Coche viejo: reparar o renovar (y 2)

Adiós berlina, adiós

Retomamos el hilo del debate sobre qué hacer con un coche viejo, repararlo o renovarlo. En la primera parte nos centramos principalmente en el tema económico. Vimos que hay diferentes argumentos a favor de cada opción, cuyo peso dependerá mucho de cada caso particular. En mi caso personal (que no es más interesante que cualquier otro caso, pero mira, resulta que esto lo escribo yo…), la conclusión final resultaba ser favorable a la renovación, por lo que el marcador parcial es cero a uno.

El segundo factor que tuve en cuenta en mi debate interno sobre el devenir del coche viejo el tipo de coche, y cómo se ajustaba a mis necesidades. Como ya comenté de pasada en la primera entrega, mi coche viejo no acababa de ser acorde con el tipo de movilidad que necesitaba. Era una berlina, cuando ya me hubiera bastado un compacto. Por una parte, eso tenía ciertos beneficios para las pocas veces que se subían más de dos personas al vehículo, o cuando tenía que llenar el maletero a tope. No obstante, en la mayoría de ocasiones era más una molestia que otra cosa.

El tamaño, ¿importa?

La movilidad realmente necesaria

Los coches largos son menos maniobrables, requieren un mayor radio de giro, es una cuestión de geometría. En un pueblo de calles estrechas y esquinas rectas como el mío, esto era una desventaja. Además, me veía obligado a realizar alguna maniobra delicada para aparcar en según que centros comerciales (¿quién mide las plazas en esos sitios?) y en calles estrechas. En cuanto al aparcamiento en cordón, yo hago la estimación que con mi coche actual (sobre el que ya hablaremos más adelante) puedo aprovechar huecos de aparcamiento entre 50 y 75cm más estrechos, a ojo de buen cubero. Que no es mucho, pero en una ciudad abarrotada se nota.

De acuerdo, todo esto son molestias menores, a las que te acostumbras cuando vas cogiendo práctica con el volante. Pero, sabiendo que te las puedes ahorrar con un coche más ágil (y más en cuanto al consumo económico), pues te acaban haciendo mella. En el fondo, esto no hace más que indicarnos que el famoso dicho “más vale que sobre y no que falte” es rotundamente falso. Por que toda prestación tiene un precio, tanto en combustible como en dificultad de maniobra. Y si no hacemos uso de esa prestación, pues estamos pagando ese precio a cambio de nada.

En definitiva, dado el tipo de movilidad para el cual suelo hacer uso del coche, para mi este segundo criterio también se resolvió a favor de la renovación. Es más, hablando ya a posteri (lo cual es ciertamente ventajista, lo reconozco), realmente aún valoro más las ventajas de tener un coche de corte algo más pequeño que la anterior berlina. Sólo me queda sentenciar que el marcador está, para mi, cero a dos.

Eso es confort

Confort

En este apartado quizá sea el único donde el coche viejo podría, a lo mejor, tener algo de ventaja. La tecnología en cuando a los asientos de los vehículos no ha dado un salto espectacular en los últimos veinte años. Sobre todo, teniendo en cuenta que en ningún caso un hipotético coche nuevo (o de segunda mano) iba a convertirse en un derroche con asientos forrados de la piel del Vellocino de oro. Así, por lo tanto, el injustificado gran tamaño de mi vehículo anterior por lo menos tenía la ventaja de ser algo más cómodo.

Pero… y este es un gran pero: Sin lugar a dudas, la principal desventaja en cuanto a confort del coche viejo era la ausencia de aire acondicionado. Eso era una pu… maldita sauna. La solución, aunque lejos de ser perfecta: bajar las lunetas. Pero en autopista, el sonido del huracán que entra por la ventana se va clavando poco a poco en el cerebro de uno.

Esa fue la causa de innumerables sudadas que compartimos mi pareja y yo. Un auténtico calvario que, aunque te acabas acostumbrando a soportar, me alegro de no tener que volver a sufrir. Se trata de una consideración personal, muchos de vosotros valoraréis el confort de otra forma: quien no viva en zonas donde haga calor unos meses al año (o quien lo soporte mejor que un servidor), o quien simplemente tenga un vehículo con aire acondicionada. En consecuencia, aunque el coche viejo tubo alguna oportunidad, mi voto del confort también fue para el cambio de coche. Cero a tres.

La seguridad importa

Lo más importante, la seguridad

Quizá es la deformación tras haber estado dándoos la tabarra con temas relacionados con la seguridad vial en cerca de 200 artículos aquí en Circula seguro, pero la seguridad era algo a lo que realmente di mucha importancia cuando estaba discurriendo este asunto. De la proliferación de siglas y sistemas de segyrudad que han aparecido en los últimos años, el coche viejo sólo contaba con dos: el ABS y un airbag.

Y, la verdad, ese airbag sólo me proporcionaba algo de desasosiego cuando iba sólo. Cuando no, la perspectiva de sobrevivir a mi copiloto no resultaba tan alentadora,… si algo llega a pasar, la duda de saber si una bolsa llena de aire significó la diferencia entre mi vida y la de otra persona… Bueno, creo que ya me entendéis.

Para mi, personalmente, el ESP era un elemento irrenunciable. Porque no sólo puede sacarte de un apuro, también puede corregir un error. No es que sea una panacea, ni mucho menos. Pero, en mi humilde opinión, la seguridad no se basa en encontrar una bala de plata, sino en que sumar poco a poco para aumentar las probabilidades de llegar sano y salvo.

Y, honestamente hablando, debo reconocer que mi viejo coche no sumaba, en absoluto. Por lo tanto, son cuatro ya los puntos a favor que, en mi juicio personal e intransferible, puso la renovación muy por delante de la reparación. Aunque, probablemente, este punto por si solo hubiera pasado por delante de los otros tres, si hubiera sido necesario.

Finalmente

Para que no se pueda decir que el coche viejo no consiguió el gol del honor, voy a atorarle un último punto: el sentimental. Porque, por mucho que sea una cosa, lo cierto es que fue mi primera cosa. Aprendí mucho de él,… y con él.

No obstante, el marcador está claro. Cuatro a uno. Por lo menos, insisto, según la valoración que hice yo en su día… y que el tiempo ha acabado refrendando. Para ti probablemente el marcador sea diferente, ya que tus condiciones y tus valores seguramente son muy diferentes.

La consecuencia final la podéis comprobar en la fotografía que encabeza el artículo. Un buen día, vino un camión a mi casa, se llevó arrastrando mi berlina… y nunca más la volví a ver.

Fotos | Jaume, Tom Ray, Lisa Risager, NASA