Cómo conseguir camiones y autobuses más eficientes

Camión y energí­a

El transporte por carretera es un sector voraz con nuestros recursos energéticos. Cada día, los turismos, camiones, furgonetas, autobuses y motos que circulan por nuestras ciudades y carreteras se gastan un 30% de la energía final que se consume en nuestro país. En el caso del transporte profesional, compuesto por camiones y autobuses, la demanda de energía es de un 32% sobre el total de los vehículos y un 10% del total consumido en España. Por eso, se considera que la eficiencia energética del transporte profesional resulta crucial para la reducción del consumo energético y de las emisiones de CO2.

Todos estos datos aparecen en la página del IDAE a raíz del anuncio de una serie de cursos de conducción eficiente destinados a 5.000 conductores profesionales. Y es que hay que tener en cuenta que un conductor de autobús o camión puede conseguir un ahorro de combustible de un 10% si lleva a cabo una conducción eficiente. Esta formación se complementará con otra línea de cursos orientados a 360 técnicos y gestores de flotas que aprenderán a optimizar las rutas, cargas y combustible para conseguir hasta otro 10% de ahorro de energía.

Gasolinera

Estas actuaciones se llevarán a cabo en el marco de un acuerdo firmado entre el IDAE, la Dirección General de Transporte Terrestre y el Comité Nacional de Transporte por Carreteras, y lo gestionarán las diferentes comunidades autónomas. Los cursos se celebrarán hasta el mes de febrero de 2011.

Otra medida contemplada en el mismo plan de actuación consiste en la promoción de las auditorías de flotas, la adquisición de vehículos con tecnologías alternativas a las convencionales y la implantación de aplicaciones y sistemas adecuados para la gestión de las flotas de vehículos industriales.

Paseando la carga

De todas formas, sobre el ahorro energético en el mundo del transporte por carretera hay un punto que este programa no puede abordar y que alguien tendrá que acometer un siglo de estos. Se trata de la cantidad de camiones que van arriba y abajo paseando las mercancías utilizando unas infraestructuras que costeamos entre todos y empleando una energía contaminante que además importamos de países que fueron más hábiles que nosotros en esto de criar fósiles bajo el subsuelo. Va un ejemplo: En una ocasión, un empresario me explicó su felicidad de forma fácil de comprender:

“Yo vivo bien porque soy distribuidor. No me como los problemas de stocks, porque cosa que entra, cosa que sale, ni me como los problemas de fabricación, porque si algo sale malo lo devuelvo.”

Claro, el problema estaba en que él compraba productos que, pongo por caso, venían de Las Rozas hasta Barcelona y desde Barcelona los reenviaba a un cliente que tenía en Algete. Total, un paseo de 1.250 kilómetros para cubrir una distancia ridícula. Y aunque él pagase el gasóleo necesario para mover los camiones de ida y vuelta, entre todos los contribuyentes estábamos costeando buena parte de su modus vivendi.

Y este no es un caso aislado, o será que yo he conocido negocios muy extraños. Pondré otro ejemplo: Recuerdo a un ex jefe contestándome con (más o menos) estas palabras a mi extrañeza por las cargas y descargas de nuestros transportistas:

“Mira, es que nuestra Dirección General prefiere que tengamos siempre una parte de material moviéndose entre delegaciones a tener que costear el almacenaje de todo ese material en una nueva delegación.”

Total, que allí estábamos nosotros, dirigiendo trailers de una punta de la Península Ibérica a la otra como si se tratasen de un almacén sobre ruedas. Vivir para creer.

La pregunta es… ¿Cuántos camiones estarán ahora mismo paseándose por ahí?

Fuente | IDAE

Foto | David Dennis, Josep Camós