Cómo sacarse el carnet (4): Prácticas

L azul, que indica un vehículo en función del aprendizaje de la conducción

¡Genial! Ya hemos aprobado la teórica. Esto va bien, estamos a la mitad del recorrido. Ahora empieza lo verdaderamente divertido, ponernos a los mandos de un coche por primera vez (por lo menos legalmente, claro).

Lo primero, será acudir a la autoescuela para reservar las primeras clases prácticas. A diferencia de la teórica, ahora pagaremos cada clase a peso, a tanto por hora. No es lo más barato del mundo, pero hay que tener en cuenta que el material que utilizamos es un coche, que todos sabemos cuánto cuesta y qué gastos tiene (adaptación del doble mando, seguro, combustible, revisiones periódicas, reparaciones…). Si hemos elegido un buen profesor, pagaremos un importe justo y bien invertido.

Sin embargo, es innegable que el precio de las prácticas se une a los factores sociales para presionar al futuro conductor para que termine con el menor numero de prácticas posibles. Con la economía de cada uno no me voy a meter. Pero lo que si es cierto es que suspender puede salir más caro que escatimar unas cuantas prácticas.

Además, teniendo en cuenta que si suspendemos una segunda vez (sumando los posibles suspensos en teórica), nos veremos en la obligación de pagar la renovación del expediente. Un dinero que podíamos haber invertido con anterioridad en hacer más prácticas… y que si suspendemos, perderemos para siempre.

Situación típica en las prácticas

Si la economía, el tiempo y la disponibilidad lo permiten, aconsejo realizar la mayor cantidad de prácticas por semana. Por una parte, evitaremos que se eternice el proceso. Por otra parte, si las clases están demasiado distanciadas, cada vez que nos pongamos a los mandos deberemos dedicar los primeros minutos para recordar lo que ya hicimos, y tendremos menos tiempo para adelantar. En cambio, si después de adquirir un nuevo conocimiento, volvemos a practicarlo el día siguiente, lo consolidaremos, afianzando el proceso de aprendizaje.

Si en la teórica teníamos más de una docena de capítulos que aprender, en las prácticas podemos diferenciar dos grandes fases: primero deberemos aprender a conducir, luego a circular. Aprender a conducir significa saber controlar el vehículo, que se mueva hacia donde nosotros queremos y como queremos.

Si el mundo fuera un desierto, esto sería todo. Pero no es así, compartimos la carretera con muchos otros vehículos en movimiento, así que tenemos que aprender a circular de forma ordenada y segura.

De hecho, a menudo el alumno notará una transición muy fuerte entre ambas fases. Al menos en mi caso fue así: en una semana ya tenía la sensación de controlar algo, de ir progresando adecuadamente. Un buen día el profesor me dirigió a un rincón que, aunque tranquilo, tenía muchos elementos de circulación: stops, ceda el paso, giros a izquierda y derecha… y fue un desastre. Tuve la suerte de haber retrocedido, pero ahora me doy cuenta que en realidad fue al revés, estaba avanzando lo suficiente para que el profesor me llevara al siguiente paso. Si os pasa a vosotros, no os preocupéis, significa un paso adelante; queda mucho por aprender, pero menos.

Hay que ser conscientes que la fase de circulación es más importante que la de conducción. Por algún motivo este blog está dedicado a la seguridad vial… Y no a evitar calados del motor; aunque molestos, como mucho causaran eso, molestias, no peligro real. En el examen, también se valora así. Un fallo de circulación que cause peligro o molestias significará un suspenso directo, mientras que una solitaria calada será una falta leve.

Un tema que me gustaría tratar es la conducción previa a la autoescuela. A menudo se piensa que coger el coche familiar (o incluso de un amigo) en un aparcamiento, descampando o similar puede ayudar a terminar antes las prácticas. Yo soy de la opinión contraria, aunque la primera práctica igual sea menos traumática, a la larga el profesor se verá obligado a quitar vicios. Es una cuestión psicológica, es mucho más sencillo adquirir buenos hábitos desde el principio que substituir los anteriores, por muy incorrectos que sean.

En cambio, los que si tendrán una ventaja genuina serán aquellos que ya han circulado legalmente con la licencia de ciclomotor, o incluso motos. Naturalmente, es muy diferente llevar un mosquito de dos ruedas, que manejar un monstruo de cuatro. Pero muchos de los principios de seguridad son los mismos: pararse en un paso de cebra, situarse en stops sin visibilidad, ceder el paso, determinar prioridades, etc. No tendrán todo el trabajo hecho, pero su curva de aprendizaje será menos pronunciada.

Igual que en la teórica, el alumno debe ser el que marque su ritmo, no las presiones externas. Pero no sólo para evitar suspender, sino también para lo que viene después del aprobado. Es decir, si no te sientes seguro para circular sin un doble mando que corrija tus errores, aprovecha a tu profesor y haz un par de prácticas más… te saldrá mucho más barato que un porrazo con el coche. Recuerda que cada vez que estás al volante te examinas, aunque no haya un funcionario en el asiento de atrás.

Al final, tras muchos esfuerzos para conducir y circular como el profesor nos indica, ya sea en quince o cincuenta prácticas, toca el último (ojala) trámite. Ir al examen de prácticas.

Fotos | Sergis blog, Paround (bajo GNU), Roberto

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