Comidas de empresa, cenas de empresa, y buenos caldos

Coche y vino

Por mi profesión, he sido invitado muchas veces a comer o a cenar con más compañeros periodistas, y la factura abonada por una empresa relacionada con el automóvil, como una marca de coches. La primera vez que fui a una comida de este tipo fue hace ya seis años, en la presentación de un coche deportivo.

En ese momento me escandalizó que en la comida me pusiesen una copa de vino tinto y una copa de vino blanco. Era voluntario beber, obviamente, pero hasta ese sitio no había venido nadie en autobús, menos andando, y no recuerdo de nadie que se fuese en taxi. En cristiano, todos éramos conductores.

Con el paso del tiempo, aprendí a aceptar que eso era habitual, y que por mucho que uno se bebiese el agua mineral o un refresco, era de los poquitos que hacía eso. Estaba rodeado de veteranos y autoridades de la profesión que bebían y luego conducían, aunque nadie se fuese de allí precisamente borracho.

Galeria de vinos

Incluso una vez, en plena comida de otra presentación, un periodista que había catado las características de diversos caldos, preguntó si por la zona solía haber controles de alcoholemia, de hecho hasta escribí sobre ello. La pregunta tuvo bemoles, ¡solo le preocupaba eso!

Un día, sin darme cuenta inicialmente, me fijé en que no había una sola bebida alcohólica para probar en una comida. Preguntando sobre ello, el responsable de la marca de turno me dijo “Es lógico, ¿cómo os vamos a poner alcohol si nos vamos de aquí todos en coche”. Lógica aplastante, sin duda.

En las comidas o cenas de empresa, es muy fácil que haya alcohol y en abundancia. Una cervecita de aperitivo, el tinto, el blanco, el camarero que vigila los vasos vacíos y te rellena sin que se lo pidas… y después del postre y el café, ¿alguna copita más cargada?

Copas de vino

Da igual que hablemos de periodistas del motor (aunque en este colectivo es más bizarro todavía) o de compañeros de una imprenta o una consultora. ¿Que se ha fletado un autobús o taxis para llevar al personal a casa? ¡Alegría! España tiene muy buenos vinos, os confieso que poco a poco los voy descubriendo.

Ahora bien, si es público, notorio y asquerosamente evidente que tanta gente se va a ir conduciendo, no deberían rellenar ni la cuarta parte de los vasos, y por supuesto, nada de irlos rellenando por camareros a la caza del vaso vacío. Puedes mojarte los labios para probarlo, pero ya, nada más, que luego sube.

En otras ocasiones hemos apelado a la responsabilidad del comensal para resistir la tentación, o de haberse buscado las habichuelas para volver a casa con un conductor sobrio. Pero también hay que apelar a la responsabilidad de quien organiza ese tipo de eventos, de él depende que haya copas o no.

Vinos Osborne

Recientemente asistí a una comida de estas, y además de las cervecitas, los vinitos, las recargas de los vinitos… luego la gente se puso algunas copas duras, como Gin-tonic, o un cubatita, un whiskito, etc. Mi pregunta no tardó en llegar:

“Perdona, pero ¿no crees que si luego conduces ya has tomado más de la cuenta?”
“Ah, no te preocupes, somos mayorcitos y controlamos lo que nos tomamos”.

En menos de cinco minutos, la conversación derivó en lo “pedo” que habían salido de otras comidas similares. En ese momento mi poca confianza en su autocontrol se desmoronó totalmente. Vamos, o me ha tomado por idiota integral, o ni él mismo se cree lo que me ha dicho.

Es muy desolador ver en mesas ya vacías platos con comida que se irá a la basura. También es desolador ver tantos vasos a medio rellenar porque los comensales no podían más. Más deprimente todavía es preguntarse qué pasa con todo el alcohol que no ha sobrado y se ha servido, dónde está y en qué carretera.

Es una costumbre muy española esa de beber en las comidas. La sociedad va cambiando y haciendo que empiece a estar realmente mal visto para el punto de vista del conductor. Que nadie me malinterprete, si no hay que conducir luego me puedo tomar dos vasitos, y sin ir haciendo eses, ya voy demasiado contento para conducir.

Los organizadores de esos eventos deberían o bien garantizar un transporte “sin”, o poner serias restricciones sobre el alcohol en la mesa. Que existe el mosto, los zumos, los refrescos, el agua… muchas cosas que el gaznate puede tragar sin afectar a la capacidad de conducción.

Lo del control de alcoholemia es lo de menos. O te quitan dinero, o te quitan puntos, si la cosa es muy seria, incluso la libertad y el coche. Pero eso es lo de menos. Lo realmente impactante es lo que puede pasar si ese alcohol está en el momento inadecuado, en la persona y lugar inadecuados.

En Circula seguro | Las cenas de Navidad y el alcohol