Circular mal para ¿evitar riesgos?

Cuando nos ponemos a los mandos de un vehículo y nos lanzamos a la carretera, no estamos solos. Compartimos la vía pública con centenares, incluso miles de otras personas cuyo objetivo – como el nuestro – es simplemente llegar al destino lo antes posible, y de forma segura. Por lo tanto, como cualquier otra actividad de grupo, la circulación no es más que un hecho social.

Y como en cualquier ámbito social, a menudo modificamos nuestra propia conducta en respuesta a la posible reacción que prevemos por parte de nuestros congéneres. A veces para sentirnos más aprobados. Otras veces, para evitar reacciones adversas.

Esto, por supuesto, depende en gran medida de la opinión que tengamos sobre quien nos rodea. Por ejemplo, no descubro nada si digo que la mayoría nos comportamos un poco diferente cuando estamos con amigotes (donde ciertas restricciones sociales se relajan un poco, sobre todo en cuanto a la producción de sonidos), que con el suegro o el jefe.

La carretera no es diferente. Es muy posible que de vez en cuado modifiquemos nuestra actitud para, de alguna forma, protegernos de los demás. Sobre todo, debido a que gran parte de los conductores tiene la impresión que el resto no circula como debería. «Si es que van como locos».

En principio, parece buena idea modificar algunas conductas propias para ayudar al resto a circular de forma fácil y segura. Incluso podríamos llegar a pensar que, como responsables de las vidas de nuestros pasajeros (y de los otros usuarios de la vía), es nuestra obligación hacer todo lo que esté en nuestras manos.

Hay miles de ejemplos posibles, seguro que a vosotros se os ocurrirán más. Por exponer uno sencillo, al aproximarnos a un lugar donde a lo mejor deberemos detenernos para ceder el paso, podemos frenar gradualmente y desde lejos. De esta forma, quien nos sigue verá la luz de freno antes, y al estar reduciendo suavemente tendrá más tiempo para reaccionar.

En definitiva, si con una pequeña de adaptación de nuestros hábitos podemos hacer la circulación más sencilla y segura para todos, pues chapeau. Siempre y cuando esa modificación no suponga otro riesgo, por supuesto.

Esto me recuerda un comentario que leí hace poco en el foro de curvasrectas. La discusión versaba sobre la forma correcta de abordar un stop con mala visibilidad. Es decir, una primera detención en la línea, y avanzar lentamente hasta donde podamos ver mejor, para quedarnos quieto de nuevo y evaluar con garantías la situación.

El forero explicaba que acostumbra a saltarse la primera detención, yendo directamente hasta el lugar donde poder observar con tranquilidad. De esta forma, reducía el riesgo de alcance por parte de otros conductores que le puedan seguir sin respetar la distancia de seguridad.

Sin embargo, al actuar de esta forma está violando el espíritu de lo que es un stop. Se supone, si la vía está bien diseñada, que las detenciones obligatorias se utilizan en situaciones donde la observación de la intersección es tan difícil que necesitamos estar parados. Si avanzamos para lograr mejor visibilidad sin observar primero (aprovechando lo poco que se pueda ver desde la primera parada), podemos incluso llegar a colisionar con alguien que circule por la vía en la que nos hemos adentrado furtivamente.

De esta forma, estamos saliendo de las brasas para caer en el fuego. Puede que hayamos reducido el riesgo de que nos den por detrás, pero corremos el riesgo de sufrir una colisión fronto-lateral, que puede ser más grave. Además, considero discutible que realmente disminuyamos el riesgo de alcance: si el de atrás ve que te saltas la primera detención, puede suponer que tampoco harás la segunda).

Lo del stop es sólo un ejemplo. Pero los hay a patadas. La seguridad vial, según mi punto de vista, trata de evitar los peligros. Pero la reducción de un riesgo nunca puede justificar la introducción de otro.

Fotos | edans, Aroma de limón

  • Muy buena definición “Conducir es un acto social” . Y eso, tal cual comentas, da la explicación a la gran mayoría de los actos temerarios que suelen verse por las calles.
    Faltaría agregar el hecho de dejar las tensiones afuera del vehículo, para no tomar el volante o manillar mientras se va pensando en lo que tiene que hacer o las calenturas que hubo que tragarse en el trabajo.

  • Semáforo en amarillo.

    En principio, tengo que detenerme… salvo que cuando se enciende la luz amarilla yo esté tan cerca de mi punto de detención que no pueda detenerme en condiciones de seguridad.

    ¿Cuál es la interpretación popular? Dejando de lado los extremistas del “corre, corre, que se acaba”, la cosa normalmente se transforma en un “buah, yo no freno, que seguro que me dan por detrás”. Y luego eso deriva en un “bueno, estaba en rojo, pero por poquito”.

    Y así nos va. Recuerdo una ocasión en que un agente de la Guàrdia Urbana le echó la bronca a un conductor por saltarse un semáforo en rojo. “Pero se acababa de poner en rojo, ¿no?”, le dijo el conductor. Y el policía le respondió: “No, no, estaba en rojo… rojo”.

    WTF??? ¡Si lo que hay que hacer es detenerse por defecto cuando está en amarillo! Y luego, será por excepción que nos pasemos un semáforo en amarillo. Pero, ¿en rojo? En rojo ya no hay discusión posible.