Ciclistas: cuando nosotros pedaleamos

Ciclista corriendo

Cada día se hace más necesario darle un respiro al planeta. Algunos parecen no ser conscientes de que ya no hay vuelta atrás, de que ya nos lo hemos cargado. Pero al menos, si nos marcamos ciertas pautas, podremos retrasar su destrucción.

La educación vial no sólo son consejos y exámenes, también engloba otras disciplinas como, por ejemplo, la movilidad sostenible. Caminar es sostenible y andar en bici también. Hace algunos meses emprendí una pequeña cruzada para dar a conocer alternativas que no contaminen tanto y ahora cierro el círculo, uniendo aquellos artículos con los que en este mes han visto la luz, referidos a la seguridad de quienes no circulan a bordo de vehículos motorizados: ciclistas y peatones.

Porque no sirve de nada proteger el planeta si luego por un fallo garrafal vamos a dejar de disfrutarlo. La mayoría de los accidentes que se producen sobre la bici son causados por los conductores, que o bien no miran por los espejos o bien se olvidan de los ángulos muertos. Sin embargo, la actitud del deportista o del ciudadano comprometido que va sobre las dos ruedas, es crucial para lograr que este tipo de siniestros desciendan. Vamos a ver algunas pautas, consejos y actitudes que nos van a garantizar una mayor seguridad en caso de que salgamos a la calle pedaleando.

Como vimos en la definición de peatones, el ciclista, siempre que circule pedaleando y no a pie empujando la bicicleta, se considera conductor. Por ello, ha de circular por el lado derecho ocupando el arcén si fuera transitable y, en caso contrario, podrá utilizar la parte imprescindible de la calzada.

Cuando necesite efectuar giros o comunicar alguna maniobra, tendrá que utilizar sus brazos, ya que pocas bicis actualmente tienen intermitentes. Además, debería llevar un pequeño espejo al menos en la parte izquierda del manillar o a lo sumo, girar la cabeza constantemente para cerciorarse del tráfico que le viene por detrás sin perder de vista el que viene de frente.

Mallot con intermitentes

En cuanto a complementos obligatorios que formen la uniformidad, el casco es el principal. Su uso es obligatorio siempre que la circulación se desarrolle en vías interurbanas, con la excepción de que, por razones médicas justificadas no será obligatorio; pero en tal caso habremos de portar un certificado médico que así lo explique. También se encuentran en el listado de excepciones las pendientes pronunciadas en las que el ciclista tendrá que hacer un mayor esfuerzo, por lo que se le permite no llevar casco a fin de evitar una pájara. Lo mismo se aplica en días especialmente calurosos.

Deberemos llevar siempre con nosotros el Documento Nacional de Identidad y una tarjeta de rescate, bien hecha por nosotros mismos, bien comprada en algún lugar. Se trata de una cartulina plastificada donde aparecen los datos más relevantes para las emergencias médicas: grupo sanguíneo, alergias, operaciones, familiares de contacto… e incluso podríamos especificar nuestras creencias, si las tenemos, a fin de que actúen de acuerdo a como marca el protocolo en dichos casos (no le harían una transferencia de urgencia a un Testigo de Jehová, por ejemplo).

Conviene llevar colores vivos siempre que sea posible. Esto es sencillo si nos uniformamos para practicar deporte, pero se queda un poco lejos si nos movemos para ir a trabajar. Habrá que buscar entonces un punto intermedio y en eso puede ayudarnos una pequeña riñonera donde portar una chaqueta ligera que sea reflectante o llamativa y por supuesto, el chaleco de seguridad que será obligatorio cuando pedaleemos en vías fuera de poblado entre la puesta y la salida del sol y en todas aquellas condiciones en las que el uso del alumbrado resulte obligatorio (túneles, lluvia intensa, niebla, …).

La bici no va a sufrir más si nos molestamos en añadirle luces y catadióptricos varios, aunque es preferible que la trasera sea parpadeante y automática, de forma que emita destellos cada tres o cinco segundos en color rojo. Por su parte, la delantera deberá ser fijar y lanzar un haz de luz suficiente para movernos con seguridad. Se recomienda que no sean luces de dínamo porque en el momento en que detengamos la marcha (en un cruce cumpliendo un STOP de noche) dejaremos de ver y de ser vistos, con los peligros que ello conlleva.

También hemos de ser conscientes de los peligros estáticos. Una hilera de coches aparcados en línea es sumamente peligrosa para un ciclista, especialmente si son conducidos por el irresponsable de turno que abre la puerta sin cerciorarse de que puede hacerlo y acabamos chocando contra ella. Las estadísticas revelan que los choques contra puertas que se abren inesperadamente ocupan aproximadamente un 10% los accidentes graves sufridos por ciclistas. Por ello, si vemos una hilera, deberemos separarnos un poco más de la cuenta, para evitar sustos. Y al mismo tiempo estará bien controlar el tráfico que nos viene por detrás, por si necesitásemos ocupar de golpe la mitad del carril.

Los ángulos muertos cuando pasamos entre coches son también peligrosísimos, por ello deberemos adelantar siempre por la izquiera, para evitar que si el coche gira de golpe hacia su derecha pueda arrollarnos. Hemos de ser respetuosos y cumplir con las normas, lo que requiere tener una buena posición en las rotondas, parar en los semáforos y señales verticales, ceder el paso a los peatones en los lugares para ello dispuestos y no sorprender al resto de usuarios.

Ciclista accidentado

Además, hemos de ser cívicos y no olvidar nunca que en la carretera no estamos solos. Esto cobra especial importancia cuando circulamos en grupo o en pareja y lo hacemos en una hilera doble, de forma que ocupamos más parte de la calzada de lo habitual. Hemos de entender que aunque estamos en nuestro derecho, ello conlleva incomodidades para los conductores de turismos o motocicletas que necesitan reducir su velocidad y que no siempre podrán adelantarlos. Dándoles facilidades para ello mejoraremos la convivencia con los demás. No cuesta mucho, una vez a sabiendas de que hemos sido vistos, romper la formación y circula en fila india, para facilitar las cosas.

Al final, son los propios ciclistas quienes deben concienciar con sus actos y comportamiento al resto de conductores, que por norma general, al estar menos expuestos al peligro, tienden a ser más egoístas y precipitados.

Para concluir conviene recordar que nos dejan andar sobre dos ruedas sin haber tenido que pasar ningún examen y tampoco nos han expedido ningún permiso. Por ello, si tenemos hijos jóvenes o personas que no dispongan de dicho permiso, hemos de informarles de las normas, enseñarles a cumplirlas y hacer que las respeten y entiendan, por su seguridad y por la del resto.