen recorridos extremadamente complicados, o bien que evalúan de forma ilógica.

No obstante, la experiencia que he ido recopilando en este último año, tanto la directa (que es más bien reducida por que sólo fui a un examen), como sobre todo la que he recogido de la mano de los profesores de autoescuela (tanto el mío como los que he conocido en la red) indica todo lo contrario. El examinador no es más que un notario que se limita a certificar lo que ve. Se limita a observar el desarrollo del examen y a anotar todo aquello que no se ciñe a las normas.

La evaluación del examinador siempre responderá a la ley, que distingue tres tipos de faltas: leves, deficientes y eliminatorias. Tras el cambio normativo de 2009, se permiten tres faltas leves, o bien una leve y una deficiente. Si no superamos estos límites, seremos aptos. En cambio, suspenderemos si cometemos cuatro faltas leves, dos leves más una deficiente, dos deficientes o una eliminatoria. Por supuesto, cualquier situación de peligro para nosotros mismos o cualquier otro usuario de la vía representa una falta eliminatoria y suspenso directo: saltarse un stop, no mirar correctamente en una intersección, no detenerse ante un peatón en un paso de cebra, etc.

Volante

Desde luego, como también son humanos, el criterio puede variar un poco de uno a otro. Un examinador puede acusarnos de obstaculizar el tráfico si desaprovechamos un par de oportunidades de entrar a una rotonda. Mientras que otro puede tener un poco más de paciencia. Es inevitable. Pero lo cierto es que, excepto en casos extremos, la mayoría de suspensos o aprobados no se deciden por esos detalles. Saltarse un stop es un hecho bastante objetivo, ¿verdad?

En cualquier caso, el criterio del examinador es algo que no depende de nosotros, así que es absurdo preocuparse por él. Si nos centramos en hacerlo lo mejor posible, tanto dará si el examinador es severo o no. Al final, muchos se guiarán más por la sensación general de seguridad.

El examinador se sentará atrás. A nuestra derecha continuaremos teniendo el mismo profesor de siempre, que se responsabilizará de asegurar la seguridad del trayecto (naturalmente, como no tenemos carnet aún, él o ella será a efectos legales considerado el conductor). No obstante, no nos podrá ayudar en nada. Si el examinador detecta una intervención del profesor, ya sea accionando el doble mando (que tiene un chivato acústico para evitar trampas), o bien haciendo cualquier seña o indicación verbal, el alumno suspende directamente. Eso sí, si se considera que la intervención no era necesaria para la seguridad del vehículo, el profesor se meterá en un buen lío, así que para ellos también representa un momento de bastante tensión.

Nervios ante el examen

El principal enemigo en un examen de este tipo, donde se evalúa en tiempo real (y no entregando un escrito que siempre se puede corregir) es uno mismo: los nervios. En este sentido, es esencial no sucumbir a la presión de sentirse observado. Muchas veces he escuchado a otros alumnos comentar que han suspendido por culpa de algún error que nunca habían cometido en prácticas. Incluso, recuerdo una chica que sufrió un calado justo después de empezar por culpa que le temblaba el pie en el embrague.

Poco puedo decir para ayudar a mitigar los nervios en el examen. Cada cual se conoce a si mismo y sabe como responde en estas situaciones. La vida nos pone en muchas situaciones críticas con las que tenemos que aprender a lidiar: exámenes académicos, entrevistas de trabajo, la primera cita con una persona a la que quieres, y un largo etcétera. El examen de conducir no es más que otro momento donde, si controlamos los nervios, todo irá mejor. Yoga, respirar profundo, cantar una canción, repetir un mantra… cada cual sabremos lo que mejor nos viene.

En definitiva, hay que conseguir demostrar lo que se sabe. Si hemos subido al examen estando de acuerdo con el profesor, significa que él (un profesional) piensa que estamos de sobra preparados. Así que siendo uno mismo será suficiente.

Durante el examen, el examinador irá indicando la ruta. Hay que seguir sus indicaciones de la forma más precisa posible, pero nunca ciegamente. No será poco habitual que nos pida girar a la derecha poco antes de un cruce donde no está permitido. Parece de pero-grullo, pero debemos asegurarnos que cualquier maniobra que vamos a realizar es legal y segura. En nuestro ejemplo, debemos esperar al siguiente cruce donde esté permitido. Y en caso de duda, seguir adelante. Salvo que me contradigan los expertos, equivocarse una vez de ruta no se considera una falta (si ocurre repetidamente, pueden sancionarse la falta de seguridad, o una deficiencia observando las señales).

Esperemos que esto no ocurra en el examen

Como en cualquier evaluación, no sólo se trata de dominar bien el coche, sino de demostrarlo. El examinador no debe notar nunca una falta de seguridad en nuestras acciones. Al salir de una detención (un stop, un ceda, una rotonda, lo que sea), una vez nos hemos cerciorado que podemos avanzar, debemos procurar hacerlo con presteza, no lentamente. Salir a paso de tortuga puede hacer pensar al examinador que no hemos mirado bien, y por eso dudamos si salir. Y si en un stop no se vemos correctamente, hacemos lo que nos han enseñado: doble parada donde podamos ver con seguridad, y volver a mirar a lado y lado.

Siguiendo en este sentido, debemos dejar muy claro al examinador que observamos el tráfico a nuestro al rededor. Él o ella estará sentado detrás nuestro, así que no verá bien nuestros ojos. Para que esté seguro de que estamos mirando, es aconsejable mover el cuello. Un movimiento de nuestra cabeza nunca le pasará inadvertido. Incluso para mirar los retrovisores, que, por cierto, es recomendable mirar de vez en cuando incluso cuando no tenemos que realizar una maniobra.

Además, por su situación normalmente a la derecha del vehículo, podrá observar la distancia lateral, por lo que es conveniente no asustarlo pasando cerca de cualquier obstáculo por ese lado.

Y si nos equivocamos, no seamos duros con nosotros mismos. Nosotros no nos autoevaluamos, para eso hay un funcionario en el asiento trasero. A lo mejor, no ha visto ese error, o no lo ha considerado demasiado grave. Si nos ponemos nerviosos por algo que ha pasado, podríamos estar tirando el examen sin necesidad. Y si ha visto el error, pero ve que nos rehacemos, incluso es posible que cambie de opinión al tener una opinión general favorable. Si no es así, por lo menos habrás podido vivir un examen completo y te servirá como experiencia para la próxima vez.

En definitiva, hay que procurar hacerlo tan bien como somos capaces de hacerlo. Así que utiliza tu autoestima, sube a ese coche y demuestra de lo que eres capaz. Si lo haces, por fin, ¡por fin!, bienvenido al club. La próxima vez que toques un volante, lo harás en plena responsabilidad, sin un doble mando: un examen diario de otro tipo, al que no hay que tenerle miedo, pero si mucho respeto.

Foto | Viernest, Creo que soy yo, stuartpilbrow, Paround (bajo GNU),