Cinco minutos de cambio eterno

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Os propongo un pequeño experimento. Elegid una intersección cualquiera entre dos o tres vías medianamente concurridas, sentaos en un banco y observad un rato. Sencillamente, mirad.

Yo lo realicé de forma involuntaria no hace mucho. Había quedado, y llegué un poco antes de tiempo. O quizá el otro llegaba un poco tarde, da igual. En cualquier caso, no me quedaba más remedio que sentarme y esperar.

Ante mis ojos, llenando la práctica totalidad del espacio visible desde mi posición, se desarrollaba en todo su esplendor el gran espectáculo de la intersección de dos de las arterias más importantes de una gran ciudad. Tantos y tantos coches…

Pero tantos y tantos coches, que casi me costaba centrar mi atención en uno sólo. Pude ver como un montón de ellos estaban impacientados ante una luz roja. Otros tantos cruzaban transversalmente la avenida de seis carriles, pasando por delante de los anteriores casi como si se mofaran de su momentánea detención.

Después el gran flujo que se aproximaba a mi se dividía. Unos cuantos tomaban una rampa descendente que les llevaría a una gran ronda subterránea. Otros giraban, y se incorporaban a la gran avenida de seis carriles. Unos cuantos entraban a una raqueta, pasando justo delante de mi. Todo esto se desarrollaba a la vez, docenas de maniobras simultaneas, no sin interferencias. Caos.

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No mucho más tarde, los semáforos cambiaron. Unos cuantos desafortunados quedaron atrapados en un rojo intermedio, quedando transversales a la gran avenida en la entrada de la raqueta. Los recién liberados por la anhelada luz verde pasaban acelerando delante de ellos.

Se pueden sacar muchas cosas de este ejercicio de relajada observación. Se ve de forma muy diferente a cuando uno está al volante. A mi, la primera idea que vino a la cabeza es ¿por qué tanta prisa? Me da la sensación de la misma película pasada a fast forward. ¿Todo el mundo va tan acelerado cuando estoy conduciendo también? ¿Corro yo también?

Un desconocido interrumpió mi linea de pensamientos. Alargaba un folleto, mientras me explicaba que habían abierto un nuevo sitio de pistolas láser. No, gracias, demasiado violento. Me pregunté si alguna vez inaugurarían un local de besos láser… En fin, volvamos a la contemplación.

Al volver a clavar los ojos al asfalto, me sorprendí. Lo que unos segundos antes era un bullicioso revoltijo de ronroneantes motores, ahora parecía más un desértico remanso de paz. Apenas había un coche parado en el semáforo que volvía a estar rojo.

De repente, una furgoneta gris llegó de la gran avenida, entró a la raqueta y pasó delante mío. La seguí con la mirada, pues era prácticamente lo único que se movía en este nuevo universo de quietud. Lo único que demostraba que el tiempo no se había detenido. Pensé que el conductor había tenido suerte. Si hubiera pasado apenas un minuto y medio antes, se habría encontrado la intersección colapsada.

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Que raro que mi amigo no hubiera llegado ya. Decidí comprobar el móvil, por si había llegado algún mensaje sin que me diera cuenta. Siempre me pasa, odio el maldito aparato. Pero no, ninguna noticia. En fin, pensé que estaría al caer.

Al guardar el teléfono, comprobé que los semáforos habían cambiado de nuevo. Ahora había un enjambre de coches circulando furiosos por la gran avenida. Me asombre, ¡qué cambiante!

Recordé las palabras que mi profesor de autoescuela había pronunciado hace ya más de año y medio. El tráfico es un sistema dinámico, cambiante. El mismo punto es completamente diferente según cuando llegues, apenas con segundos de diferencia. Que gran verdad.

Por este motivo, recordé, siempre hay que estar alerta a todo lo que ocurre alrededor cuando estamos conduciendo. Lo que era cierto hace quince segundos, ya no puede serlo ahora. Debemos observar y revaluar constantemente.

Y esto cobra especial importancia cuando circulamos por lugares que nos son familiares. Sí, conocemos el asfalto, las intersecciones. Pero no conocemos los coches que pasarán por allí ese día a esa hora… ese segundo. Mientras los coches se muevan, las condiciones cambiarán continuamente. Para convencerse de ello, basta con sentarse y observar.

Pero basta ya de pensar en estas cosas. Por fin llegó mi amigo, y teníamos cosas más interesantes de las que hablar. ¿Viste el partido de ayer?

Fotos | Christian Haugen, midweekpost, J I G I S H A-a.k.a Nitin Badhwar