Ceder, o forzar

Algo que he visto esta mañana me ha incitado a recuperar el libro de la autoescuela y repasar el siguiente fragmento: «cuando se haya de ceder el paso a otro conductor, no se deberá iniciar o continuar la marcha o maniobra, ni reemprenderla, hasta haberse asegurado que con ello no se fuerza al que tiene la prioridad a modificar bruscamente su trayectoria y velocidad».

Vaya tostonazo, ¿no?. Pero a parte de eso, este fragmento nos recuerda algo de extrema importancia. Para aprovechar un hueco, no es suficiente con que nuestro vehículo quepa físicamente en él. Y es que muchas veces pensamos «bah, ya frenará», y con ello ahorramos unos preciosos segundos. Pero si no frena, lo que perderemos serán unos cuantos, no menos preciosos, dientes.

A lo mejor es verdad que las leyes provienen de algún organismo deshumanizado e inalcanzable cuyo único propósito es amargarnos la vida y llenarse los bolsillos con el contenido de los nuestros. Pero, por lo menos yo, llamadme insensato, a esta norma que acabo de citar le veo bastante lógica.

La circulación fluida y segura requiere, entre muchos otros, dos principios básicos. En primer lugar, que todo el mundo circule por su respectivo carril (por la derecha, excepto en poblado o para adelantar, claro). Esto es fundamental y obvio. Si no seguimos el trazado del carril, podemos cruzarnos en el camino de otro conductor, o estamparnos contra cualquier elemento ajeno al tráfico.

Pero con estar en el lugar correcto no es suficiente. También es necesario que los diversos vehículos se muevan a velocidades similares. Si dos vehículos se mueven a velocidades muy diferentes, y el lento está por delante, inevitablemente hay riesgo de alcance. Incluso si hay carriles extra para adelantar, si la disparidad de velocidades es demasiado exagerada puede que no dé tiempo suficiente a realizar la maniobra con la seguridad necesaria.

Ello es relevante porque, al salir de un ceda el paso o una detención obligatoria, nuestros automóviles no pueden igualar la velocidad de la circulación de forma instantánea. Es una cuestión física, al acelerar, el motor debe ejercer fuerza para vencer la inercia del vehículo (y su carga) que, tozuda ella, se empeña en oponerse a cualquier cambio en la velocidad.

Todo esto no es más que una forma extraña de decir que, al salir de parados, tardamos algo de tiempo en ponernos a la misma velocidad que el resto del tráfico. Y, durante ese tiempo, somos un vehículo lento, que circula a una velocidad muy diferente a la del resto. Lo cual, como hemos dicho antes, puede comportar problemas.

Es decir, para ceder el paso de la forma más segura posible, no sólo es necesario que haya espacio suficiente para salir y ponernos en medio del carril. Además, debe haber la distancia de seguridad suficiente que nos permita adquirir la velocidad adecuada antes de que el resto de usuarios se acerquen demasiado.

Por supuesto, esa distancia depende mucho del tipo de vehículo que estamos conduciendo. Sobre todo, de la relación potencia/masa. Si, por desgracia, nuestro vehículo no cuenta con una buena aceleración, deberemos esperar a tener huecos mayores.

Cuando hablamos de relación potencia/masa, estamos hablando de la masa total, incluyendo pasajeros y carga. Yo mismo, que apenas soy lo que los americanos llaman un sophormore (conductor de segundo año), lo noto en mi propio coche cuando llevo pasajeros.

Por supuesto, todo esto cobra aún más importancia si hablamos de vehículos de transporte. Puede haber una gran diferencia entre la respuesta del mismo en vacío, y cuando está a rebosar de mercancía. Ésto lo digo pensando en el camión de una conocida marca cervecera, de nombre astronómico, que esta mañana ha salido delante mío a paso de tortuga… supongo que se le olvidó que iba hasta arriba de líquido amarillo.

Ahora bien, tampoco nos pasemos al otro extremo. No es cuestión de esperar encontrar la carretera desértica para salir, ni tanto ni tan calvo. Fijaos que el libro dice que no debemos forzar a que los demás modifiquen su velocidad o trayectoria bruscamente. La palabra bruscamente es un matiz importante, viene a decir que si hacemos que modifiquen sus intenciones sólo ligeramente, pues tampoco pasa nada.

Ahora bien, ¿cuál es el límite entre lo que es brusco y lo que no lo es? Pues hombre, no lo sé. En eso (como en cualquier otra cosa), tú opinión vale tanto como la mía. Yo, personalmente, lo analizo poniéndome en el lugar del otro.

Cuando soy yo el que va circulando tranquilamente, y por delante de mi sale alguien sobre quien tengo prioridad, si al hacerlo no me obliga a hacer uso del freno, no me importa. Acepto dejar de acelerar para darle tiempo de recuperar velocidad.

Ahora bien, si me veo obligado a pisar el freno para no acercarme demasiado a mi nuevo compañero de carril, entonces empiezo a sentir que no se ha respetado mi prioridad de paso. Significa que ha supuesto que ya frenaré… y pasarme a mi la responsabilidad que no ha sabido cumplir, me parece un poco brusco.

Fotos | Wikipedia, Fotografía Barcelona, Daquella manera

  • En este articulo debería de mencionarse la señal que indica, a los que circulan, que hay una incorporación. Esta señal es clave ya que les advierte de que pueden hacerlo lentamente.
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